CONSTRUCTORES DE REPÚBLICAS 2013


Desde que este blog se puso en funcionamiento en 2007 y no por mérito del mismo, sino de la ciudadanía inteligente y harta de tanta represión social y económica, son muchos los republicanos que por fin salieron del armario, miles sus banderas ondeando allí donde la injusticia campa. Este republicanismo enarbola la ruptura democrática, la libertad, la justicia social, la laicidad, la educación y la sanidad pública, gratuita y de calidad, los derechos humanos y también el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Porque la solidaridad se construye desde la comprensión mutua y la lucha conjunta contra el enemigo común.

domingo, 10 de septiembre de 2017

A LOS DIGNOS HIJOS DE LA TRANSICIÓN. 1-O.

Cuando nada cambió en la transacción española yo era una niña con preocupaciones políticas, concienciada por la historia familiar siempre presente,  pero sin ninguna responsabilidad, dada mi edad, sobre aquella oportunidad robada a todas las republicanas y republicanos, ni sobre la vergüenza de la claudicación por decenios. No soy culpable de los golpes que recibieron los que se resistieron a guardar la tricolor en un cajón, no llevo sobre mi conciencia la venta de las memorias de tantas y tantos antifascistas caídos por la libertad en nombre de ficticias reconciliaciones coronadas por dinastías borbónicas impuestas por dictadores genocidas. Crecí en un país rehén durante años del perverso discurso de la superdemocracia del felipismo inoculado por las potencias que diseñaron en un despacho como sería el futuro de los españolitos, bipartidismo y corrupción, títeres del alegre capitalismo que nos sacaba de la oscuridad del franquismo a golpe de créditos y deuda. Brillaba el sol al que cantaban los franquistas mientras se desmantelaba el sistema productivo del estado español para ser esclavos del sector servicios, se bailaban sevillanas en los saraos porque nunca se haría una reforma agraria, se celebraban misas y romerías porque no seríamos un estado laico, volaban los sobres en el reino de la financiación ilegal y los tantos por ciento.  Pero éramos modernos, teníamos aves, expos, olimpiadas y los hijos y los nietos de los defensores de la legitimidad republicana, la mayoría ajenos a las historias de sus padres y abuelos, vivían desanclados de las memorias que sepultaron los que se llamaban de izquierdas, todo para que la fiesta de la transición no acabara nunca. Así el estado español iba hacia el abismo bajo el signo del olvido, cada vez brillaba menos el sol, hasta llegar a esta oscuridad de represión, censura y fascismo sin precedentes, donde hay muchos culpables, hasta los que se creen libres de toda mácula.  Nadie pidió perdón entonces y casi nadie lo hace ahora, casi nadie reconoce la traición de la transición, se siguen aferrando al constitucionalismo, incluso aquellos que lo critican. Yo entonces no tenía voz ni voto, pero ahora sí y quiero votar el 1 de octubre.

Cuando hace años reflexionaba sobre como fue posible lo que ocurrió en la transición más allá del miedo tras salir de una dictadura, el ruido de sables y los centenares de muertos, no podía comprender con la mansedumbre que se aceptó la ley de Amnistía, las monarquías por la gracia del Caudillo como algo irreversible, y menos aún cuando las mayorías absolutas de rosas, ya marchitas, se permitían el lujo de la traición y el olvido. Ahora a menos de un mes del referéndum que debe hacerse en Catalunya lo entiendo mejor porque estoy teniendo un déjà vu: cobardía, intereses y estrategias de partidos bajo el palio de la unidad de la Corona de España, la santísima Constitución y de trasfondo histórico de esta historia los brazos en alto, yugos, flechas y cruces. Los polvos y los lodos.
Del PP como digno hijo del franquismo no me extraña nada, así como de su copia Ciudadanos nacido del anticatalanismo irracional para ser únicamente ultranacionalista español. Del PSOE, bicéfalo, adorador de una Constitución que hace años dice querer cambiar, temeroso de la verdadera democracia envuelto en la rojigualda mientras habla de plurinacionalidad, predicando cínico un diálogo que sabe imposible, paladín del bipartidismo que defiende que votar no es un derecho inalienable si a su sistema transicional no le interesa, tampoco me extraña nada. Pero de aquellos que tiempo atrás iban a romper el candado del 78, se espera que cuando llega una oportunidad que brinda esa ruptura en bandeja sean valientes y apuesten por el derecho a decidir, ellos no pueden ser a estas alturas dignos hijos de la transición. No pueden ser como aquellos que rompieron los palos de las banderas republicanas sobre las cabezas de sus compañeros antifranquistas por orden del que vendría a ser el nuevo orden, el perro franquista con collar de demócrata.

Nada espero de los que circulan por la vía de los que niegan el voto, boicotean, reprimen y utilizan las cloacas del estado mientras se ríen en nuestra cara arrogantes. Nada espero de los que nadan intentando guardar la ropa apoyando a los primeros, intentando subir en las encuestas de intención de voto. Algo más espero de otros.

