CONSTRUCTORES DE REPÚBLICAS 2013


Desde que este blog se puso en funcionamiento en 2007 y no por mérito del mismo, sino de la ciudadanía inteligente y harta de tanta represión social y económica, son muchos los republicanos que por fin salieron del armario, miles sus banderas tricolores ondeando allí donde la injusticia campa. Este republicanismo enarbola la ruptura democrática, la libertad, la justicia social, la laicidad, la educación y la sanidad pública, gratuita y de calidad, los derechos humanos y también, debería, el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Porque la solidaridad se construye desde la comprensión mutua y la lucha conjunta contra el enemigo común.

domingo, 23 de abril de 2017

EN RESPUESTA AL ARTÍCULO EN EL PAÍS SEMANAL DEL SEÑOR JAVIER CERCAS Y OTROS.



Usted señor Cercas está en el "sí, pero..."  no hay peor defecto que la indefinición, el nadar y guardar la ropa para seguir siendo superventas a costa de lo que usted llama memoria, justo haciendo lo que tanto critica. Se llena sus bolsillos mientras tacha de negociantes a quienes desde el rigor y el sacrificio personal publican sin recompensa económica y sin los canales de apoyo que a usted le mecen. 

En su artículo hay una profunda maldad o una gran ignorancia, o ambas, ahora nos sale con el tándem lo político y lo moral para lavarse las manos en busca de justificación para sus libros, tanto Soldados de Salamina como El monarca de las sombras, donde usted enseña el plumero de Falange. O sea, la República es políticamente aceptable pero no moralmente, los golpistas no eran políticamente aceptables pero sí moralmente, porque según usted en 1936 todo el personal estaba harto de la República y por tanto era susceptible de ser derrocada. Sí, pero…. Lo que más asombra de sus disertaciones es que la República para usted surge de la nada, que la plantea como una democracia fuera de contexto histórico, que pretende equipararla con la actual, que por cierto está tan mal, que según sus pérfidas tesis, moralmente podríamos tomar el palacio de invierno mañana mismo. Es un planteamiento muy maniqueo y primario el suyo. Los guardianes de la transición, progres de escaparate, involucionistas transicionales en la intimidad, le habrán aplaudido mucho su brillante salida para justificar tanta traición a los que han robado las siglas y fueron despedidos de esta vida con el puño en alto y un tiro de gracia fascista. 

Los que no tenemos tíos que voluntariamente fueron a asesinar la democracia, los que los tienen y lo admiten desde la crítica, no entendemos a los que buscan justificación para lo injustificable y cuelgan los retratos de sus familiares fascistas en sitios prominentes. Podría usted haber hecho bandera de los que en su pueblo fueron asesinados por gente como su tío y tener presente sus caras a la hora de teclear ante su folio patrocinado. En su guerra de modas, no de ideas, ni de realidades, acaba banalizando aquello por lo que tanta gente murió, porque mientras un pueblo alienado secularmente tejía sueños, sus amos maquinaban como destrozarlos a sangre y fuego. Esto es aplicable a sus amigos guardaespaldas que buscan justificarle con argumentos tan peregrinos como que usted tenía que escribir su libro para explicarle a su madre quien era su tío, lo de publicarlo, publicitarlo y venderlo es simplemente una anécdota que le da de comer. Los que creen en pasar página gratis para avanzar niegan la verdad, la justicia y la reparación, niegan los derechos humanos a las víctimas antifascistas, que se fueron de este mundo para inmolarse, como en un día de la marmota eterno,  por la reconciliación nacional de la sacrosanta transición, que les escupe a la cara. El mínimo consenso señor Cercas tendría que estar en la abolición del legado omnipresente de la dictadura, que es justo lo que pretende proteger en este folleto de propaganda.

Y deje usted de autoproclamarse ateo y anticlerical si nos sigue saliendo otra vez con monjas y curas y asesinos despiadados, obviando que la mayoría de los que pasearon al clero fueron fusilados, mientras que a los asesinos fascistas, que mataron desde campesinos a presidentes, fueron premiados con cargos y carguillos, siendo sus muertos loados en las paredes de la santa madre iglesia.

Si piensa que con eso puede seguir vendiendo su libro con la conciencia tranquila, mancillando tantas memorias, es que es muy cínico. Moralmente pérfido.

Los activistas de la memoria se toman estas cosas muy mal porque con su mensaje reduccionista viene a convencer a mucha gente que cae en la trampa por falta de conocimiento de la historia de este país. Y a nosotros nos cuesta mucho esfuerzo hacer memoria pedagógica en el campo de los derechos humanos, no folklórica-festiva-floral-fotogénica, que es la que trabaja el homenaje como tributo al pasado no como derecho a la verdad, la justicia y la reparación por un futuro sin lastres de dictaduras, sin coronas, de ruptura democrática, laico y de justicia social.

Y por cierto ya que usted está a favor de que quiten el nombre que su tío da a una calle de su pueblo, pídaselo al consistorio de Ibahernando, sería un gesto que le honraría y que en su lugar pongan el nombre de Sara, fusilada por los fascistas, para equilibrar la balanza. 

Y un consejo, cuando responda en entrevistas o diserte en los medios, cuando critique a personas solventes, trabajadoras, especializadas y comprometidas con la verdad, demuestre usted un mejor dominio del lenguaje, sea más preciso y elegante, no vaya a ser que sus lectores piensen al final que usted escribe en negro.

