CONSTRUCTORES DE REPÚBLICAS 2013


Desde que este blog se puso en funcionamiento en 2007 y no por mérito del mismo, sino de la ciudadanía inteligente y harta de tanta represión social y económica, son muchos los republicanos que por fin salieron del armario, miles sus banderas ondeando allí donde la injusticia campa. Este republicanismo enarbola la ruptura democrática, la libertad, la justicia social, la laicidad, la educación y la sanidad pública, gratuita y de calidad, los derechos humanos y también el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Porque la solidaridad se construye desde la comprensión mutua y la lucha conjunta contra el enemigo común.

miércoles, 3 de agosto de 2022

TEORÍA DE LA POSIBILIDAD

Me gustaría saber en que momento se ha pasado de corear “nada es imposible” al pragmatismo político sin pestañear. Cuándo hemos renunciado a los máximos para mendigar los mínimos. No hablo de en qué minuto de la historia, ese podríamos establecerlo en pactos con Mefisto por sillas envenenadas. Pactos con quien se cobra el alma de proyectos, que supuestamente salieron de la indignación de la calle. Pactos donde solo se desgasta quien se puso la pinza en la nariz para que los de siempre sigan rentabilizando el esfuerzo ajeno. Pactos con aquellos que se desgañitan pregonando ¡eso es imposible! hasta que las estrategias de sus siglas y por arte de sus intereses lo hicieron posible sin vergüenza alguna. Principios finalistas. Dónde ha quedado aquello de la política es el arte de hacer lo imposible posible en beneficio del vulnerable, no del rédito de partidos que siguen apuntalando la transición, la corrupción y la corona. Cuándo nos rendimos sin darnos a penas cuenta de que ampliábamos con alegría las inmensas tragaderas, que a base de presionarnos sin descanso, hemos desarrollado. Cómo podemos salir a defender sin sonrojo de nuestra coherencia pequeñas concesiones, que casi siempre vienen acompañadas de una letra microscópica, que casi nunca acabamos leyendo, esa que demuestra que hecha la ley hecha la trampa. 

¿Cómo nos han domesticado hasta este punto y por qué lo estamos aceptando con tanta pasividad? ¿Por agotamiento, desencanto, miedo, o por todo junto? Son las preguntas que me hago cada día y la respuesta me descorazona, a pesar de no haber sobrepasado mi autoimpuesta utópica última línea roja. El límite de abrazar el pragmatismo posibilista como solución política a los problemas que nos crean cada día. Todo esto en uno de los momentos históricos más críticos de los últimos tiempos, no tanto por la concatenación de acontecimientos nefastos que nos asolan, que también, si no por la falta de respuesta ciudadana a tanto cínico despropósito. Ese es el verdadero problema, la ausencia de cabreo del personal o que la indignación del que se siente pisoteado se disipe en un abrir y cerrar de ojos. Si delegamos sumisos el cumplimiento de nuestras reivindicaciones únicamente en las urnas y asumimos la decepción de ver desaparecer la ilusión de luchar por lo justo fuera de los colegios electorales, todo seguirá igual. Si lo votado sirve para acabar engrasando la máquina bipartidista, que no ha desaparecido por muchas siglas que hayan entrado en el parlamento, parte de la culpa es nuestra por omisión de acción. Igual mis reflexiones son fruto de mi pesimismo, o no sé valorar lo conseguido, o tengo falta de realismo político, quizá esté desfasada y no entienda que ahora la izquierda es así. Igual es que a la incipiente vejez soy cada vez más una inconformista disidente de alineación con toda sigla por indisciplina congénita. Quizá me falte sentido del humor para apreciar el circo de intercambio de cromos en nombre del mejor menos que nada, aunque ese menos ponga puertas a la protesta, tan necesaria para no estancarnos en la complacencia del menos da una piedra. Olvidando que el valor de una piedra depende de las manos que la sostengan y el manual de usuario, véase argumentario, que la acompañe. Lástima que hayamos acatado aquello de dos piedras con tanta resignación.