Y la verdad es que me cuesta digerir este momento porque negar el derecho a voto es incomprensible, tanto como excusarse en la falta de algo. No se trata de votar independencia, se trata de votar. Que no me expliquen que esto es un invento de la oligarquía catalana para hacer un país a su imagen y semejanza, hemos estado aquí los últimos años viendo como la ciudadanía empujaba este proceso, lo hemos vivido y tenemos memoria, y hasta criterio para discernir. El 2 de octubre creo que seguirá habiendo gente de izquierdas de verdad en Catalunya, que seguirán luchando por los derechos de todas y todos. Los que vinieron a salvarnos del bipartidismo deberían estar en primera línea defendiendo el referéndum, y los que están por el no, haciendo campaña por su opción sin medias tintas.  Deberían, no sea que dentro de 30 o 40 años alguien que ahora sea una niña tenga que escribir un artículo como este, así podrían ahorrarse la vergüenza de verse señalados en el futuro por no haber tenido el valor de estar en el sitio correcto. El referéndum de Catalunya es la cuerda de la que debemos todos tirar para desclavarnos la estaca del franquismo y la transición, es una batalla que también deberían librar aquellas y aquellos que quieren una estado español republicano, federal, laico, de verdad, justicia y reparación.

Espero que el 1 de octubre seamos muchos millones los que vayamos a votar, cada uno por su opción, sea cual sea, para cortar el cordón umbilical que nos une al útero de naftalina franquista. Para ir sin miedo a recuperar todo lo robado, aquí y allí, para construir futuros de encuentro, prosperidad, solidaridad, en igualdad y con toda libertad. Para construir república, repúblicas.

martes, 6 de junio de 2017

DECADENCIAS: EL CIELO CAMPEÓN DEL MEDALLERO EN LA TIERRA.



Estaba tan harta de ver la involución nacionalcatólica, de alcaldesas y medallas para vírgenes de todo ropaje y de ver a gente que no es de izquierda, ni de derecha, pero que si les aprietas te dicen, yo personalmente soy de izquierdas, defender el concepto patria y unirlo al concepto religioso, como hecho cultural e incluso identitario, que he tenido que ir a darme de baja de la secta católica con carácter de urgencia como terapia. Ya pensaba hacerlo, pero la vida es muy suya y entre todas las vueltas que ha dado en los últimos tiempos ninguna me había llevado a la puerta del Arzobispado de Barcelona, hasta el pasado lunes, cuando ya no podía más ni la propia vida. 

Estoy indignada, pero de verdad, calificativa y sustantivamente, como atea defensora del estado laico. Quizá a mucha gente esto le suene a extremismo, pero no me extraña dado el grado de aclimatación al vasallaje a mensajes que creímos superados en este Estado de cirio, castañuela, cuernos, rebujitos y demás caspa. Teniendo en cuenta que Pedro Sánchez dice ser la izquierda de este país, seremos legión los que estemos en la extrema izquierda por culpa del cambio de baremo. Lo curioso es que los que perseveramos en esto de la coherencia seguimos décima arriba, décima abajo, por aquello de la evolución, en la misma línea, no vamos cambiando nuestros principios en función de estrategias en tableros de ajedrez en los que acabas jugando la partida con la señora de la guadaña. 

Estoy profundamente triste y cabreada por encontrarme cumpliendo años en un mundo cada día más superficial, más ritualista, más pasota, más machista, más cínico, más a lo suyo que a lo de todas. Si me hubieran dicho en mi adolescencia que íbamos a acabar así de modernos epidérmicamente en el banal mundo de las tecnologías, como mosca en tela de araña, y tan arcaicos bajo la piel, aferrándonos a tópicos que tanto daño nos han hecho, habría tirado de la palanca de emergencia. 

Como descendiente de andaluces me fastidia, me asquea, las explicaciones que se están dando tras la concesión de la medalla por parte del ayuntamiento de Cádiz a la virgen de turno, como si ser creyente fuera inherente a ser andaluz. Yo que sigo anclada en el pasado del materialismo dialéctico como foco de progreso y luz de la humanidad me horroriza que nos tengamos que encomendar al santoral para evadirnos de los problemas de la sociedad como en la Edad Media. Como defensora del estado laico como pilar fundamental de cualquier democracia que se precie no puedo admitir ni las declaraciones de Kichi, ni de Monedero, ni de Teresa, ni las de Pablo Iglesias. Si ahora tenemos que salir a repartir estampitas en vez de octavillas porque a los pobres lo que les queda es la fe en seres no tangibles, y no os avergüenza justificarlo como hecho antropológico, costumbrista o como cosas de provincias, deberíais ceder, los que tenéis sillas que pagamos creyentes de cualquier religión y no creyentes, a quienes tengan claro lo que es democracia y lo que es folklore que distrae masas a ritmo de tambor y corneta. Aquello que dijo el señor de barbas sobre el opio del pueblo, aunque con competencia, sigue vigente. Yo les pregunto a los iluminados: Todo vale por un puñado de votos?. Y lo que es más trágico, estáis seguros de que quienes solicitan medallas os votan a vosotros?. Habéis pensado en los que os van a dejar de votar por esta cuestión?.

