CONSTRUCTORES DE REPÚBLICAS 2013


Desde que este blog se puso en funcionamiento en 2007 y no por mérito del mismo, sino de la ciudadanía inteligente y harta de tanta represión social y económica, son muchos los republicanos que por fin salieron del armario, miles sus banderas ondeando allí donde la injusticia campa. Este republicanismo enarbola la ruptura democrática, la libertad, la justicia social, la laicidad, la educación y la sanidad pública, gratuita y de calidad, los derechos humanos y también el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Porque la solidaridad se construye desde la comprensión mutua y la lucha conjunta contra el enemigo común.

martes, 23 de febrero de 2021

REFLEXIONES DE UNA "ROJA DE MIERDA".

Estos días de manifestaciones en las calles de Catalunya por la libertad de Pablo Hasél estalló la rabia, que con tanto esmero han sembrado quienes roban el futuro a una juventud que no tiene nada que perder.  Unas manifestaciones que van mucho más allá de la defensa del rapero, algo tan evidente que por eso deben tapar con el manto de miopía de los medios, enseñando cadáveres de contenedores como si fuera un genocidio de plástico por el que rasgarnos las vestiduras de demócratas. Una lista de caídos por su basura, la legislada, aprobada y por sus promesas de derogación, que se pasan por la trituradora del sistema. Indecentes titulares de violencia, aplicada a objetos mientras las personas objeto de ésta siguen siendo invisibilizadas y criminalizadas como siempre. La mordaza sigue ahogando sus voces.

Ese despertar de gritos en las calles en medio de una pandemia vírica y de fascismo era lo que pretendía Hasél cuando decidió ir a prisión como preso político de firme militancia. Solo espero que como otros despertares que hemos vivido no sean flor de un día. Espero por él que su sacrificio y la campaña de desprestigio que está viviendo, en el todo se vale de la mediocre prensa vasalla del Reino de España, no se traduzca en el fundido a negro en el que se convierte la vida de quien entra en la cárcel. Laberinto de instituciones penitenciarias donde impera la ley del silencio sobre lo que allí acontece. La campaña de acoso y derribo llega a todo lo que huele a antifascismo y estos días también Alfon se ha tenido que defender de las sucias acusaciones publicadas en la portada de ABC de delitos que no ha cometido. Difamar en titulares es gratis, tan solo y con suerte la persona vilipendiada obtendrá una rectificación en un lugar recóndito del diario, que no leerá nadie.

Y en esas calles donde se vacían ojos con balas de foam, se abren cabezas, se utiliza la porra con rabia al gravísimo grito de rojos de mierda en perfecto castellano por parte de la policía del estado español afincada en Catalunya, sigue ardiendo la hoguera de la indignación de los que no pueden estudiar, ni trabajar, ni emanciparse, ni ser sujeto activo y determinante en el juego amañado de la plena democracia española de Sánchez. Un espejismo que el PSOE de Suresnes, ese que renegó del  marxismo y disfrazado de izquierda se comió sus siglas para regurgitarlas cubiertas de liberalismo y desvergüenza, de cloacas negras y pestilentes con contador de muertos, de corrupción, de mentira y vulneración de derechos humanos. Un espejismo que sus socios de gobierno, los que venían de corear en manifestaciones lo de PSOE y PP la misma mierda es, querían asaltar cielos, romper candados forjados en dictadura, los republicanos que van a los actos reales, lo hacen bueno mientras son apuñalados por la espalda.  Esa es la democracia plena de quienes incumplen sus promesas electorales, sus pactos de gobierno y lo que haga falta con la mirada puesta en el poder absoluto como en los añorados tiempos de González. Ese consejero de lo privado que vestido de pana nos vendió el humo de la socialdemocracia española, gaseados de amnesia histórica para hacernos olvidar de donde veníamos y borrar las huellas que debíamos seguir para crecer como sociedad democrática. De aquellos humos esta densa niebla imantada que no hay quien atraviese ni con la brújula de la verdad, la justicia y la reparación.   