Y así asistimos a ver como aquellos partidos calificados de antisistema, de terroristas, de rompeespañas, se han aclimatado al hábitat del juego político nacional. Rebeldes sin rebeldía, que venden a sus parroquias sus logros ufanos por haber arañado superficialmente al monstruo. Un bicho insaciable que les permite presumir lo justo para que puedan seguir legitimando que el estado español es democrático. 

Hemos asumido que lo imposible no será posible si no le interesa a la guardia pretoriana de la estructura de detritus pétreos del reino de España. Y así nos pastorean, con más o menos garrota, desde un tiempo al que no alcanza nuestra debilitada memoria. El camino que nos marcan es el del precipicio de su ambición y si no reaccionamos acabaremos vencidos, una vez más, bajo una lápida de triste epitafio: Aquí yacen los que renunciaron a lo  imposible.     


lunes, 18 de julio de 2022

¡CIRCULEN! AQUÍ NO PASA NADA.

Es este un reino, de mucho cuento, en el que no dejan de sucederse hechos delictivos y luctuosos a toda máquina de triturar derechos, sin consecuencia alguna. En cualquier otro lugar tanto acontecer de sísmica vergüenza haría temblar sus cimientos, hasta en aquellos que son objeto de la sorna de racistas y xenófobos, esos que se congratulan de su historia de colonización y muerte, los patriotas de la solución rojigualda como principio y final. Pero Spain is different, ya lo dijo en 1960 Fraga, un fascista que ha pasado a la historia como buen demócrata, como tantos otros fascistas, pura marca España. 

Cada día se producen varias noticias terremoto con epicentro en la corrupción nacional ante la percepción general de normalidad, gracias a la desinformación de los medios de comunicación, que mantienen narcotizada a las masas en la calma chicha de sus sofás. Noticias que podrían generar artículos de profundidad capaces de hacer tambalear la decadente y carcomida estructura democrática del estado español, si fueran difundidos en pie de igualdad con las noticias a favor de obra del sistema. En el falso estado aconfesional español los milagros solo existen para los que siempre se sentaron con puro y copa en los sillones del casino. Aquí ya ni notamos las ondas de choque de la doctrina del shock a la que estamos sometidos. Los felices infelices son mecidos por las olas de mentira y tergiversación, acunados por los cantos de sirena de los altavoces mediáticos. Da igual lo que se destape, da igual la gravedad del asunto, todo tiene bastarda justificación, que los salve del hundimiento. Sin pecar de inocente optimista diría que tiempo atrás las noticias que nos asaltan hoy hubieran escandalizado bastante más al personal, igual hasta se hubiera salido a la calle para algo más que tomar una cerveza en una terraza. Quizá solo sirviera para paliar los daños estéticos del desastre, pero al menos salvaría la cara de la inexistente ética actual. 

Si tiramos de la hemeroteca de estos últimos meses podemos constatar que el nivel de inmundicia, inversamente proporcional al nivel de los embalses vaciados por los ladrones de las hidroeléctricas, podría haber ahogado a todos los estamentos del estado, si no tuvieran una capacidad heredada, desde más allá de la dictadura, para flotar sobre cualquier densidad. Aquí la escandalera se ha convertido en un factor episódico, carne de tira cómica crítica, en un calcetín agujereado de tanto darle la vuelta. El estado español podría protagonizar un anuncio institucional de papel de cocina absorbente bajo el eslogan lo resiste todo, sin, por una vez, faltar a la verdad. 