Argumenta en el colmo de los colmos el señor Iglesias, que dar la medalla a una virgen en Cádiz con su tradición anarquista (de todos sabido tan ligada a la iconografía católica) es una decisión laica, debe serlo si lo hace uno de los casi suyos. Debe ser que cuando pasas de profesor universitario a diputado tienes que dejar tus neuronas o tu vergüenza en la taquilla del Congreso hasta acabar la legislatura, para no afectar a la media de sus señorías. Alega Iglesias que son cosas de provincia que los capitalinos no comprenden y yo le digo a Pablo que esa explicación es tan snob como insultante, pues las palabras del diccionario significan lo mismo allá donde te tomas la molestia de consultarlo, y sorpresa, que una administración dé una medalla a una virgen no es un acto laico en ninguna parte. Eso por no hablar del sentir de todas aquellas personas que profesan otros credos o ninguno y que pagan su IBI como buen contribuyente, deben ser ninguneados por su ayuntamiento? Qué pasaría si se recogieran más de 6000 firmas para pedir la medalla para Buda o para Mahoma, se hubiera actuado igual? Si se desliga la administración de la religión y de las costumbres populares será más democrática, efectiva e igualitaria para con toda la ciudadanía. Escribir cosas tan primarias me provoca sonrojo.

Las medallas que las otorguen las congregaciones y demás organizaciones religiosas a su colección de santos en la intimidad. Yo me pregunto qué les pasa a estas personas que no tienen bastante con profesar su fe y dedicar sus días a tallas en las que se gastan fortunas, que se hagan mirar si su afán imperialista y expansionista imponiendo sus ídolos es muy cristiano. 6000 versus casi 120.000 habitantes de Cádiz. Aunque la culpa del bochornoso espectáculo sea de quienes conceden los deseos mágicos al pueblo idólatra. 

Y lo que más me fastidia de algunos de estos supuestos ayuntamientos del cambio, que tantas cosas no han cambiado y que tanta esperanza trajeron a mucha gente,  es su aclimatación al modus operandi de lo viejo, su adaptación a la tergiversación para justificarse, su gran soberbia que les impide reconocer los errores y subsanarlos. Y también su falta de comunicación con aquellos que siguen en la calle haciendo lo que supuestamente decían hacer ellos antes, en el activismo en lo más crudo del crudo invierno de la desmovilización y el conformismo como tónica general, sin horizonte de tomar palacio alguno. Aunque haya focos de resistencia. 

Supuestamente yo soy la obsoleta, la de izquierdas, la republicana, la atea, la que habla de proletariado, de lucha de clases, de estado laico, de verdad, justicia y reparación, pensando en las víctimas, no en las fotos. Pues esta antigualla os dice que actos como este vienen a menospreciar las personas que lucharon y pelearon contra el fascismo para entre otras cosas no ver en sus ayuntamientos a vírgenes cargadas de medallas de la administración pública, haciendo el caldo gordo a la Iglesia y a la derechona de mantilla y golpe en el pecho con cuentas en Suiza. Y menos excusándose en el pueblo llano y sus humildes peticiones. Lástima de todos los que restan en las cunetas, creyentes o no, que tenían claro que el estado debía ser laico y respetaban el artículo 26 
de la constitución de la II República. 

Hace unos días releía el consejo de guerra de mi andaluz y provinciano abuelo donde le acusaban del clásico “quema de iglesia”, a lo que el buen hombre respondió que no podía haberla quemado porque en su aldea no había iglesia, y era cierto. Tan cierto que mi padre vio su primer cura con 14 años al terminar la guerra lejos de su pueblo y se asustó de ver a un señor con vestido negro, fue mi abuela quien tuvo que explicarle lo que era. Hizo la comunión en la mili de la posguerra con un hambre canina para poder comer paella en abundancia, ya se sabe que el hambre tiene cara de cochino. El otro día mi sobrina que ahora vive en Sevilla y que no ha recibido ningún sacramento de la Iglesia católica se asomó a la ventana de madrugada para saber de donde venía la escandalera y observó a los romeros del Rocío con sus carretas con dos pobres animales atados al carro que no podían con su vida y remedó a su abuelo cuando verbalmente le dio un repaso al santoral. Un buen amigo domiciliado en Sevilla me relataba como lleva sufriendo durante un mes misas dominicales en su plaza, un espacio público, imagino que si sacara un altavoz al balcón con el tema de Parálisis Permanente “Quiero ser santa”, a todo volumen, se lo llevarían detenido por delito de odio religioso. Igual lo que nos pasa es que los que no somos andaluces de pro no podemos entender todo esto. Para vuestra reflexión comparto el documental Rocío por si no lo habéis visto y la triste historia de su director Francisco Ruíz Vergara. 