Después de unas elecciones catalanas en que los votos independentistas suman más del 50 por ciento irrumpe en el escenario un nuevo actor al que nadie ha votado, un peligro democrático que demuestra que a los que no han ganado no les hace falta hacerlo en las urnas porque son poder fáctico que se impone como estado policial. Esa es la madurez democrática de este país donde los políticos presidenciables salen a la palestra a lavar la cara a unas fuerzas policiales desmandadas, apoyando actitudes chantajistas totalmente inadmisibles como la amenaza de ingobernabilidad de un cuerpo policial, el señalamiento de fuerzas políticas antifascistas, golpeando a sus cargos electos. Lo hacen en rueda de prensa y acorralando a manifestantes en una orgía de golpes, en una lluvia de patadas, puñetazos e insultos que nunca brindan a quienes hacen apología del fascismo, a la ultraderecha o a los negacionistas de alto standing. Y luego viene la fiscalía y lo afina y la magistratura gira la llave. Y así se cierra el ciclo en el que los antifascistas acaban acusados, multados, encarcelados y los fascistas salen satisfechos de los juzgados brazo en alto. Y la Generalitat de Catalunya forma parte del juego de esa democracia plena, llena de grietas por las que nos perdemos en su laberinto de injusticia y represión. Lo hace siendo parte de la acusación que hunde la vida de inocentes que se manifestaron por la emancipación de esta histórica institución. Cobardía oculta tras el acatamiento por imperativo legal como excusa para salvar su honor.

Y es denigrante que más allá de tristes representaciones como ausentarse o no aplaudir en ciertos actos en fechas que conmemoran sus victorias, nuestras derrotas, orquestados por quienes taparon el estrangulamiento del atado y bien atado con tramposo lazo de pseudodemocracia monárquica constitucional, nada cambie en este estado sino para empeorar. Hemos pasado de la doctrina del shock a la del electroshock o como le dicen ahora terapia electroconvulsiva para que no convulsione la actual situación insostenible de crisis total y explote. Nos la aplican a modo de lobotomía para someternos a la estática de su falta de estética, picana democrática. 

Estos días se vuelve a hablar en los foros de las concienciadas del síndrome de Sherwood como algo novedoso, tácticas ya conocidas, solo hay que ir a la hemeroteca para ver que ya está casi todo inventado.  Que se lo expliquen a quienes en el 78 no se resignaban a Pactos de Moncloa y constituciones monárquicas españolas y se revelaban manifestándose en las Ramblas y aledaños, algunos tiroteados y muertos. Para eso sirven los medios, para descontextualizar la realidad bajo nuevos viejos epígrafes como terrorismo callejero y violencia extrema que tanto venden, hasta TV3 en una crónica a pie de calle tilda a los manifestantes de jóvenes hostiles. Gravedad de máxima urgencia sin UCI que la atienda. 

Mientras la noticia eran contenedores ardiendo y escaparates de lujo quebrados, en la que el presidente de comerciantes de una calle de lujo bautizó con toda su desvergüenza como noche de los cristales rotos, en una banalización hiriente del nazismo. Mientras el Mayor de los mossos con síndrome de Estocolmo sentado en la furgoneta del Dragón 1, que no sabemos cuan Rapide es, supervisaba una Brigada Móvil que pudo provocar una masacre. Mientras el Conseller d’interior en prime time soltaba que las personas que se manifestaban en un 90 por ciento no sabían porque lo hacían. Mientras tanto seguimos en el efecto túnel sin vislumbrar el final, que no puede ser otro que la ruptura democrática que nos libre del yugo y de las flechas envenenadas de un estado que solo sabe imponerse por la fuerza. 

Y hasta aquí las reflexiones de una antifascista a la que los mossos le podrían haber gritado el pasado sábado roja de mierda, el mismo grito que se oía en dictadura, distinto uniforme mismo lenguaje, sin que salten todas las alarmas. Tan roja como lo fueron quienes los que con su sudor y sus lágrimas me hicieron librepensadora y tan libre como se puede ser en este estado de asfixiante cinismo, en este nuestro reino de detrito.