Todo esto bajo el signo del gobierno más progresista de la historia comandado por los que permitieron, que en lo sustancial, nada cambiara durante cuarenta años. Un gobierno que sigue apuntalando un sistema mortalmente enfermo, prolongando nuestra agonía. Mientras la película “Prebendas, mentiras y cintas de audio” busca colocarse en la lista de las más taquilleras sin lograrlo, se ha dejado tirados a los saharauis, se ha vuelto a matar en la frontera entre congratulaciones presidenciales, se ha organizado una cumbre de tambores de guerra mancillando al Gernika, se ha incrementado el gasto militar en medio de una inflación galopante, mientras se incrementan los beneficios de quienes nos estrangulan impunemente. Impunidad de bancos, de empresas energéticas, de empresarios de comisión y pelotazo, de jueces facilitadores y prevaricadores, de policías que trabajan reciclando la basura de los de arriba convirtiendo la democracia en un vertedero donde enterrar a los de abajo, incluso a aquellos que aplauden a quienes les sepultan en la mierda. Mientras tanto el taquillazo del año sigue siendo el drama protagonizado por el bufón de la corte yanqui “Intereses de guerra: ellos la hacen, tú la pagas”, una cínica excusa para justificar la involución y vasallaje de Europa. Pero según la progresía debemos perdonar estos pecados porque la alternativa es un viaje al centro del insaciable agujero negro del fascismo tras una victoria nada lejana de PP y VOX. Diferentes perros con el mismo collar, que el capitalismo neoliberal ha sacado a pasear por una Europa felpudo del patio trasero occidental de Estados Unidos. 

Quemados ante el suma y sigue de tanta noticia de extrema gravedad, que no logra cambiar absolutamente nada. Sofocados por la falta de ética y dignidad de las instituciones del estado. Abrasados por la explosión del oscuro sol de la corrupción que lo invade todo. Inflamados ante tantas mentiras que nos escupen a la cara para explicarnos que llueve. Somos muchas y muchos los que corremos el riesgo de arder involuntariamente por combustión espontánea. Solo espero que nuestro fuego sea capaz de encender la mecha mojada por un estado indecente, que arrasa con libertades y derechos entre amenazas, golpes y multas. Y mientras los termómetros atmosféricos suben por culpa del cabreo de un planeta tan maltratado como sus moradores, el líder sindical de cabecera del socio mayoritario del gobierno nos invita a disfrutar del verano, se le olvidó añadir aquellos que puedan. En la fábula del capital nos quieren hormigas a su servicio al tiempo que cigarras despreocupadas a su conveniencia, cigarras que, de seguir cantando las trovas mentirosas del amo, morirán a las puertas del invierno sin alcanzar palacio alguno. 


lunes, 28 de febrero de 2022

POLÍTICA DE GUERRA

Vemos todos los conflictos con nuestros ojos occidentales y muchas veces la imagen que queda impregnada en nuestras retinas no logramos procesarla debidamente. Lógicamente no voy a decir que yo sea clarividente en mi intento de obtener conclusiones, ni que mi opinión sea la acertada porque ni tengo toda la información, ni todo el contexto y no puedo dejar de ser subjetiva por mucho que me esfuerce en hacer un análisis crítico y ecuánime. Mi propio contexto histórico me posiciona, pero no tanto en un bando u otro sino en la manera de observar los acontecimientos.

Vaya por delante que soy completamente contraria a la guerra, a las guerras, a todas las guerras que se mantienen vivas o latentes en el planeta y de las que nadie habla, quizá porque quienes las sufren no son altos, guapos, rubios y con ojos azules, ni gestan niños como querubines de los que padres europeos puedan presumir. Cuando Rusia estaba en guerra con Chechenia o Georgia no se oyeron voces de No a la guerra o de debemos acoger a chechenos o georgianos. Puede que las víctimas de esas otras guerras que no ocupan minutos de televisión, no nos atañan y que ante la mirada occidental sean vistas como víctimas de segunda, daños colaterales asumibles de nuestro depredador estilo de vida.
 
La guerra es la peor cara de nuestra miseria moral porque las provocan y las hacen los explotadores en la dudosa paz. Tristes guerras las que se atrincheran en intereses espurios y no en ideales de justicia social. Nos dicen que esto es lo peor que ha vivido Europa desde la Segunda Guerra Mundial, pienso que los muertos, heridos y supervivientes de la guerra de los Balcanes no deben pensar lo mismo.
  
A veces es complejo determinar quien es el culpable del inicio de una guerra, normalmente suele haber más de uno, pero en este caso se postulan a causantes tanto la OTAN como la UE,  quienes encendieron la estopa ya hace tiempo, Rusia solo ha tenido que soplar. Eso me posiciona a favor del gobierno de Rusia? No, pero tampoco a favor del de Ucrania. Y no es neutralidad, ni equidistancia. Putin me parece deleznable y Zelinsky otro tanto, tonto útil, dos tarros de testosterona en las estanterías del supermercado de las estrategias. 