Y por último, para los que sean de dedo fácil, a mi me da igual que el señor Cercas escriba un libro sobre su familiar falangista, lo que me molesta es que lo encuadre en el concepto Memoria y que intente buscar justificaciones para acallar sus contradicciones morales. El concepto malparido de Memoria Histórica nació para defender los derechos robados de las víctimas del franquismo y la transición, que PSOE y acólitos lo siga pervirtiendo en la grosera equiparación, es un nuevo expolio en el suma y sigue de la ignominia del amén a lo atado y bien atado. 


Y este 23 de abril, Dia del llibre, le deseo que no tenga usted mucho trabajo.

Nota: Ayer falleció un camarada de su tío, el señor Utrera Molina, que fue despedido en Nerja con los camisas azules cantándole el Cara al sol. Lo triste es que se fue sin pagar su factura para con las víctimas del franquismo porque el bipartidismo le protegió hasta el fin de sus privilegiados días. Y lo despreciable es que este alto cargo de la dictadura asesina, que se reafirmaba en su condición de franquista, pueda marcharse al son de himnos fascistas en espacios públicos. ¿Eso que es? pues yo diría que políticamente debería estar prohibido y moralmente es deleznable.

Ver vídeo:

martes, 4 de abril de 2017

LA INCIERTA GLORIA DE LA ESPAÑA ACONFESIONALMENTE CATÓLICA



Me he estado leyendo un libro unas semanas atrás, más de 600 páginas de literatura al servicio de la burguesía católica catalana acomodada en el franquismo y hegemónica en transición. Propaganda disfrazada de filosofía sobre la guerra y la humanidad, que el autor no ha escatimado en verter por boca de casi todos sus personajes principales. Me reconozco a pesar de mi hernia de hiato un gran estómago por haberme acabado esta novela de juventud eterna y haber sobrevivido psicológicamente al ejercicio. Este texto pro-católico recubierto de aura de gran obra pacifista y humanista es una máquina de desprecio ideológico y de clase sobre quienes defendieron la República pero no pertenecían a las élites económicas y culturales. Un desprecio que se convierte en odio cuando se trata de retratar el anarquismo como un grupo degenerado de asesinos implacables en una retaguardia decadente y obscena que asesinaba curas por deporte. De menosprecio a los sin fe en dios. Y machista en el retrato de la mujer. Y para los que estén tentados de llamarme integrista porque piensen que opino que solo deben publicarse los libros que estén en sintonía con mis ideas que frenen en seco. Yo no critico el derecho del señor Joan Sales a escribir su visión de toda una época explicando la feria según le va, lo que me parece indecente es que desde el progresismo se venda esta novela como un referente de la literatura de la guerra civil y el franquismo. No es verdad histórica un relato subjetivo, una creación desde la trinchera del privilegio, la que se creía demócrata, catalana regionalista, católica y antifranquista, pero de derechas, que vivía muy lejos de los cinturones rojos de las ciudades industriales y temía a esa gente venida de todas partes como peligrosos míseros analfabetos o rojos inadaptados. Y que frenen también en seco los que vean en esta crítica argumentos para atacar el Procés, porque seguro que derrapan y caen en tierra integrista unionista, allí no me encontrarán jamás, siempre huyo de los nacionalismos. 

Uno de los valores que atribuyen a esta novela es el papel de la carlana, una sirvienta desde niña de la que abusó su padre, que pare los hijos de un hacendado a cuya familia sirve y al que no quiere y que es asesinado oportunamente por los rojos, utilizando a los republicanos, con sus encantos de mujer inaccesible para obtener una documentación falsa de matrimonio.  Solo le interesa la hacienda y el poder que representa y para ello se convierte en cacique del Régimen. Así la mujer fuerte es la que se endurece y solo piensa en el patrimonio propio que legar a sus hijos, que se perpetuarán con el título de Señor. Es un estereotipo que navega entre la admiración y el desprecio del autor en su guerra interna entre la contradicción católica del dinero es sucio pero es nuestro carné de clase, para eso inventó el catolicismo el mercado de bulas y el perdón de todos los pecados, para blindar su impunidad. Como contrapartida a la bautizada como “mujer araña” presenta a una cándida Trini, hija y hermana de anarquistas, enamorada y pareja del protagonista macho alfa, el conquistador, el que acabará siendo un triunfador social donante a la Iglesia. Una mujer que al endurecerse las condiciones en la retaguardia, al sentir el hambre y ver como asesinan a los hombres de dios decide convertirse fervorosamente al catolicismo influenciada por otro de los personajes, el loco que se supone dice la verdad como los niños, el filósofo a quien todos quieren y detestan, el que se cambia al bando franquista por inconformista, porque todos son malos y buenos. Trini se bautiza en la clandestinidad, aunque no está casada con el padre de su hijo por aquello del amor libre que le había parecido estupendo hasta empezar la guerra. Ella es la buena, instruida, profesora de universidad, con servicio, con unos modos refinados a la que se le puede perdonar sus orígenes porque a través del bautismo y su comunión con la oligarquía puede acceder al título de “uno de nuestros”. Así la fervorosa Trini va buscando a esos únicos héroes, los curas que deciden no huir de la Barcelona gobernada por los sanguinarios anarquistas arriesgando sus vidas a mayor gloria de dios dando misas clandestinas en las casas de la nobleza. Una nobleza que dibuja con esa dualidad de la burguesía, amor-odio, el dinero burgués y los títulos nobiliarios de los que nunca trabajaron para vivir, matrimonios para blanquear orígenes. Y acabada la guerra, ya en el exilio, adinerada consorte de burgués industrial, es retratada como una mujer piadosa, casada con su compañero infiel, un marido que le pone los cuernos públicamente pero que ella madre abnegada de familia numerosa ignora como buena católica de misa diaria. Entonces se convierte en la mujer más bella, el patito feo anarquista se revela todo un albo señor cisne.