viernes, 12 de febrero de 2021

INDEFENSIÓN ELECTORAL


Durante el estado de alarma del 2020 tuvimos la deprimente imagen de militares informando a los súbdit@s del Reino de España con terminología cuartelaria sobre el coronavirus como si fuéramos sus huestes televisivas. Que si guerra, que si batalla, que si éramos soldados, que si todos los días son lunes. Pero claro, en este estado heredero del Lazarillo de Tormes, resultó que la valiente cúpula del ejército fue la primera en vacunarse, saltándose el orden y el lema del todo por la patria, todo, pero la vida otro día. Y los días pasan y llegan las elecciones en Catalunya y ya es sabido que los designios de esta por ahora autonomía, nada autónoma, los rigen magistrados, que también nos dan lecciones desde sus tribunales en un asalto continuo a la democracia y a nuestra salud. Estado militar, estado policial, estado judicial con olor a tiempos que no pasan. Estado torcido y tergiversado por un patriotismo vacuo que venden como humo, orgullo de bandera que esconde los intereses de los que calculadora en mano deciden nuestro futuro. Hacedores de sumisos y bien alimentados pescadores con carné que nos lanzan sus anzuelos y que pescan en unos ríos revueltos de confusión. Creadores de golems que sientan en nuestros parlamentos. 

Llega la llamada a las urnas en plena crisis pandémica y el Govern decide con buen criterio retrasarlas, otra cosa es que falle en como hacerlo, pero eso también es el pan de cada día, y otra vez deciden las togas. Así nos encontramos a unos días de los comicios en los que se les llenará la boca de democracia, incluso más a quienes menos la respetan, porque se sirven de ella como de un pañuelo de papel donde sonarse sus franquistas mocos. Aquí, que en los últimos cuatro años, por no ir más lejos, hemos asistido a situaciones que Kafka no hubiera imaginado, al esperpento que hubiera sorprendido a Valle Inclán, a la depredadora miseria política que Maquiavelo hubiera convertido en una versión ibérica de su Príncipe, aquí Rey. Y es que aquí ya estamos tristemente acostumbrad@s a la imposición por imperativo legal dejándonos cautiv@s y desarmad@s y humillad@s.

Y como no me falta moral, como a mucha gente a la que aun se le revuelve el estómago con el espectáculo nauseabundo en que se ha convertido la decadente democracia española, voto, pero lo hago por correo. Será por aquello de que llevo en el ADN lo que lucharon otras y otros para que se pueda votar. En esta convocatoria electoral en que el desánimo y el cansancio es evidente voto a pesar de que mi opción en el más que improbable escenario de victoria contundente sería inhabilitada por legislativo y judicial. Y es que aquí la raíz del problema sigue siendo la misma desde 1939. Justamente por eso, como militante antifascista, tengo que hacer frente desde todos los frentes al fascismo, que habita en los partidos que hacen de la Constitución su sayo. Hay que hacerlo para evitar que escupan su veneno a costa de nuestros bolsillos en un Parlament, que ya fue clausurado por sus abuelos, y no queda otra que depositar nuestro granito de arena en la urna para construir el muro que por fin no los deje pasar. Lo que no se puede hacer es blanquear el fascismo, aplaudir al PP porque en un debate critica a VOX por sus propios intereses electorales, ni justificar que las fuerzas policiales peguen a destajo al antifascismo que protesta por la presencia de la ultraderecha en sus calles porque también tiene derecho a expresarse. Ser tolerante con el intolerante es el declive de los derechos humanos.

Y esto pasa mientras Pablo Hasél puede ingresar en prisión por cantar verdades como puños, la Junta Electoral prohíbe una manifestación a su favor y permite una de Jusapol aplicando el ordeno y mando, convirtiendo el período electoral en una especie de estado de sitio donde este ente hace y deshace a su absoluto antojo. Una Junta que tutela elecciones, quita presidentes, cercena derechos fundamentales, en fin, ley por encima de la ley. Tristes pandemias.

El coronavirus ha venido a ser la prueba del nueve de la ineficiencia de un estado fallido convertido en una opereta burda de uniformes, coronas y personajes de segunda. Así nos encontraremos el día 14 a personas de comprobado riesgo como soldados mandados al frente para defender la democracia, armados de mascarilla y epi para la hora de la contienda electoral en que contagiados, a los que no se les puede vulnerar su derecho constitucional a votar, irán a conculcar el derecho a la vida de sus conciudadan@s. Parece ser que el derecho a seguir respirando sin respirador no está por encima de cualquier constitución y máxime de una nacida de la tutela de una dictadura, que subyace bajo la piel de toro, ruedo de represión y vulneración de derechos y libertades.  