Tanto derecho tiene a defenderse Ucrania como derecho tiene Rusia a preservar una zona donde la OTAN no implante sus bases. Es curioso que los argumentos que se esgrimen para obligar a Rusia a no defender un espacio neutral de protección de sus fronteras no sean aplicados a EEUU, quien durante el siglo XX,  y más allá, se dedicó sistemáticamente a desestabilizar todo el continente americano al sur de su frontera. Golpes de estado, dictadores a sueldo, asesinatos, torturas, expolio económico, experimentos neoliberales, todo para defender su patio trasero del comunismo. Y menos a cuatro rojos revolucionarios y antiimperialistas al resto les parecía normal, el adalid del mundo libre tenía derecho a proteger su perímetro de la “invasión de los soviets”, aunque ya hubieran dejado de existir. Esta guerra hace revivir a un Joe Biden en horas bajas y ha sido la guinda del pastel para el anuncio de Trump de presentarse a las próximas elecciones. La OTAN no puede detener su avaricioso avance a pesar de los compromisos adquiridos y ahora de un modo u otro pagaremos las derivadas del conflicto.

Un termómetro lo encontramos en las series de ficción tanto americanas como europeas, en las  que de un tiempo a esta parte los villanos volvían a ser los rusos y Rusia, después de etapas de malos norcoreanos y chinos. Rusia era un objetivo y la coyuntura ha hecho que sea ahora blanco  del pim pam pum internacional con la aquiescencia de crítica y público. 
 
Lo lamentable de esta guerra es la narración de parte que se está haciendo desde muchos medios, todos interesados, y como cala el mensaje en la gente, más en un momento de auge de la extrema derecha. Parece mentira que nos trasladen un relato propio de la guerra fría, un imaginario donde Rusia es sinónimo de URSS, para que esta sea observada como el enemigo comunista. Así parece ser una guerra entre comunismo y libertad, entre Rusia y Ucrania, como si se tratara de un eslogan de la Ida. Ni Rusia es comunista, ni Putin es comunista, ni Ucrania es libertad, ni Zelensky un adalid de la paz. Pueden preguntárselo a los habitantes del Donbás. Pero no debemos extrañarnos, si en el Reino de España se ha conseguido ver con normalidad a VOX como un partido incluso más demócrata que otros del arco parlamentario, todo es posible, de hecho han sido los medios los que les han sentado en sus peligrosos escaños.
 
Siempre hay que ir a los antecedentes. Hay que preguntarse por qué no ha importado absolutamente nada que durante ocho años Ucrania haya estado bombardeando las repúblicas de Lugansk y de Donetsk. Políticamente no eran territorios rusos, por lo que estaba bombardeando a su propia población. Aun así durante ese tiempo no se oyó alzar la voz de la superioridad moral europea criminalizando a Ucrania y mucho menos se la sancionó. Debe ser porque quién daba las órdenes de lanzar bombas era él mismo a quien habían puesto en el poder derrocando al anterior mandatario. Sin hablar del papel mojado de los acuerdos de Minsk. Recordemos a manifestantes rodeando el parlamento ucraniano, de los cuales había quienes exhibían sin pudor simbología fascista y nazi. Y hablando de esvásticas no podemos olvidar el papel de la población ucraniana durante la Segunda Guerra Mundial y su participación activa a favor del III Reich y como hoy en día eso es asumido con normalidad “democrática”. Igual que olvidamos que unos veintiséis millones de soviéticos murieron para salvarnos del nazismo y que sin ese sacrificio hoy muchos de los actuales anticomunistas no estarían aquí por no dar el perfil de ario puro, o por tener algún defecto físico o mental, o por tener antepasados árabes o judíos en su árbol genealógico. Por aquellos años Estados Unidos tenía a los indígenas americanos en reservas y colgaba a personas negras como si fueran perros de las ramas de los árboles o las esterilizaba para erradicarlas de la faz de su tierra de sueños solo para blancos.
 