Este será el año en que los que no son de izquierdas, ni de derechas, pero están ahí gracias a los votos de gente que sí se considera de izquierdas se congració con la confesionalidad del estado, aquello tan básico contra lo que tantos estábamos de acuerdo. No opongan resistencia, encomiéndense todos a la superstición y dejen atrás el progreso y el librepensamiento, porque este es un país para eso y para nadar heroicamente a contracorriente, os espero río arriba.


miércoles, 3 de mayo de 2017

EL CALVARIO DE SER ATEA EN EL VIACRUCIS LAICO


 
Alcalde Cornellà presentando libro en la iglesia.

Como introducción a esta noticia he querido hacer un trabajo de abstracción y ver nuestra realidad como lo haría alguien totalmente ajeno a nuestra sociedad. Y la verdad es que me he dado cuenta de que l@s ate@s que vivimos en este país, de ser católicos en un estado ateo seríamos canonizados y elevados a la categoría de mártires. Estamos tan sumamente bombardeados e imbuidos en inputs católicos, que nos venden como hechos culturales inamovibles, que de ser verdaderamente los demonios, que ven en nosotros los creyentes, nos habríamos tenido que convertir en líquido viscoso bajo el poder de sus símbolos.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos la religión católica está presente, en calendarios, noticias, presencia pública y administrativa, conversaciones, ritos sociales, en un país católico no practicante pero ferverosamente beligerante en defensa de aquello en lo que supuestamente cree pero que no se aplica, más allá del folklore festivo y las lágrimas histéricas de cocodrilo ante tallas de madres que dieron a luz sin conocer varón. El católico es exhibicionista por naturaleza, no le basta con seguir sus ritos, es imperialista y los impone aunque lo niegue, sigue en su misión colonizadora a golpe de romerías necesitando estar presente en las calles. Ellos, que ni tan siquiera son capaces de interpretar libremente las palabras de quien creen creador del universo porque para eso mantienen a una legión de subvencionados, que les dicen lo que tienen que pensar y hacer, mientras algunos de ellos sodomizan a sus hijos y les roban las herencias, nos quieren dar lecciones morales.

Visto desde fuera es éste un estado hipócrita donde los que se consideran católicos se divorcian o abortan, mientras se quejan de la discriminación que sufren a pesar de sus privilegios y siguen imaginando al ateo con una tea en la mano.

Aquí se da por sentado que hay sectores que debemos ser impermeables a todo, los ateos, las víctimas del franquismo, los colectivos minoritarios o no tanto, que deben amoldarse a lo que hay, que se da por sabido que es intocable por imperativo legal. Una España que no ha superado lo de Dios, Patria y Rey.

Esta mañana le contaba a un amigo librepensante y sabio cosas que él ya sabe como que se ha mitificado y multiplicado ad infinitum el papel de la iglesia de barrio y cierta jerarquía progre en la lucha contra el franquismo, hasta el punto que la lucha obrera y de asociaciones no se pueda explicar sin la cruz. Es como si el cura rojo hubiera dirigido el movimiento obrero limpiando la cara de la Iglesia que así pasa de verdugo y cooperante necesario en el golpe y la dictadura al buque insignia del antifranquismo por la gracia de dios. El papel de esta iglesia pseudoproletaria fue un hecho religioso, hijo de la teología de la liberación, no un hecho político enclavado en la cultura laica. Aquí en Catalunya tenemos la mitología de Montserrat y sus abades que han sabido nadar y guardar la ropa en todo momento quedando bien con diestra y siniestra, mientras acogen en sus terrenos una cripta dedicada al Tercio de Requetés de Montserrat, que con sus escapularios en el pecho se creían invencibles matando rojos en el frente. Toda una institución nacional intocable.

A los que ven odio en las palabras, decirles que denunciar no es odiar, solo expreso mi hartazgo ante tanto imposición invisible. Aunque los militantes de la verdad, la justicia y la reparación ya estamos acostumbrados a la hiriente etiqueta "odio y rencor" por no querer sepultar en el olvido de la transción monárquica católica los derechos de nuestras víctimas.

Sobre el texto que adjunto me gustaría decir que la posición de los concejales de Esquerra Republicana en el ayuntamiento de Cornellà de Llobregat no es la línea editorial del partido. Esquerra dentro del mundo de la memoria ha realizado un muy buen trabajo comprometido con las víctimas del franquismo y la transición. La mayoría de los compañeros de la Memoria que militan o simpatizan con este grupo político son laicos e incluso ateos. Quiero hacer mención en especial a Pere Fortuny, querellante en Argentina, a quien le fusilaron a su padre, alcalde de Mollet del Vallès, por intermediación del cura del pueblo que les robó negocio y pertenencias y quiso meterlo en un internado.

Ver texto de la asociación Ateos y Republicanos y la moción en cuestión en el siguiente titular.

PSC, Ciudadanos y PP votan en contra de la retirada del título franquista de alcaldesa perpetua a la Virgen del Rosario. Esquerra se abstiene y CEC-CPC y ICV-EUA votan a favor.

domingo, 23 de abril de 2017

EN RESPUESTA AL ARTÍCULO EN EL PAÍS SEMANAL DEL SEÑOR JAVIER CERCAS Y OTROS.