A mi me ha tocado ser segunda suplente en una Mesa y tras hacer las alegaciones oportunas para no estar de cuerpo presente en la “fiesta de la democracia”, que dice el Govern que va a traer una triste resaca vírica de 14.000 infectados, lotería nacional, me ha tocado la negativa. Aquí un inciso para explicar que cuando vas a entregar la alegación no pasa por registro alguno, con lo que no tienes ningún documento que demuestre que la has presentado, la respuesta del funcionario es que no se estila. El mismo funcionario que se dedica a desanimar al personal para persuadir de no alegar, con bastante éxito por cierto. Y cuando recibes la resolución viene sin la justificación debida y con huecos en blanco que son como neones anunciando defecto de forma. Pero es que la Junta Electoral está por encima de todo y de tod@s. 

No he alegado por cobardía, que sería totalmente legítimo, porque que muere gente es evidente, cada día nos dan las cifras de bajas como si esto fuera la guerra de Vietnam. Pero ya nos hemos acostumbrado, no ponemos en valor que detrás de la estadística había vidas que seguramente tenían mucho por recibir y también que dar. Por no haber ya no hay ni arcoiris, ni aplausos de los que nunca he sido fan, quizá porque siendo mujer lo de la palmadita en la espalda como premio me parece muy gratuíto y incluso insultante. 

Hay casos de injusticia terrible que han recibido negativas contra las que no cabe recurso más que por vía contencioso administrativa. Personas de alto riesgo y cuidadoras de estas personas que se verán obligadas a convertirse, parafraseando al ex Jemad, en soldados de reemplazo, forzadas a colocarse en la trinchera parapetados tras una mesa y cuya insumisión les supondría someterse a consejo de guerra con riesgo de prisión y multa. Y si enferman o mueren no serán baja de guerra porque ni tan siquiera podrán demostrar que ha sido por jugar, a su pesar, en la ruleta rusa de la democracia española.  Ni tan siquiera serán consideradas daños colaterales.

Este 14 de febrero seguramente será una historia de desamor más, pero no por ello dejaremos de luchar por el amor universal que es la justicia social, más allá de las urnas, en cada minuto de nuestra vida, esa que nos gustaría preservar. 

 

jueves, 20 de agosto de 2020

EL REINO DE ESPAÑA AGONIZA


Bajo la piel joven y tersa, con la que se reconoce el Reino de España en el espejo de la Transición, hierve una infección purulenta y no habrá espejito mágico capaz de evitar la visión del brote de sus pústulas de corrupción. No se tratará de una cuestión estética que se arregle con una pomada de prensa servil, porque quien haya tenido una fístula sabrá que duele mucho y que no se cura hasta que se abre, se limpia y se estirpa el tejido afectado y aún así no te salvas del riesgo de que aparezca de nuevo. Las fístulas que hay que sajar en el estado español son muchas y graves, lo triste es que aunque ya llevamos tiempo sufriéndolas el sistema nos dice que todavía no están maduras para ser tratadas quirúrgicamente y mientras tanto la podredumbre va excavando cavernas de aniquilación de derechos que nos comen por dentro.

Todo esto viene a colación de los esfuerzos de quienes colocando paños calientes sobre los abscesos quieren evitar que estos se abran dejando a la vista el viscoso hedor del período, calificado por los que mueven los hilos como el más glorioso de su España, del reinado del Golfo Pérsico. El reinado de todos aquellos que han detentado el poder político y económico durante la etapa más incuestionable de la historia, ese hito que vino de la ley a la ley, esa ley que ha servido para que la justicia la interprete desde el inmovilismo del todo siga igual por imperativo legal. Ese lapsus histórico de prestigio, reputación y estatus que se han dado entre todos ellos en su oasis democrático de la transición, un espejismo en nuestro desierto de impunidad. Paños calientes como el alegato de inocencia del rey emérito firmado por todos aquellos que temen que su posición y su crédito tambaleé con la caída del monarca y la desestabilización de la corona. Cosas que pasan cuando la procesión de la enfermedad va por dentro, la fiebre avisa pero quien toma la temperatura ha trucado el termómetro para evitar que nos demos cuenta de la sepsis mortal que se nos viene encima, diciéndonos que los síntomas que padecemos son cosa de los rigores del verano, porque hay que ver el calor que hace este año.

Y la medicina para estos males no deja de ser un efecto placebo que tras un prospecto lleno de buenas intenciones vende una píldora rojigualda de exaltación de las bondades de la patria con mucho excipiente. Prospectos como la Constitución que nos otorgamos, dicen que entre todos, que garantiza una serie de derechos sobre el papel higiénico del 78 con los que se limpian sus partes los que abandonan a su suerte a los que sufren cada día la discriminación, la injusticia, el abuso y la desigualdad. Hay más de una fórmula magistral y más de una norma escrita, pero la mayoría ni curan, ni mitigan el dolor.