En la guerra de Sales no hay ideas, ni ideales. Sitúa la novela en un frente sin muchas novedades, describiendo exclusivamente el mundo de los oficiales, los privilegiados, los funcionarios, los que a través de los estudios pudieron saltar de posición por matrimonio, dados al alcohol para sobrellevar sus vidas. Pero lo peor es la retaguardia de la Barcelona de Sales regada con la sangre santa. Se ríe de los carteles de guerra que él pone en manos de un solo personaje, el hermano de Trini, anarquista sin corazón, ni ideal, el pistolero, el resentido de clase que solo anhela el poder, el cobarde que no va al frente, el que cambia de chaqueta llegada la hora y medra como persona sin valores adorador del becerro de oro. Se olvida Sales de describir el papel de la Iglesia en la conjuración contra la República, en su papel en el golpe de estado, en su poder histórico siempre al lado del opresor con el fuego de la Inquisición al servicio del poder del que formaba parte como ADN. Describe una Barcelona sórdida, sucia, de delaciones, prostitución, robo, hambre, corrupción y asesinato, de obreros que colectivizan pero que son tan inútiles que tienen que llamar a los patronos para que no se hundan las fábricas. Los únicos mártires de la retaguardia los curas. Unos barceloneses a los que la República le importaba bien poco. De hecho el propio autor que luchó en las trincheras republicanas llegando a Comandante prefirió irse al frente para no ver el desgobierno de la retaguardia. Y este dato es muy importante porque es el que ofrece la actual posición de autoridad moral de aquellos que han contribuido a una visión revisionista de la historia desde la posición de luchador antifranquista en su momento, aunque al tiempo conviviera perfectamente con la dictadura desde una situación de privilegio económico e intelectual. Un Joan Sales hijo de buena familia, que pasó muy brevemente por el partido comunista a finales de los años 20 y que acabó militando después de su regreso del exilio en 1948 en Unió Democràtica de Catalunya, a la que sus católicos miembros habrán cantado un réquiem recientemente por haber liquidado por España sus 85 años de historia. 

La constante de esta novela de personajes masculinos atormentados, todos huérfanos criados por sus tíos, dos de ellos por tías excéntricas, ricas y beatas es la coartada del autor para escribir esta novela y expresar sus pensamientos a través de sus monólogos y enseñarnos así su propio laberinto de contradicciones que convergen en una sola cosa verdadera y palpable: Dios.  Retrata la Iglesia catalana de los 60 como antifranquista pero desde la visión de los curas con sotanas no de los curas modernos que vivían con los recién venidos y les acompañaban o guiaban en sus reivindicaciones como pastores de rebaño viviendo la experiencia del Jesucristo que surgía de las teologías de la liberación. Uno de sus personajes, el cura que durante unas semanas colgó los hábitos, un hombre perdido que también luchó por la República por inercia, durante el franquismo seguía sintiendo miedo de los anarquistas que aún ansiaban beberse la sangre del clero como ilustra el autor cuando lo pasea por el extrarradio y siente terror cuando un obrero le hace la señal de cortarle el cuello.

Y así llegamos a la Incerta glòria convertida en película, de la que no voy a hablar porque no la he visto, pero sí he querido hablar de la novela de Joan Sales en la que se basa,  porque cuando promocionan el film lo hacen conjuntamente con el libro llevando de gira a la nieta del autor, que ahora dirige la que fuera su editorial y que da titulares como “Incierta gloria es una novela sobre la inconsistencia de la verdad”, tengo que admitir que en el caso de las verdades del libro de su abuelo es cierto. Maria Bohigas se vanagloria de lo bien que conecta la novela con el público joven, con periodistas e intelectuales y eso me pone los pelos de punta porque cuando te duele la lengua de explicar el pasado olvidado y revisado con los escasos medios a nuestro alcance te viene un boom publicitario de este calibre y sientes como aplastan la labor de los que trabajan por la verdad, la justicia y la reparación. Algunos militantes ciegos de la reconciliación pagada con claudicación ven nuestra pedagogía democrática como doctrina y propaganda. La nieta de Sales concluye diciendo que en Catalunya la única manera de renovar una lectura es que la obra pase por el cine y el teatro, y en eso tiene razón, ese ha sido mi caso, siento ser tan previsible. Algo de verdad hay en mi exposición cuando esta señora intenta justificar que esta novela no es católica sino cristiana, aunque no veo nada de cristiano en las descripciones que hace el autor de los no creyentes, los describe como gente sin el don de la imaginación, plana, sin vida interior, sin pensamientos nobles, ni moral elevada, primarios, un insulto a las y los ateos.

En el prólogo te venden como un éxito que la novela se editara durante la dictadura con la ayuda del obispado de Barcelona y comprendes que el franquismo es puro nacionalcatolicismo, mostrando el inmenso poder de la Iglesia, desde los curas delatores de pueblo a la secta Opus en la cúpula de poder a partir de los 60. Los pecados del redil católico pueden ser perdonados, así seguramente para personajes como Sales fue más sencillo sobrevivir a pesar de su pasado republicano, pues para él rogar a dios sin soltar el mazo y pasar por la historia sin mácula alguna, en zona de privilegio, fue posible.