Usted señor Cercas está en el "sí, pero..."  no hay peor defecto que la indefinición, el nadar y guardar la ropa para seguir siendo superventas a costa de lo que usted llama memoria, justo haciendo lo que tanto critica. Se llena sus bolsillos mientras tacha de negociantes a quienes desde el rigor y el sacrificio personal publican sin recompensa económica y sin los canales de apoyo que a usted le mecen. 

En su artículo hay una profunda maldad o una gran ignorancia, o ambas, ahora nos sale con el tándem lo político y lo moral para lavarse las manos en busca de justificación para sus libros, tanto Soldados de Salamina como El monarca de las sombras, donde usted enseña el plumero de Falange. O sea, la República es políticamente aceptable pero no moralmente, los golpistas no eran políticamente aceptables pero sí moralmente, porque según usted en 1936 todo el personal estaba harto de la República y por tanto era susceptible de ser derrocada. Sí, pero…. Lo que más asombra de sus disertaciones es que la República para usted surge de la nada, que la plantea como una democracia fuera de contexto histórico, que pretende equipararla con la actual, que por cierto está tan mal, que según sus pérfidas tesis, moralmente podríamos tomar el palacio de invierno mañana mismo. Es un planteamiento muy maniqueo y primario el suyo. Los guardianes de la transición, progres de escaparate, involucionistas transicionales en la intimidad, le habrán aplaudido mucho su brillante salida para justificar tanta traición a los que han robado las siglas y fueron despedidos de esta vida con el puño en alto y un tiro de gracia fascista. 

Los que no tenemos tíos que voluntariamente fueron a asesinar la democracia, los que los tienen y lo admiten desde la crítica, no entendemos a los que buscan justificación para lo injustificable y cuelgan los retratos de sus familiares fascistas en sitios prominentes. Podría usted haber hecho bandera de los que en su pueblo fueron asesinados por gente como su tío y tener presente sus caras a la hora de teclear ante su folio patrocinado. En su guerra de modas, no de ideas, ni de realidades, acaba banalizando aquello por lo que tanta gente murió, porque mientras un pueblo alienado secularmente tejía sueños, sus amos maquinaban como destrozarlos a sangre y fuego. Esto es aplicable a sus amigos guardaespaldas que buscan justificarle con argumentos tan peregrinos como que usted tenía que escribir su libro para explicarle a su madre quien era su tío, lo de publicarlo, publicitarlo y venderlo es simplemente una anécdota que le da de comer. Los que creen en pasar página gratis para avanzar niegan la verdad, la justicia y la reparación, niegan los derechos humanos a las víctimas antifascistas, que se fueron de este mundo para inmolarse, como en un día de la marmota eterno,  por la reconciliación nacional de la sacrosanta transición, que les escupe a la cara. El mínimo consenso señor Cercas tendría que estar en la abolición del legado omnipresente de la dictadura, que es justo lo que pretende proteger en este folleto de propaganda.

Y deje usted de autoproclamarse ateo y anticlerical si nos sigue saliendo otra vez con monjas y curas y asesinos despiadados, obviando que la mayoría de los que pasearon al clero fueron fusilados, mientras que a los asesinos fascistas, que mataron desde campesinos a presidentes, fueron premiados con cargos y carguillos, siendo sus muertos loados en las paredes de la santa madre iglesia.

Si piensa que con eso puede seguir vendiendo su libro con la conciencia tranquila, mancillando tantas memorias, es que es muy cínico. Moralmente pérfido.

Los activistas de la memoria se toman estas cosas muy mal porque con su mensaje reduccionista viene a convencer a mucha gente que cae en la trampa por falta de conocimiento de la historia de este país. Y a nosotros nos cuesta mucho esfuerzo hacer memoria pedagógica en el campo de los derechos humanos, no folklórica-festiva-floral-fotogénica, que es la que trabaja el homenaje como tributo al pasado no como derecho a la verdad, la justicia y la reparación por un futuro sin lastres de dictaduras, sin coronas, de ruptura democrática, laico y de justicia social.

Y por cierto ya que usted está a favor de que quiten el nombre que su tío da a una calle de su pueblo, pídaselo al consistorio de Ibahernando, sería un gesto que le honraría y que en su lugar pongan el nombre de Sara, fusilada por los fascistas, para equilibrar la balanza. 

Y un consejo, cuando responda en entrevistas o diserte en los medios, cuando critique a personas solventes, trabajadoras, especializadas y comprometidas con la verdad, demuestre usted un mejor dominio del lenguaje, sea más preciso y elegante, no vaya a ser que sus lectores piensen al final que usted escribe en negro.

Y por último, para los que sean de dedo fácil, a mi me da igual que el señor Cercas escriba un libro sobre su familiar falangista, lo que me molesta es que lo encuadre en el concepto Memoria y que intente buscar justificaciones para acallar sus contradicciones morales. El concepto malparido de Memoria Histórica nació para defender los derechos robados de las víctimas del franquismo y la transición, que PSOE y acólitos lo siga pervirtiendo en la grosera equiparación, es un nuevo expolio en el suma y sigue de la ignominia del amén a lo atado y bien atado. 