Y llegando a la norma, esa que dice una cosa y se interpreta como otra, para controlar que los volcanes de bacterias no entren en erupción bajo la epidermis del estado, decir que se convierte en una norma perversa cuando la aplauden o aceptan quienes venden un código ético, pero compran la falta de moral que implica acatar la ejecución de ésta. Urge un cordón sanitario de honradez y honestidad. Necesitamos con urgencia grandes dosis de antibiótico elaborado y testado por el íntegro laboratorio de los derechos humanos, ingentes dosis de defensas de las libertades y la vacuna definitiva contra el fascismo para poder salvarnos.

Somos pacientes de un estado que se vanagloria de ser adalid de progreso pero tras esa cortina estampada de folklore democrático agonizan nuestros derechos y libertades. Solo hace falta rascar la superficie para ver como en el balneario español y muy español aumentan las agresiones machistas, a personas LGTBI, a personas racializadas, como crece la represión contra antifascistas, republicanas, independentistas, defensores de derechos humanos, desahuciadas sociales, contra la pobreza. No hay camilla capaz de soportar el peso de un Reino tan enfermo. Solo las repúblicas transparentes basadas en el valor de lo público sin listados de quien vive, quien malvive y quien muere, nos sanarán.

domingo, 9 de agosto de 2020

SANIDAD, MENTIRAS Y CINTAS DE CORONAS




Veo poco la televisión, no es una frase tópica para dármelas de intelectual elitista, es que aunque soy hipotensa tengo miedo de tener una subida de tensión estratosférica y estando la sanidad pública como está hay que cuidarse mucho. Me explico, solo suelo ver los informativos y básicamente de cadenas públicas y desde que salimos del confinamiento, con el verano como periodo vacacional por excelencia en el horizonte, parece que en vez de una emergencia sanitaria tenemos una emergencia de ocio.

Para mi es lamentable, que más allá de la estadística convertida en marcador de evento deportivo entre las distintas comunidades, ocupen más minutos las terrazas que los centros de atención primaria, las reclamaciones de discotecas y otros locales de divertimento de masas nocturnas (parafraseando al  obispo de Alcalá) más que los hospitales, los restaurantes y hoteles sin turistas hijos de la Gran Bretaña más que la situación de los profesionales de la sanidad. Y antes de que se me echen a la yugular los de lo primero es comer, les diré que perdonen mi ignorancia, pero quizá para comer antes hay que vivir y que sin salud o mueres o malvives. Y espera, que creo que sin salud tampoco puedes trabajar, eso si tienes la suerte de tener un trabajo aunque sea en un centro de explotación permanente.

Es vergonzoso y una radiografía del Reino de España que en plena pandemia, (porque ya dicen que estamos en la segunda ola de este maremoto llamado coronavirus, y las mareas y mareos que nos quedan) ver la programación estival, como si los problemas que nos asolan se hubieran ido de vacaciones. Es sintomático que en vez de informar a la población con programas divulgativos con profesionales solventes, que nos hagan un retrato realista de cómo está la situación, aunque sea un duro golpe, se nos bombardee con programas de amplio espectro lleno de tertulianos clonados repitiendo lo que han leído por ahí y dándoselas de gurús de la ciencia ponderando en la caja de la manipulación. Y llegados hasta aquí hasta eso podría perdonarse porque al fin y al cabo con certeza poco se sabe del virus, pero lo que es imperdonable es que no se nos informe de la desoladora realidad de la sanidad pública.

Nos venden hasta el hastío fotos de playas masificadas, botellones, plazas de toros hasta la bandera rojigualda, DJ’s con vocación de dragón afónico, los deportes, el sol y el calor tan impropios del estío, como si fuera un verano cualquiera. Y nos tratan como a disminuidos de entendederas y nos infantilizan con una información que no nos respeta y que nos cubre de tiritas porque se ve que no somos capaces de soportar la verdad sobre la crisis sanitaria que padecemos, aunque puede ser que quien no pueda soportarla, o no pueda permitírsela, es quien nos la oculta. Una situación que por otra parte no nos asola desde marzo, ya nos viene restando vida desde hace años. Ahora le ponemos un arcoiris y repetimos como mantra todo va a salir bien cerrando con fuerza los párpados esperando que al abrirlos vivamos en sanilandia.