Esta novela traducida a más de veinte idiomas ofrece una visión al mundo de la guerra civil española y la dictadura completamente sesgado y confuso vaciando la lucha contra el fascismo y la libertad de la República de contenido. Revestida de un aura de obra de referencia es un panegírico del catolicismo donde personajes que intentan no naufragar en sus propias tormentas existenciales, que viven la culpa como losa judeocristiana zozobran en sus pensamientos, menos los pragmáticos, supervivientes aferrados a los negocios terrenales pero en territorio católico.

No hacemos más que volver una vez y otra a las recurrentes perversiones de la insistente memoria de los convencidos de la reconciliación franquista sobre los vencidos. Sin parecerlo a priori desde ciertos sectores progres se deslegitima la lucha antifascista de los defensores de la República convirtiendo el compromiso y las ideas de los que en todos los frentes plantaron cara al fascismo en obligación o en un dejarse llevar, dando a entender que los alistamientos fueron forzosos y los bandos alimentados por cuestiones geográficas. Nos vienen a borrar la verdad los que dicen ser antifranquistas pero que desde sus posiciones dan legitimidad al atado y bien atado disfrazándolo de único futuro democrático. Son los acomodados en los lodos del olvido de la transición por intereses de poder, económicos y religiosos que siguen imponiendo la impunidad.

Y después de todo esto yo me pregunto si no hay ninguna novela épica o no se puede escribir un guión al modo de las grandes producciones de Hollywood sobre la Segunda Guerra Mundial donde los defensores de la República sean personajes heroicos entregados totalmente a la causa, sin dobleces, sin buscarles aquella zona oscura para que no se nos acuse de sublimar nuestra verdad, ese pecado que nos inculcó el catolicismo por el que siempre tenemos que seguir poniendo las dos mejillas. Estaría bien poder hacerlo más que nada para equilibrar la balanza porque lo inaudito es retratar una y otra vez la equiparación de bandos, la no implicación ideológica del bando republicano y sus luchas internas, el obviar la gente que se fue al frente voluntariamente a luchar por la libertad, no porque la República les obligara sino para defender su legalidad contra el fascismo. Una gran película sin vis cómica, sin simulaciones de musical, donde Brigadistas Internacionales y milician@s mostraran su compromiso y esa solidaridad universal. Porque estamos hartos de tener que explicar los asesinatos de curas y monjas, las traiciones y deserciones en las filas republicanas, las divisiones de la izquierda todo ello sin contextualizar, generalizando y en detrimento de la República. 

Estoy harta de transiciones al punto de partida con las que intentan volver a convencernos a través de operaciones de maquillaje de titulares, fotos y leyes sin valor real de que esta vez es diferente. Y mientras tanto sigue en pie la impunidad, no se ha roto con la dictadura, sus leyes y su herencia, solo se sigue la línea trazada de la reconciliación por capitulación capitaneada por coronas católicas donde la República no tiene cabida. Y si no estás de acuerdo desde el poder mediático e institucional te llaman rencoroso, tienen la desvergüenza de bautizar como rencorosos a los que han tenido que tragar tanto agravio comparativo y el odio de los vencedores, que sigue inoculado en sus vástagos a pesar de su eterna victoria. 

Y de aquí a cuatro días saldrán las procesiones y los nietos de los que fueron fusilados acusados por la Iglesia harán de costaleros, pasearán a vírgenes con fajines fascistas y llorarán amargamente si llueve las lágrimas que no derramaron por sus abuelos por desconocimiento. Porque la cúpula del socialismo cobarde o complaciente y folklórico de ayer y hoy se sigue quemando las manos con el cirio del Concordato, del todo gratis para la Iglesia en un congraciarse con lo peor del continuismo nacionalcatólico, manteniendo cegados por las luces de romerías y fiestas de santos de pandereta a un pueblo al que hicieron adicto a la devoción de los espectáculos católicos. De los comas etílicos a las violaciones del Rocío, eso sí que es ir de lo obsceno a lo macabro, como no se hartaba de repetir uno de los personajes de “Incerta glòria”, pero no pasa nada porque para eso siempre hay un ego te absolvo.


Y de nuevo este abril no será protagonista por celebrarse otro aniversario de la república asesinada entre otros por la Iglesia y de sus hijas e hijos muertos por el fascismo, volverá a ser portada por semanas santas y celebraciones católicas que mostraran a un pueblo fervoroso hasta el fanatismo, donde ateos y críticos tendrán que desaparecer en las catacumbas del librepensamiento si no quieren ser acusados de delito de odio religioso. 

domingo, 19 de febrero de 2017

EL FASCISMO FUE UNA MODA: JAVIER Y LAS CERCAS DEL PESEBRE





Este escritor de la anti-memoria histórica por la gracia de Prisa viene a poner la guinda a su serie de despropósitos en forma de libro con su última novela a gloria de su tío abuelo falangista. Cercas sale por fin del armario y cuelga la foto de su tío, alférez provisional, en su despacho de Barcelona.