Y este 23 de abril, Dia del llibre, le deseo que no tenga usted mucho trabajo.

Nota: Ayer falleció un camarada de su tío, el señor Utrera Molina, que fue despedido en Nerja con los camisas azules cantándole el Cara al sol. Lo triste es que se fue sin pagar su factura para con las víctimas del franquismo porque el bipartidismo le protegió hasta el fin de sus privilegiados días. Y lo despreciable es que este alto cargo de la dictadura asesina, que se reafirmaba en su condición de franquista, pueda marcharse al son de himnos fascistas en espacios públicos. ¿Eso que es? pues yo diría que políticamente debería estar prohibido y moralmente es deleznable.

Ver vídeo:

martes, 4 de abril de 2017

LA INCIERTA GLORIA DE LA ESPAÑA ACONFESIONALMENTE CATÓLICA



Me he estado leyendo un libro unas semanas atrás, más de 600 páginas de literatura al servicio de la burguesía católica catalana acomodada en el franquismo y hegemónica en transición. Propaganda disfrazada de filosofía sobre la guerra y la humanidad, que el autor no ha escatimado en verter por boca de casi todos sus personajes principales. Me reconozco a pesar de mi hernia de hiato un gran estómago por haberme acabado esta novela de juventud eterna y haber sobrevivido psicológicamente al ejercicio. Este texto pro-católico recubierto de aura de gran obra pacifista y humanista es una máquina de desprecio ideológico y de clase sobre quienes defendieron la República pero no pertenecían a las élites económicas y culturales. Un desprecio que se convierte en odio cuando se trata de retratar el anarquismo como un grupo degenerado de asesinos implacables en una retaguardia decadente y obscena que asesinaba curas por deporte. De menosprecio a los sin fe en dios. Y machista en el retrato de la mujer. Y para los que estén tentados de llamarme integrista porque piensen que opino que solo deben publicarse los libros que estén en sintonía con mis ideas que frenen en seco. Yo no critico el derecho del señor Joan Sales a escribir su visión de toda una época explicando la feria según le va, lo que me parece indecente es que desde el progresismo se venda esta novela como un referente de la literatura de la guerra civil y el franquismo. No es verdad histórica un relato subjetivo, una creación desde la trinchera del privilegio, la que se creía demócrata, catalana regionalista, católica y antifranquista, pero de derechas, que vivía muy lejos de los cinturones rojos de las ciudades industriales y temía a esa gente venida de todas partes como peligrosos míseros analfabetos o rojos inadaptados. Y que frenen también en seco los que vean en esta crítica argumentos para atacar el Procés, porque seguro que derrapan y caen en tierra integrista unionista, allí no me encontrarán jamás, siempre huyo de los nacionalismos. 

Uno de los valores que atribuyen a esta novela es el papel de la carlana, una sirvienta desde niña de la que abusó su padre, que pare los hijos de un hacendado a cuya familia sirve y al que no quiere y que es asesinado oportunamente por los rojos, utilizando a los republicanos, con sus encantos de mujer inaccesible para obtener una documentación falsa de matrimonio.  Solo le interesa la hacienda y el poder que representa y para ello se convierte en cacique del Régimen. Así la mujer fuerte es la que se endurece y solo piensa en el patrimonio propio que legar a sus hijos, que se perpetuarán con el título de Señor. Es un estereotipo que navega entre la admiración y el desprecio del autor en su guerra interna entre la contradicción católica del dinero es sucio pero es nuestro carné de clase, para eso inventó el catolicismo el mercado de bulas y el perdón de todos los pecados, para blindar su impunidad. Como contrapartida a la bautizada como “mujer araña” presenta a una cándida Trini, hija y hermana de anarquistas, enamorada y pareja del protagonista macho alfa, el conquistador, el que acabará siendo un triunfador social donante a la Iglesia. Una mujer que al endurecerse las condiciones en la retaguardia, al sentir el hambre y ver como asesinan a los hombres de dios decide convertirse fervorosamente al catolicismo influenciada por otro de los personajes, el loco que se supone dice la verdad como los niños, el filósofo a quien todos quieren y detestan, el que se cambia al bando franquista por inconformista, porque todos son malos y buenos. Trini se bautiza en la clandestinidad, aunque no está casada con el padre de su hijo por aquello del amor libre que le había parecido estupendo hasta empezar la guerra. Ella es la buena, instruida, profesora de universidad, con servicio, con unos modos refinados a la que se le puede perdonar sus orígenes porque a través del bautismo y su comunión con la oligarquía puede acceder al título de “uno de nuestros”. Así la fervorosa Trini va buscando a esos únicos héroes, los curas que deciden no huir de la Barcelona gobernada por los sanguinarios anarquistas arriesgando sus vidas a mayor gloria de dios dando misas clandestinas en las casas de la nobleza. Una nobleza que dibuja con esa dualidad de la burguesía, amor-odio, el dinero burgués y los títulos nobiliarios de los que nunca trabajaron para vivir, matrimonios para blanquear orígenes. Y acabada la guerra, ya en el exilio, adinerada consorte de burgués industrial, es retratada como una mujer piadosa, casada con su compañero infiel, un marido que le pone los cuernos públicamente pero que ella madre abnegada de familia numerosa ignora como buena católica de misa diaria. Entonces se convierte en la mujer más bella, el patito feo anarquista se revela todo un albo señor cisne.