La sanidad pública lleva lustros enferma y como buena paciente crónica, mujer y de clase trabajadora se ha acostumbrado a sufrir en silencio y a parchear sus carencias para no ser tildada de hipocondríaca menopáusica por el estado machista. Pero ya no puede más y tras complicársele el diagnóstico por las dolencias acumuladas, no atajadas negligentemente a tiempo, agoniza ante la mirada indiferente de quien tiene el tratamiento en sus manos para salvarla. Y todo esto con el cinismo de pregonar su ejemplo de sacrificio, laboriosidad y solvencia con una palmadita en la espalda, pero recompensando y gratificando sobradamente a la sanidad privada, cuyo beneficio también sale de la costilla trabajadora. Una privada que tiene comiendo de su mano y de su pesebre a quienes toman decisiones en las diferentes administraciones en detrimento de nuestros derechos. 

No puedo hablar por todas las áreas sanitarias porque sería muy osado por mi parte, pero sí de las que conozco como usuaria y puedo decir que la situación es catastrófica y que no se me acuse de hacer apología del cataclismo y la distopía de la salud. Ya era intolerable esperar entre de una semana a quince días para ser atendido en la atención primaria, más para el servicio de ginecología, un mes para una ecografía o tener que oír que ya habían hecho el cupo trimestral o semestral o anual de ciertas pruebas. Eso mientras te deseaban suerte para ver si te llamaban, casi siempre más tarde que temprano, de algún hospital o centro de salud alejado de tu domicilio, todo esto con los dedos cruzados para que cuando lo hicieran la dolencia hubiera remitido y no te llegara la notificación al camposanto. Esperar meses para una operación de cataratas, años para una prótesis o dejar morir a personas por no asumir el gasto de un medicamento que les hubiera salvado la vida. Y no sigo para no deprimirme porque si ya antes no podíamos aspirar a la gratuidad de las gafas o de todos los servicios de odontología por la falta de deontología de la clase política profesional, ahora no nos dejan ni soñarlo.

A quien no le ha pasado alguna vez ir a la consulta médica y sentirse como psiquiatra ante diván cuando el que tiene que escucharte y prescribirte te explica que está al límite, que no somos conscientes de lo mal que está todo o lo ves tan estresado o tan pasota por desencanto que sales con depresión o compadeciéndolo. Y eso los que tienen cierta antigüedad, si te encuentras con jóvenes con contratos basura de horas y con remuneraciones obscenas te dan ganas de adoptarlos. Aunque también hay veces en las que sales como el protagonista de un día de furia si te encuentras a quien paga su mala calidad laboral contigo, que has llegado con las fuerzas justas hasta su puerta esperando soluciones y empatía.

Breves ejemplos recientes y contrastados. Persona con dolor en hombro durante dos meses a la que hacen radiografía al cabo de un mes y que espera el resultado casi tres semanas, de momento. Paciente con cáncer que debe ser operado y al que le están prolongando la quimioterapia meses a espera de quirófano. Paciente de cáncer con metástasis, que ha superado tratamiento y operaciones, con sintomatología a ser tenida en cuenta le programan prueba a tres meses vista. Y podría seguir hasta aburrirnos y llorar.

Y mientras tanto aquí podemos ir a la tercera guerra mundial por nuestro derecho a tomar una cerveza en la calle sin mascarilla rodeado de más congéneres, pero no estamos dispuestos a mover un dedo por las vidas de quienes queremos, por nuestra dignidad y por nuestro bien más preciado, la salud, por defender la sanidad pública, universal, gratuita y de calidad a la que tenemos derecho. Ni tan siquiera nos planteamos dedicar cinco minutos a poner una queja por el cauce reglamentario no vaya a ser incompatible con el deporte nacional que es levantar los brazos al cielo durante un minuto clamando soluciones y blasfemar por la desgracia de servicio recibido, como si se tratara de una performance con público complaciente, a veces simplemente abochornado con el espectáculo. Como pensar entonces en salir a la calle pancarta en mano, consigna y grito a reivindicar vida.