Cercas, ese ícono de los socialistas de padres y abuelos de falange, que es puesto en los altares de la Transición como ejemplo del progreso democrático, hijo de la reconciliación “nacional”, como el ejército que nos trajo la constitución monárquica. Ese ejemplo a seguir con su pluma servicial y sus locuciones radiofónicas propias de cura en púlpito. Predicador del olvido que besa el constitucionalismo del atado y bien atado, biblia de la España de la impunidad, que le permite medrar sin parecer sospechoso a ojos del público incauto. Es pues Cercas mucho más dañino para la verdad, la justicia y la reparación que Pío Moa o César Vidal, porque es el hijo bueno y modosito que practica la transversalidad escorada a la derecha disfrazada del sentido común del centrismo progre. La cara políticamente correcta de su compañero de viaje en esto de darnos lecciones de historia a los republicanos rojos, que seguimos defendiendo un período histórico, primera piedra de la emancipación abortada por los fusiles de los golpistas. Cara A Cercas, cara B Pérez-Reverte.

Tiene Cercas en Ibahernando, provincia de Cáceres y pueblo de su familia, dos picas en Flandes. Una la Casa de Cultura bautizada con su nombre y otra la calle a nombre de su tío, que el alcalde socialista de la localidad no se ha atrevido a suprimir incumpliendo la Ley de la Memoria. Esa ley que su grupo político nos regaló como bote de veneno para matar la lucha por los derechos humanos para las víctimas del franquismo. Un alcalde a veces muy sobrio.

Esta mañana Cercas declaraba desde los púlpitos de su casa La Ser, que el fascismo fue una moda de los años 30. Así su tío en vez de apuntarse a un club de lectura se apuntó a Falange porque molaba levantar el brazo y llevar la camisa azul, el fondo es irrelevante. En los últimos tiempos estamos asistiendo a un peligroso movimiento muy sútil dirigido y programado, que desde posiciones no sospechosas, va sembrando la semilla de las malas hierbas que tanto nos han costado arrancar. Vuelve como un boomerang aquello de que la guerra apareció de la nada y que los que se enfrentaron no tenían ideología o que de tenerla era un hecho anécdotico, equiparando fascismo y antifascismo pues cada uno defendía legitímamente lo suyo. Igualar los frentes, volver a lo de la lucha entre hermanos, a lo de las dos Españas que eligieron reconciliarse. El que un tanto por ciento abrumador de la España leal y legal, la antifascista, fuera aniquilada, asesinada, exiliada, es una anécdota y sacarla a colación es de rencorosos. Según ellos no hubo claudicación solo fiesta de la democracia.

Lo más triste es que Cercas, que siempre nos está dando clases de futuro denostando a los que supuestamente viven de la Memoria, no vea la viga en su propio ojo, porque su vida como escritor ha sido parasitaria de este concepto, que ha contribuido a devaluar con el mantra: hay que pasar página. Para mí esta novela no es catalogable como memoria histórica aunque se empeñe la maquinaria publicitaria a sus pies. Se trata de un panegírico a la gloria de su familiar de falange muerto en el frente del Ebro a los 19 años, como miles de republicanos que no eligieron morir en una guerra hija del golpismo. Se trata de la novela que no se atrevió a escribir cuando irrumpió con su inefable Soldados de Salamina en nuestras vidas de la mano del bueno de Sánchez Mazas. Ahora un Cercas desinhibido ya no se siente abochornado por su familia franquista, porque como él relata ya no es joven, está casado y tiene un hijo, a la vejez falange. Quizá yo no pueda comprenderle porque no he tenido fascistas en mi árbol genealógico.

A mí no me importa que Cercas escriba sobre el héroe de su familia materna, desde sus ínfulas burguesas caciquiles, desde las que define a su madre como patricia (sic) de su pueblo, que pierde su estatus al emigrar a Girona en 1966, cuya estación describe entonces como leprosa y aldeana. Explica que su tío fue condecorado por Franco, ilustrándonos sobre que la medalla que recibió es la equivalente al corazón púrpura estadounidense, sin comentarios. Relata que se deshicieron de la documentación del tito falangista dejando a la libre interpretación el motivo, como si hubiera sido fruto de la obligación como tantos antifascistas que les iba la vida en la ocultación de sus papeles. No creo que el franquismo después de ponerle una calle al tío abuelo como héroe de guerra les persiguiera. O tuvieron miedo de la libertad o mala conciencia. Lo que sí me importa de este “monarca de las sombras” de Cercas es que ha abierto la veda a presumir de aquellos fantasmas de las familias, que rompieron el carnet de falange para hacerse el del PSOE como un triunfo de la normalidad democrática. 

Mientras tanto sigue la terrible vara de medir con la que nos golpean a diario, donde los espectros de curas y monjas y de muertos en Paracuellos sobrevuelan sobre los cientos de miles de antifascistas represaliados y sus familias con su dedo acusador. Dedo que nos colocan en los labios para silenciarnos y quitarnos la legitimidad los mismos que durante 80 años honraron a los suyos en las calles y las paredes de las iglesias, mientras otros siguen buscando por las cunetas del estado español los restos de sus familiares caidos no por dios y su patria, sino por la libertad. Unos muertos bendecidos, sepultados y arrojadizos contra muertos mudos y desheredados sin derecho ni a la tierra que les cubre.


Señor Cercas, el fascismo “fue una moda mortal” que causó decenas de millones de muertos en Europa y que como todas las modas vuelve una y otra vez. Espero que no se cruce nunca en su camino porque este sí que es rencoroso y no le perdonará sus artículos en El País, porque en su inherente ignorancia no sabe que hace mucho y mucho tiempo que dejó de ser un diario progresista.