Eso nos devuelve al punto de la información, más bien de la desinformación, que sufrimos. Los adalides de la libertad nos prohíben informarnos a través de Sputnik o Rusia Today porque quieren protegernos de sus mentiras, que envenenan nuestras tiernas mentes, pero dejan que impunemente cadenas de todos los países de la unión europea contaminen nuestra opinión, mintiendo y tergiversando sobre cualquier cuestión, sometiéndonos a una sola visión de la realidad, tantas veces poliédrica y cada vez con un tinte más fascista. No hay que ir muy lejos para observar la basura de medios que nos acechan tras las pantallas y que nos sirven sus relatos de parte escorando a la opinión pública a sus posiciones, sin que nadie venga a salvarnos de ellos. Crónicas lacrimógenas y de exaltación patriótica antes de la tragedia enmarcadas en banderas del Batallón Azov, en las que han caído incluso medios que intentamos mantener al margen de la sospecha. Mientras tanto, nos omiten que los partidos comunistas están prohibidos en Ucrania y que en Rusia están en la oposición y bajo vigilancia. O como los movimientos sociales, comunistas, feministas, LGTBIQ+ y anarquistas son reprimidos a uno y otro lado de la frontera que ahora está en disputa. 

En los medios que sufrimos, cada veinte segundos emplean las palabras oligarcas rusos como quien grita que viene el lobo, pero no dicen nada de los lobbys, feroces, que también son oligarquía y que seguro están disfrutando con esta guerra vendiendo armas y servicios de todo tipo. Si tecleas en Google la palabra oligarca la mayoría de entradas hacen referencia a los oligarcas rusos. Si buscas oligarca en el diccionario te remiten a oligarquía, que definen como forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario o también como grupo reducido de personas que tiene poder e influencia en un determinado sector social, económico y político. En un ejercicio de honradez se debe admitir que no solo hay oligarcas en Rusia, sin ir más lejos aquí tenemos una buena lista, que hunde sus raíces en el franquismo. Pero, claro, quizá lo veamos así porque seamos comunistas o anarquistas, bueno, o gente de izquierda, o quizá solo progresista o aspirantes a librepensadores. 

Debe faltarnos objetividad a los rojos y por eso vemos con malos ojos que se envíen armas desde todos los países “libres” a Ucrania mientras no se envían a otros lugares del mundo. Un inciso para remarcar que llama la atención que Alemania sin ningún complejo se muestre como actor bélico, armándose y armando. Armas que no se pueden enviar a palestinos o saharauis, porque te dirán que son pueblos sin estado, pero no lo tienen porque no se lo han permitido quienes envían armas a Ucrania para defenderse de Rusia. Consecuencia de etapas coloniales de explotación amoral que en muchos sentidos continua y nadie se rasga las vestiduras, como sí lo hacen por el sometimiento que sufrieron por parte de la URSS las antiguas repúblicas soviéticas. Varas de medir tenemos, que aplicamos como queremos. ¿Pero qué pasa con las guerras que no salen en los informativos y que son contra pueblos con estado, como en el caso Yemen? Yemen lleva desde el 2015 siendo bombardeado en medio de una hambruna exterminadora, con bombas y aviones no solo de Arabia Saudí, europeos también, con minas Made in Spain inclusive. Esas son guerras que no existen, ni nos importan.

Y para acabar de rematar el cínico espectáculo de estos días los países europeos, entre ellos Reino Unido, aparecen en escena concediendo el beneplácito a que sus nacionales vayan a luchar por Ucrania, bueno más bien contra Rusia, cual División Azul. Fascistas del mundo uníos, que ahora sois héroes demócratas por la paz, lástima que haya fascistas en Rusia también, deben tener el corazón partido.  No queda tan lejos el tiempo en que antifascistas fueron a defender al pueblo kurdo del Isis y a su vuelta fueron juzgados y encarcelados, claro, debe ser porque el Kurdistán no tiene estado y/o porque eran antifascistas los brigadistas, terroristas peligrosos para las democracias occidentales. 