En la guerra de Sales no hay ideas, ni ideales. Sitúa la novela en un frente sin muchas novedades, describiendo exclusivamente el mundo de los oficiales, los privilegiados, los funcionarios, los que a través de los estudios pudieron saltar de posición por matrimonio, dados al alcohol para sobrellevar sus vidas. Pero lo peor es la retaguardia de la Barcelona de Sales regada con la sangre santa. Se ríe de los carteles de guerra que él pone en manos de un solo personaje, el hermano de Trini, anarquista sin corazón, ni ideal, el pistolero, el resentido de clase que solo anhela el poder, el cobarde que no va al frente, el que cambia de chaqueta llegada la hora y medra como persona sin valores adorador del becerro de oro. Se olvida Sales de describir el papel de la Iglesia en la conjuración contra la República, en su papel en el golpe de estado, en su poder histórico siempre al lado del opresor con el fuego de la Inquisición al servicio del poder del que formaba parte como ADN. Describe una Barcelona sórdida, sucia, de delaciones, prostitución, robo, hambre, corrupción y asesinato, de obreros que colectivizan pero que son tan inútiles que tienen que llamar a los patronos para que no se hundan las fábricas. Los únicos mártires de la retaguardia los curas. Unos barceloneses a los que la República le importaba bien poco. De hecho el propio autor que luchó en las trincheras republicanas llegando a Comandante prefirió irse al frente para no ver el desgobierno de la retaguardia. Y este dato es muy importante porque es el que ofrece la actual posición de autoridad moral de aquellos que han contribuido a una visión revisionista de la historia desde la posición de luchador antifranquista en su momento, aunque al tiempo conviviera perfectamente con la dictadura desde una situación de privilegio económico e intelectual. Un Joan Sales hijo de buena familia, que pasó muy brevemente por el partido comunista a finales de los años 20 y que acabó militando después de su regreso del exilio en 1948 en Unió Democràtica de Catalunya, a la que sus católicos miembros habrán cantado un réquiem recientemente por haber liquidado por España sus 85 años de historia. 

La constante de esta novela de personajes masculinos atormentados, todos huérfanos criados por sus tíos, dos de ellos por tías excéntricas, ricas y beatas es la coartada del autor para escribir esta novela y expresar sus pensamientos a través de sus monólogos y enseñarnos así su propio laberinto de contradicciones que convergen en una sola cosa verdadera y palpable: Dios.  Retrata la Iglesia catalana de los 60 como antifranquista pero desde la visión de los curas con sotanas no de los curas modernos que vivían con los recién venidos y les acompañaban o guiaban en sus reivindicaciones como pastores de rebaño viviendo la experiencia del Jesucristo que surgía de las teologías de la liberación. Uno de sus personajes, el cura que durante unas semanas colgó los hábitos, un hombre perdido que también luchó por la República por inercia, durante el franquismo seguía sintiendo miedo de los anarquistas que aún ansiaban beberse la sangre del clero como ilustra el autor cuando lo pasea por el extrarradio y siente terror cuando un obrero le hace la señal de cortarle el cuello.

Y así llegamos a la Incerta glòria convertida en película, de la que no voy a hablar porque no la he visto, pero sí he querido hablar de la novela de Joan Sales en la que se basa,  porque cuando promocionan el film lo hacen conjuntamente con el libro llevando de gira a la nieta del autor, que ahora dirige la que fuera su editorial y que da titulares como “Incierta gloria es una novela sobre la inconsistencia de la verdad”, tengo que admitir que en el caso de las verdades del libro de su abuelo es cierto. Maria Bohigas se vanagloria de lo bien que conecta la novela con el público joven, con periodistas e intelectuales y eso me pone los pelos de punta porque cuando te duele la lengua de explicar el pasado olvidado y revisado con los escasos medios a nuestro alcance te viene un boom publicitario de este calibre y sientes como aplastan la labor de los que trabajan por la verdad, la justicia y la reparación. Algunos militantes ciegos de la reconciliación pagada con claudicación ven nuestra pedagogía democrática como doctrina y propaganda. La nieta de Sales concluye diciendo que en Catalunya la única manera de renovar una lectura es que la obra pase por el cine y el teatro, y en eso tiene razón, ese ha sido mi caso, siento ser tan previsible. Algo de verdad hay en mi exposición cuando esta señora intenta justificar que esta novela no es católica sino cristiana, aunque no veo nada de cristiano en las descripciones que hace el autor de los no creyentes, los describe como gente sin el don de la imaginación, plana, sin vida interior, sin pensamientos nobles, ni moral elevada, primarios, un insulto a las y los ateos.