Algunos extractos del libro para los que puedan llegar hasta el final.

viernes, 22 de mayo de 2015

QUÉ NO VOTAR, ESA ES LA CUESTIÓN



En esta campaña he visto cosas que por sabidas parecen increíbles. He comprobado que la semilla del franquismo sigue dando frutos fuertes y maliciosos arropados por hojas ignorantes que les siguen protegiendo de la lluvia de protestas más que justificadas, frenando con su integridad incluso el peor de los granizos: el de piedra de la pobreza fruto del expolio de los mismos de siempre. Quizá me equivoque y el vuelco inevitable al que llama la lógica de la decencia y la dignidad por fin se produzca, pero seguro que no con la contundencia para talar de una vez ese árbol de raíces corruptas que se alimenta de nuestro sudor y nuestra sangre. Por su tronco se pasean todo tipo de parásitos esclavistas vestidos de miseria moral. Y al llegar las elecciones sus hojas caen en forma de voto egoísta, indecente, ultracatólico, fanático, neoliberal, insostenible, defraudador, coercitivo, castrante… llenando la urnas de la impotencia de quienes no tiran la toalla y de la desidia de los desencantados o ignorantes.

Siempre he llamado desde estas páginas electrónicas a votar, más allá de que nuestro voto no sea el que traiga los cambios que tanto anhelamos. En tiempos de tanta urgencia, que nos interpelan a hacer el sueño imposible posible porque de ello depende nuestra supervivencia física y psicológica, votar es un compromiso ineludible. Sin libertades y derechos no hay democracia, una obviedad invisible para muchos. Lo que hay es un intercambio entre los que lo detentan todo, sentados sobre nuestros cuerpos encadenados a los grilletes del capitalismo feroz que se comió las capuchas rojas.

Yo no puedo decir a quien debe votar cada uno, lo que si puedo aconsejar es que en la inútil jornada de reflexión que el bipartidismo se pasa por el forro desde hace muchos años, sirva para llamarnos a capítulo como sujetos con responsabilidad social no delegable, para compartir ideas y extraer conclusiones, quizá, por desgracia, no tanto basadas en lo que queremos sino en lo que no queremos bajo ningún concepto.

Hay una diferencia en este mayo, a pesar del bajo perfil de la campaña para esta consulta, que se han empeñado en resumir en vídeos musicales, algunos que no quisiera volver a ver para no morir de vergüenza ajena. A Madrid con la esperpéntica Esperanza, a Barcelona con unos ataques infames a Ada, que dejan en anécdota los padecidos por Manuela, gravísimos también, por venir de más de una formación. A la corrupción en comunidades como la madrileña o la valenciana, que ha pasado a ser una melodía de base que ya no se percibe como indignación en la calle, me he encontrado con casos en que se toman las grabaciones de Rus como un capítulo más del Club de la Comedia. Ya casi no escandaliza la postura del PP catalán con una campaña tan xenófoba que cuesta distinguir su publicidad de la de Plataforma x Catalunya, que ha elegido los colores del III Reich para sus carteles, una indecencia que no sonroja a aquellos que un día llegaron desde tantos destinos con su maleta en busca del pan que le negaba el cacique de su pueblo. La diferencia en este mayo es evidente, es la oportunidad de descabalgar al bipartidismo, un jinete que sigue destrozando nuestro futuro con las herraduras de sus cascos, forjadas en el yunque de la transición junto a las puntas de las flechas de la corrupción, la traición y el continuismo de lo que ató el franquismo.

Echar a los guardaespaldas de los lastres que nos condenan a seguir por la senda de unos pactos firmados sobre las espaldas de nuestros muertos, es hoy más posible que nunca.  Nosotros no podemos vivir anclados a ese pasado llamado 78 al que ellos se aferran porque es el origen de nuestro problema. Y mientras ellos nos dicen que olvidemos la historia que escribió los mayores avances que haya vivido el pueblo, nosotros ni queremos, ni  debemos olvidar las luchas de quienes nos han hecho seres humanos dignos de ese título. Los bipartidistas están atados a su Ley de Amnistía, a su Constitución, a su monarquía, a su estado sin separación de poderes insultando permanentemente a quienes ya no tragan con su cuento. Nosotros estamos enredados en la construcción de un futuro donde la palabra democracia tenga un sentido pleno, donde los derechos humanos sean una garantía y la justicia social vuelva a llenarse de contenido, porque son dos palabras que engloban un mundo donde valdrá la pena vivir. 

Por eso ir a votar en contra de un partido bisagra que no tiene nada de nuevo pues bebe en las fuentes de José Antonio y tiene unos cuantos años de existencia en Catalunya, donde su única razón de ser ha sido el anticatalanismo furibundo sin ningún otro argumento, es voto digno y útil. Votar contra el bipartidismo de los que defienden modelos agotados desde diferentes perspectivas, salpicados ambos en mayor o menor medida por la corrupción y el clientelismo,  es un voto útil y digno. Votar contra el neoliberalismo, el racismo, la xenofobia, la homofobia, el machismo, el ultracatolicismo es un deber inaplazable.