Son los estados básicamente los que están enarbolando la bandera ucraniana no tanto por defender al pueblo ucraniano como para debilitar e incluso derribar a Rusia. De momento no veo como en otras ocasiones al pueblo abarrotando las calles pidiendo el cese de la guerra como cabría esperar, máxime habiendo la cuestión nuclear de por medio. Este es un conflicto creado e instrumentalizado para debilitar a un rival cibernético, económico, actor político y con un mercado energético y de materias primas del que no se quiere depender. 

Seguramente los que lean este artículo puedan pensar que me quedo en la superficie y que no aporta nada nuevo, puede que sea así, yo no soy analista simplemente soy una ciudadana harta de tanto vómito mediático. Incluso alguien podrá pensar que soy pro-rusa, pero la verdad es que sería disidente en Rusia, disidente en Ucrania, tan disidente como lo soy aquí. 

Espero que llegue la paz y que tanto la población civil ucraniana como la rusa, como la nuestra, no tenga que sufrir los estragos y consecuencias de una guerra, que pase lo que pase,  será una derrota para las y los que no la desencadenamos.

Libertad para el periodista Pablo González detenido en Polonia a instancias de los servicios secretos ucranianos. Libertad de prensa.

jueves, 10 de junio de 2021

CONCORDIA 78

La palabra de moda ahora es concordia. Es la que ha decidido que triunfará para la historia quien redacta los argumentarios del partido socialista y la palabra que esparcen a los cuatro vientos sus voceros a sueldo, en metálico o en especies, consejeros de lo público y lo privado. Los que vamos teniendo una edad ya sabemos de que otro sustantivo histórico es sinónimo concordia. Se trata de la archiconocida reconciliación con la que curiosamente comparte a su vez los sinónimos acuerdo y arreglo. El acuerdo de unos pocos traicionando a muchos para arreglar la máquina que pinta la línea del continuismo en el tradicional rojigualda marca España. 

O nos toman por desmemoriados o por idiotas, que seguro que también. Los experientes en la materia sabemos que significa reconciliación, un pacto en el que en la más orgullosa tradición del reino español, otrora dictadura, hay un vencedor que redacta las capitulaciones y un vencido que hace ver que firma el acuerdo en igualdad de condiciones, aunque a la práctica renuncie a todas sus demandas o las deposite en el cajón del tiempo. 

Y es que el día de la marmota español es una rueda de hámster donde nos marean para provocar la alucinación colectiva de que el mal mayor es el bien absoluto. Para convencernos de que claudicar es honroso cuando el fin lo justifica, porque en realidad no es claudicación sino la vía correcta que, los que se tienen por representantes de los perdedores, han elegido de motu propio por el bien común. Qué sabremos pobres de nosotros lo que nos conviene. Donde dijeron digo dicen Diego mientras se hacen fotos con los poderes fácticos, invisibilizando la represión e ignorando que a veces confrontar es lo sensato. Pero cuál es el fin, pues eso, poner punto y final a los sueños de libertad con los cantos de sirena del seny, del ahora toca sacar adelante el país,  justo en el momento en que todo podía suceder, salvando a los salvapatrias ajenas y abandonando el rupturismo portador de repúblicas. 

Ahora tenemos un gobierno oficial de Pere Aragonés en coalición con Junts, un gobierno en la sombra con luz, taquígrafos y bendiciones mediáticas de Illa y un gobierno en el exilio que va cosechando éxitos que al llegar a los Pirineos chocan con el ahora no toca, que tanto se criticó antaño y con razón. Trino.

El lenguaje es importante, el lenguaje corporal en algunas circunstancias quizá aun lo es más. Con la clase política que toca sillón nos pasa como a los indios americanos en las películas del oeste, que mientras fumaban la pipa de la paz les iban metiendo en reservas, prueba del nueve de que el hombre blanco hablaba con lengua bífida. Es hiriente que te monten un discurso de concierto mientras sus gestos te desconciertan con su soberbia tras sus maneras de curas melifluos, su condescendencia desde su posición de privilegio de estado, que transparenta su grosera satisfacción ante la que creen jugada maestra para zafarse de la espada de Damocles de Europa. Porque el PSOE, artífice de la venta del milagro de la Transición, sigue explotando la misma vía. Concordia 2021.