En el prólogo te venden como un éxito que la novela se editara durante la dictadura con la ayuda del obispado de Barcelona y comprendes que el franquismo es puro nacionalcatolicismo, mostrando el inmenso poder de la Iglesia, desde los curas delatores de pueblo a la secta Opus en la cúpula de poder a partir de los 60. Los pecados del redil católico pueden ser perdonados, así seguramente para personajes como Sales fue más sencillo sobrevivir a pesar de su pasado republicano, pues para él rogar a dios sin soltar el mazo y pasar por la historia sin mácula alguna, en zona de privilegio, fue posible.

Esta novela traducida a más de veinte idiomas ofrece una visión al mundo de la guerra civil española y la dictadura completamente sesgado y confuso vaciando la lucha contra el fascismo y la libertad de la República de contenido. Revestida de un aura de obra de referencia es un panegírico del catolicismo donde personajes que intentan no naufragar en sus propias tormentas existenciales, que viven la culpa como losa judeocristiana zozobran en sus pensamientos, menos los pragmáticos, supervivientes aferrados a los negocios terrenales pero en territorio católico.

No hacemos más que volver una vez y otra a las recurrentes perversiones de la insistente memoria de los convencidos de la reconciliación franquista sobre los vencidos. Sin parecerlo a priori desde ciertos sectores progres se deslegitima la lucha antifascista de los defensores de la República convirtiendo el compromiso y las ideas de los que en todos los frentes plantaron cara al fascismo en obligación o en un dejarse llevar, dando a entender que los alistamientos fueron forzosos y los bandos alimentados por cuestiones geográficas. Nos vienen a borrar la verdad los que dicen ser antifranquistas pero que desde sus posiciones dan legitimidad al atado y bien atado disfrazándolo de único futuro democrático. Son los acomodados en los lodos del olvido de la transición por intereses de poder, económicos y religiosos que siguen imponiendo la impunidad.

Y después de todo esto yo me pregunto si no hay ninguna novela épica o no se puede escribir un guión al modo de las grandes producciones de Hollywood sobre la Segunda Guerra Mundial donde los defensores de la República sean personajes heroicos entregados totalmente a la causa, sin dobleces, sin buscarles aquella zona oscura para que no se nos acuse de sublimar nuestra verdad, ese pecado que nos inculcó el catolicismo por el que siempre tenemos que seguir poniendo las dos mejillas. Estaría bien poder hacerlo más que nada para equilibrar la balanza porque lo inaudito es retratar una y otra vez la equiparación de bandos, la no implicación ideológica del bando republicano y sus luchas internas, el obviar la gente que se fue al frente voluntariamente a luchar por la libertad, no porque la República les obligara sino para defender su legalidad contra el fascismo. Una gran película sin vis cómica, sin simulaciones de musical, donde Brigadistas Internacionales y milician@s mostraran su compromiso y esa solidaridad universal. Porque estamos hartos de tener que explicar los asesinatos de curas y monjas, las traiciones y deserciones en las filas republicanas, las divisiones de la izquierda todo ello sin contextualizar, generalizando y en detrimento de la República. 

Estoy harta de transiciones al punto de partida con las que intentan volver a convencernos a través de operaciones de maquillaje de titulares, fotos y leyes sin valor real de que esta vez es diferente. Y mientras tanto sigue en pie la impunidad, no se ha roto con la dictadura, sus leyes y su herencia, solo se sigue la línea trazada de la reconciliación por capitulación capitaneada por coronas católicas donde la República no tiene cabida. Y si no estás de acuerdo desde el poder mediático e institucional te llaman rencoroso, tienen la desvergüenza de bautizar como rencorosos a los que han tenido que tragar tanto agravio comparativo y el odio de los vencedores, que sigue inoculado en sus vástagos a pesar de su eterna victoria. 

Y de aquí a cuatro días saldrán las procesiones y los nietos de los que fueron fusilados acusados por la Iglesia harán de costaleros, pasearán a vírgenes con fajines fascistas y llorarán amargamente si llueve las lágrimas que no derramaron por sus abuelos por desconocimiento. Porque la cúpula del socialismo cobarde o complaciente y folklórico de ayer y hoy se sigue quemando las manos con el cirio del Concordato, del todo gratis para la Iglesia en un congraciarse con lo peor del continuismo nacionalcatólico, manteniendo cegados por las luces de romerías y fiestas de santos de pandereta a un pueblo al que hicieron adicto a la devoción de los espectáculos católicos. De los comas etílicos a las violaciones del Rocío, eso sí que es ir de lo obsceno a lo macabro, como no se hartaba de repetir uno de los personajes de “Incerta glòria”, pero no pasa nada porque para eso siempre hay un ego te absolvo.


Y de nuevo este abril no será protagonista por celebrarse otro aniversario de la república asesinada entre otros por la Iglesia y de sus hijas e hijos muertos por el fascismo, volverá a ser portada por semanas santas y celebraciones católicas que mostraran a un pueblo fervoroso hasta el fanatismo, donde ateos y críticos tendrán que desaparecer en las catacumbas del librepensamiento si no quieren ser acusados de delito de odio religioso.