La ilusión y el corazón es imprescindible para luchar contra el desaliento y el cieno en el que se revuelcan gozosos los que detentan el poder. No se trata de ser ilusos o dejarnos arrastrar solo por las emociones, sino de que las personas que todavía creen que se pueden cambiar las cosas transmitan esa energía positiva a quienes se instalaron en la abstención no por militancia, que es muy respetable, sino por desaliento. Un sprint en el que todas y todos debemos participar. La meta es una sanidad y educación pública, gratuita y de calidad, son nuestros derechos y libertades, una justicia sin privatizar e independiente, porque estas no son unas municipales cualquiera son la avanzadilla de una victoria a la que no podemos renunciar.

domingo, 12 de abril de 2015

CABREO GENERACIONAL



Me hallaba en el Memorial Democràtic en una mesa redonda bajo el título las vigencias de las leyes de amnistía punto y final en la Guerra Civil y la dictadura franquista, dispuesta, que no predispuesta, a vivir una tarde de indignación. Me acerqué al acto con cierta curiosidad debido a la proximidad de las campañas electorales para ver los posicionamientos políticos de las diferentes fuerzas presentes, todas alimentadas por nuestros bolsillos. Un acto poco común dentro de un marco institucional, pues no es fácil poner sobre la mesa una ley que casi nadie quiere diseccionar, sobre todo sus artífices y/o benefactores por si les salpica la sangre, que aun no se ha secado como sostienen ellos.

La mesa quedó eclipsada por la señora Meritxell Batet del PSC que provocó que los presentes que no tenían el disgusto de conocerla acudieran a sus móviles a buscar la filiación de tal diputada, pues pensaron que en un acto de valentía alguien de Ciutadans o del PP había tenido el coraje para sentarse ante el micro y aun más, ante un público atónito tras el discurso de semejante anomalía política. Hago un inciso para decirle a los miembros del PP que no tienen de que preocuparse pues estuvieron muy bien representados por su compañera consorte. Esta política del PSC es quien tiene el mandato de Pedro Sánchez de encargarse de coordinar el programa electoral de los nacionales, perdón quería decir las, en 2015, con estos mimbres puede ser que la  memoria histórica no tenga ni una línea y si la tiene será en contra de la verdad, la justicia y la reparación y a favor del revisionismo de la transición. Al final si tal como rumorean los mentideros de la derecha su marido se encarga del programa del PP nunca tendrá más sentido aquello de que  todo queda en casa. Pues bien, Batet se mantuvo como esfinge egipcia, sin mostrar ninguna empatía con el público presente, haciendo su discurso, gustándose en su discurso, robando tiempo a sus compañeros de mesa con su discurso, dejando sin espacio a la jurista experta en derecho internacional, que fue la más interesante de las intervenciones, sin duda alguna. Esta mal llamada socialista al más puro estilo Lucena, recuerden lo de la estática y la dinámica, nada estético, acaparó toda la atención de las intervenciones de los asistentes como público en la sala,  pues todos caímos en su provocación, incluida servidora, que no tenía intención de hacerlo, pero es que la indignación es débil.

La señora Batet se despachó a su gusto ensalzando la gloriosa ley de amnistía del 77, que para ella todavía no está suficientemente bien ponderada y que debe ser aupada a altares mayores. Empezó con la consabida muletilla de esta es una ley promulgada por los partidos de izquierda siendo una victoria de los antifranquistas y que los más ilusionados por su nacimiento fueron los socialistas, debería haber dicho el nuevo aparato del PSOE subvencionado por americanos y alemanes. Siguió con una frase demoledora llamándonos tontos a la cara: “no hay que convertir en derrota lo que fue una victoria”. Para echarnos al rostro nuestro descontento nos ilustró con la existencia de hemerotecas donde, según ella, queda demostrada que la aceptación de la ley fue clamorosa y un estallido de júbilo por doquier. Se envalentonó tanto que no pudo evitar decirnos que en Sevilla se coreaba, llibertat, amnistia, estatut d’autonomia, en catalán oiga, pues eso, que se le dio a la gente lo que pedía tan políglotamente.

Nos sacó el CIS como tablas de la ley llevándoselo a su terreno, qué raro que se cocinen las estadísticas a favor de fogón, diciéndonos que los mayores de 55 años al preguntárseles en que bando estuvieron sus antecesores biológicos respondieron: el 24% que al nacional y el 25% en el republicano. No se sabe que pasó con el 51% restante que también debería entrar en el análisis. Siguió con el dato siguiente: cuando la misma pregunta se trasladó a la población de 18 a 24 años el tanto por ciento que respondía nacional era del 11% y el 24,8%  republicano. La conclusión que extrae la señora Batet es que el bando republicano está socialmente reconocido mientras que los del bando nacional no y por eso baja el tanto por ciento, qué más queremos. El dato frío es muy traicionero, por eso aconsejo a todo el mundo que consulte, después de tomarse una tila, este CIS del 2008, no tanto por los porcentajes si no por las posibles respuestas que ofrece. En la línea de dichas respuestas Batet olvidó comentar un dato de este mismo CIS en el que se demuestra que el franquismo sociológico sigue vivo por falta de ruptura democrática, de verdad y de justicia, pues a una de las preguntas el 58% respondió que el franquismo hizo cosas buenas y cosas malas. Aquí se  me encienden las alarmas pues en el año 2000, el barómetro “25 años después”, no se especifica si de Cristo o de Franco, por no llamarlo de paz soberana por una cuestión aritmética, esa misma respuesta solo la escogió el 46%. Eso quiere decir que el franquismo por no estar condenado y clasificado como un régimen genocida pasa a tener mejor consideración 9 años después. 

La señora Batet se iba viniendo arriba ante el mosqueo y conmoción del respetable y nos clavó la puntilla sentenciando que la transición había sido la etapa más brillante de la historia de España y que no había que renegar de ella porque había sentado las bases de la democracia actual, quizá es donde han sentado y apoltronado sus posaderas señorías de todas las calañas. Y no se le movió ni una ceja.