Quizá esto pase porque hay quien tiene la suerte de tener una salud de hierro y se siente inmortal, o todo lo contrario, porque tiene la desgracia de tener una salud tan deplorable que no tiene fuerzas ni para abrir la boca para protestar o porque hay quien prefiere esconder la cabeza como tránsfuga de la realidad y lamentarse cuando la enfermedad llame a su puerta, la cuestión es, sea por lo que sea, que la sanidad se nos rompe en pedazos. Y habrá que levantar la aguja del disco del hit tenemos una de las mejores sanidades del mundo,  que ya se nos ha rayado. Ahora la situación no es esa y lo peor de todo es que me veo en la triste tesitura, en comparación con otras realidades, de dar gracias por tener lo que tenemos, pero sería una necia irresponsable si me conformara con eso. No defender y no luchar por nuestra sanidad pública nos haría cómplices de crimen de lesa humanidad porque como ha dicho recientemente la consejera de sanidad del País Vasco: va a morir gente.

martes, 4 de agosto de 2020

EL VIAJE DEL REY


El rey se ha ido de viaje y se ha levantado una polvareda como si miles de elefantes alarmados huyeran despavoridos. Pero los paquidermos pueden estar tranquilos porque el destino del retiro del monarca parece ser más caribeño y jocoso. Y hasta estos animales de gran memoria saben que llamar a este retiro exilio es mucho llamar.

Y no sé a que viene tanto revuelo si al fin y al cabo el rey poco paraba en casa con su ajetreada vida social subvencionada por lo que nos había ido sisando mientras nos distraía con sus números siempre adornados con los polvos de la mágica transición. Así que en que cambia esto las cosas, si la justicia ante la cual es irresponsable no iba a juzgarlo. Además dicen que dijo que volvería en caso de necesidad judicial, magra garantía la palabrita de campechano. Aunque también dijo que la justicia era igual para todos en una de sus intervenciones navideñas en el club de la comedia nacional.

En que cambia la situación con respecto a la semana pasada si Juan Carlos no renuncia a ser rey emérito, si su hijo sigue alabando la figura de su padre en un comunicado público, si el gobierno cierra filas como guardia pretoriana de la monarquía presentando a Felipe VI como adalid de la transparencia, si la justicia silba mirando al horizonte. Poco importan los tuits con la opinión de los socios de gobierno, esos que dicen ser republicanos, que dicen que no sabían nada de la operación de rescate Bribón, pero que al final acabarán sustentando la monarquía.

Juan Carlos debió ser bautizado como Eufemiano Borbón ya que en la carta a su hijo le escribe que ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada, te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España. Así que tenemos que la corrupción, el robo y el disfrute de lo robado por parte de toda la familia real, vacaciones y lunas de miel, son ciertos acontecimientos de su vida privada que por supuesto no tienen nada que ver con su cargo vitalicio de rey. Ese que le ha dado derecho a meter mano a diestro y siniestro a plena luz del día, impunemente, mientras se reía de nosotros con sus reales primos de Arabia en sus juergas de las mil y una comisiones, mientras sus súbditos, a mi pesar, permanecían a oscuras gracias a la corte de babosas bipartidistas. Y atención al "en estos momentos", tan extraños sin la coletilla del tan señalados, que suena a los envases vacíos de antaño, retornables. 

De todas formas el gran eufemismo es llamar exilio a estas vacaciones, que no son más que una operación de maquillaje para salvar a la monarquía y al soldado Felipe. Y que su majestad tenga un retiro dorado en una república, para más cachondeo, haya sido cocinado por la Casa Real y el Gobierno dice muy poco de esta democracia que permite al emérito que disfrute de lo robado poniendo en vez de solución al problema, tierra y mar entre el rey de primera y el de segunda división jugando al despiste. Solo espero que la ciudadanía con criterio sepa que se le está ayudando para que no nos rinda cuentas o lo que os lo mismo que se le está dando auxilio para eludir una improbable acción de la justicia y eso creo que debe andar tipificado en algún código. Esta es la ejemplaridad y la transparencia que nos quieren vender viajando a gran velocidad por el tobogán hacia la cloaca perfecta que es este Reino de mierda.

Lo único que podría consolar al respetable público de este entremés es que la obra que siga a este preludio de humor negro lleve por título Repúblicas y que sea de tal calidad, que nos haga levantar de nuestros asientos con entusiasmo para trabajar con ahínco por lo público y salvarnos de tanta miseria moral y material.