Todos los tópicos repetidos y todos los errores que tras ellos se esconden van apareciendo y lo más triste es que parece funcionarles. Hoy decía Iceta en TV3 que los indultos llegarían antes de agosto, justo cuando todo el mundo esté pensando en playa, piscina o terraza y no en procesos de ninguna índole, pura casualidad es también que coincida agosto con el fin de la moratoria de los desahucios. El verano sirve para un roto y un descosido, también fue en agosto cuando el PSOE modificó la supuestamente intocable Constitución para vendernos al Capital. Iceta ha hablado de otro hit de la transición, ha nombrado aquello de cerrar heridas, en falso como en la peor tradición PSOE. Cerrar heridas mientras sangran y supuran, con miles de afectados en primera persona y todo un colectivo de agraviados de centenares de miles de personas, que entienden que de contemplar la vía del diálogo debe ser en igualdad de condiciones y sin renunciar a nada antes de sentarte en una mesa, que ya sabemos de que pata cojea. 

Es muy triste que los que han denunciado hasta la saciedad la transición, como parte del discurso emancipador hacia la república, caigan en el grave error de repetir aquello que tanto han criticado desde una superioridad moral, que ahora rueda despeñándose hacia el precipicio del vasallaje. Entonces fue una ley de amnistía que blindó la impunidad de la dictadura y que sigue barrándonos el paso a los que reclamamos verdad, justicia y reparación para sus víctimas. Hoy son unos indultos que no hacen justicia ni a los presos, ni a los miles de represaliados. Resulta duro decirlo pero desde la prisión no se puede negociar el destino de una gran parte de la ciudadanía a la que no se le puede pedir que olvide sus ideales y tanta humillación. Mirar hacia delante por un supuesto progreso fruto de la reconciliación no trajo nada bueno antes, ni después, las heridas solo deben cerrarse cuando han sanado y no a golpe de hilo censurador y aguja de amnesia.

Y aquí nos quedamos quienes vimos una oportunidad en el Procés, cuando funcionaba de abajo a arriba consiguiendo mover e ilusionar transversalmente a millones bajo la consigna del antifascismo, el progreso y los derechos humanos. Nos quedamos con la misma cara de perplejidad y tristeza, de indignación y pesar de quienes en su día sufrieron la traición de la transición en sus carnes y vieron sus esperanzas republicanas sepultadas en las mismas cunetas aun hoy sin abrir judicialmente. Quienes siempre hemos defendido la vía rupturista no podemos con más trágalas por mucho disfraz de concordia que le pongan, porque hemos constatado por activa y por pasiva que el Reino de España es irreformable a mejor, ya que nada bueno puede tener su origen en un golpe de estado sangriento contra la legalidad democrática. 

Y  ahora no nos queda ni amnistía, ni libertad, eso sí, estatuto de autonomía tutelado, mientras el fascismo campa a su libre albedrío porque las calles siguen siendo suyas, a nuestro pesar, al grito de una y no cincuenta y una, que traducido a su imperial español sería una, grande y libre. 


martes, 8 de junio de 2021

¿QUIÉN JUZGA AL JUEZ?

El poder judicial en los últimos tiempos ha adquirido tal protagonismo que llega a suplantar al legislativo y al ejecutivo sin que salten todas las alarmas. Pasar de una democracia débil a una tutela de la Justicia, tantas veces injusta, es una muestra más de la enfermedad terminal, que está socavando el estado de derecho. La ciudadanía no puede escoger al cuerpo judicial, eso lo hacen los tribunales examinadores. Visto el comportamiento de muchos de sus miembros da por pensar que en el temario no existen capítulos referentes a la ética del derecho y al respeto de los derechos humanos. También parece que olvidaron hacer psicotécnicos para protegernos del ego superlativo de personas que en cualquier momento pueden tener nuestro futuro en sus manos. Porque todas estamos expuestas a sentarnos cualquier día en el banquillo de los acusados por ser antifascistas. 