Para rematar la faena acudió a los clásicos sacando a Camacho de su tumba como diácono de la reconciliación para enlazarlo sin sutilidad alguna con que ni la sociedad ni ningún partido reclamó la persecución jurídica de los represores. Pues señora Batet, la memoria es plural y los que reclamamos justicia también. Que el PP y el PSOE saquen a pasear los muertos del PCE como perritos de concurso es totalmente indigno. En este punto a mi no me representa ni el señor Camacho, ni sus siglas, ni el invento de la sopa de ajo de la reconciliación nacional, que tan bien les viene remover en el puchero bipartidista. Y como guinda la ley de la memoria que ensalzó como culmen de un camino de reconocimiento profundizando en los derechos de los perdedores, palabra de Batet.

Ella invitó a mirar el futuro y nos dijo que debíamos hacerlo con los ojos de Santos Juliá, ese nuevo santo de los altares transicionales y transaccionales, bajo las premisas silencio, amnesia, como él dice: echar al olvido. Porque según el tándem Juliá-Batet la respuesta es dejar conscientemente de lado ciertas cuestiones, ganar el futuro no el pasado. Porque según la diputada del PSC juzgar la transición con los ojos de hoy es hacernos trampas y nos lo dijo con la condescendencia de quien da un consejo a menores de edad mental que carecen de discernimiento y conocimiento.

Y cuando ya pensamos que la cosa no podía ir a peor, pues dábamos su mísera obra por conclusa, ella, en la cima de  la montaña nevada enarbolando la bandera de sus padres políticos, que no de sus abuelos, los del PSOE de Iglesias, que hubieran muerto de estupor al oírla. Pues eso, que se nos vino arriba de tal manera que se atrevió a contarnos una historia a lo Samaniego con su moraleja y todo. Para ello se trasladó a la ciudad de Atenas 400 años A.C. diciéndonos que por aquellos tiempos se impuso una dictadura y que cuando se libraron de ella decidieron acabar físicamente con los que la dirigieron y que al poco tiempo eso trajo como consecuencia una nueva dictadura, pero como en Atenas eran muy listos aprendieron la lección y cuando acabó esa dictadura hicieron una amnistía y que a resultas de tan sabia decisión fueron felices y comieron perdices. A mi nadie me había explicado de esa manera las guerras del Peloponeso entre espartanos y atenienses, pero siempre acaba uno sorprendiéndose de lo que puede llegar a oír. No sé si era una explicación o una advertencia ante la querella argentina y las órdenes de extradición, que no nombró en ningún momento de su exposición. Pero amenazar con ruido de sables a estas alturas debería avergonzarles, así ganaron su mayoría absoluta tras la obra 23-F, pero creo que a estas alturas ya no estamos para zarzuelas.

Quizá ni fui inteligente, ni efectiva en mi intervención cuando llegó el turno de micro al público, casi nunca suelo hablar pero me pudo la víscera. Era la quinta y los que me precedieron tuvieron el mismo objetivo: la diputada del PSC. Llevada más por la indignación fruto de estar en poder de la razón e instalada a mi pesar en el trágala de su monárquico tránsito, me bajé del tono más frío, que es el que se merecía, pues parece que nuestra indignación les alimenta. Le espeté que no podía mirar al futuro, hit parade de la noche,  porque el pasado no me dejaba, ya que ese pasado estaba y es presente. Seguí diciéndole que como atea todo tema de perdón, de reconciliación, de hermanamiento en términos casi religiosos no me interesaba en absoluto, que lo que yo esperaba de una sociedad democrática eran soluciones jurídicas, justicia con mayúscula. Y rematé diciendo que como bisnieta, nieta e hija de represaliados del franquismo procuraría transmitir mi lucha a la siguiente generación para buscar una respuesta satisfactoria a nuestras reclamaciones de verdad, justicia y reparación. Siguió cual esfinge mirándome impertérrita.


Al rematar el acto fuimos a felicitar a la experta en derecho internacional que nos ilustró sobre como saltarse la ley de amnistía, simplemente obviándola nos dijo. Ella me comentó tú tienes trauma generacional, está ya estudiado, a lo que yo le dije que yo lo que tenía era cabreo generacional. Una indignación por el robo de derechos y por la aprobación de leyes de silencio como la reciente ley mordaza. Y un cabreo político monumental por tener que soportar una y otra vez estos discursos del partido socialista que superan al PP en desprecio, pues en su boca son todavía más hirientes. Con todo los respetos, yo no tengo trauma de víctima porque tuve la suerte de nacer en una casa sin autocensura, donde la represión no se vivió desde el dolor y el duelo sino desde el ejemplo y el reconocimiento y con un espíritu de lucha que mamé con orgullo y que sigue vivo. Porque lo que no entienden muchos es que no reclamamos solo justicia para las víctimas sino también para sus valores y reivindicaciones contra los mismos perros que con diferentes collares nos siguen pisando. Lo que siguen ignorando en su ceguera es que como siempre en abril florecen esas ideas a pesar de las negras tormentas y los aguaceros del último parte de guerra, que no fue en el cuarto mes del calendario por casualidad sino por causalidad: la de recordarnos que el único abril a partir de entonces sería el suyo y el de sus herederos. Y aunque así haya sido hasta la fecha, eso no nos asusta, ahora quizá en esa defensa numantina de la transición, los sitiados y atemorizados sean ellos, ante la incomprensión de la sociedad de lo que resulta tan inexplicable como inaceptable, ante la presión de los organismos oficiales internacionales.