Los representantes políticos escogidos por los partidos a los que hemos votado han utilizado en demasiadas ocasiones para sus fines a los funcionarios públicos togados. Desde su cobardía política han puesto como escudo a la Justicia y la han utilizado como arma arrojadiza cuando se veían incapaces de hacer aquello por lo que se les paga, dar soluciones políticas a problemas políticos. Desde su soberbia y pensando solo en acceder o mantener el poder, la clase política no intuyó que la cúpula del estamento judicial se sentiría tan cómoda en su nuevo papel, que asumiría el destino del Reino como algo natural. Pero esta no era Salomón, resultó que el instrumento para solucionar la ineptitud y los cálculos electorales de los del bipartidismo, tenía su propia hoja de ruta. Porque sí, las señoras y señores funcionarios, cuyos salarios pagamos con nuestros impuestos, tienen ideas políticas, éticas y religiosas, lo que es normal, el problema viene cuando estas interfieren en su labor, interpretando la ley a través del filtro de su pensamiento. El funcionariado no es inocuo. Así la ley puede verse forzada y tergiversada para dictar sentencias tintadas de un color que casualmente suele mimetizarse con el pantone del ala derecha del Congreso de los Diputados. 

La judicatura forma parte de la élite y no tan solo del funcionariado, de la élite del estado y de la sociedad, se sabe élite y sabe que sus veredictos tienen consecuencias más allá de lo particular y que pueden marcar a personas, colectivos, pueblos y naciones. Y eso es mucho poder. Deshacer el daño que puede ocasionar una sentencia es imposible en la mayoría de los casos, la huella que deja es una marca de por vida, la prevaricación provoca sufrimiento, erosiona la democracia y abona la impunidad. Y nadie juzga al juez. 

En los últimos años hemos visto como las sentencias injustas se han ido sucediendo exponencialmente con total impunidad. La misma injusticia que desde la transición solo afectaba a algunas personas bajo el epígrafe terrorismo, anarquismo o antisistema. Esto parecía no molestar a los demócratas de izquierdas que solo depositaban su voto en una urna cada cuatro años o salían a la calle cuando lo pedían los sindicatos amarillos, porque todo eso no solo les quedaba lejos, si no que creían que se merecían ese trato porque el relato oficial se imponía. Y la situación de indefensión se fue extendiendo y lo que afectaba solo a unos pocos, luego fue a más y a más. Después vino la ley mordaza con su fiesta de la multa. Y las detenciones arbitrarias y las condenas surrealistas salpicaron a muchas de esas personas que durante años habían cumplido con su obligación de votar a la “izquierda” y manifestarse bajo alguna sigla bendecida por sus partidos. 

Ahora la semilla del miedo crece y nos cuestionamos el hacer o decir cosas que hace un tiempo dábamos por sentado que formaban parte de nuestros derechos democráticos y constitucionales y que por lo tanto no deberían tener ninguna consecuencia ni policial, ni judicial. La pérdida de la inocencia nos ha llevado a la autocensura y al acatamiento en la mayoría de las ocasiones de una norma que nos castra como ciudadanía. Y cuando el fascismo crece a marchas forzadas y la vara de medir de la justicia no es la misma para todos, nos encontramos cautivos y desarmados, otra vez. Solo hay que ir a la hemeroteca y ver cuantas agresiones fascistas, algunas hasta con resultado de muerte, no han llegado a recibir condenas ajustadas a los delitos cometidos, si es que han recibido condena alguna. Cuantas veces la justicia ha pervertido el delito de odio a su antojo y para sus fines. Cuantas veces antifascistas bajo diferentes banderas o sin ninguna, defendiendo derechos como el trabajo, la vivienda, la salud, las pensiones, la educación, el feminismo, la libertad de expresión y los derechos humanos han sido víctimas de las fuerzas policiales, de fiscales y jueces aprovechando su posición de poder sobre la vulnerabilidad de una ciudadanía cuya palabra parece no tener ningún valor.  Y si grave es la palabra última de un juez que nos puede quitar la libertad, no lo es menos que algunos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tengan un sui generis sentido de lo que es el servicio público; basado en una ideología ultra de patria folklore, que han constatado que encaja perfectamente en nuestro tensado arco democrático, convirtiéndolos en violadores de los derechos humanos sin consecuencia alguna. Y grave es también que la figura del fiscal acabe siendo más beligerante en algunos casos que la de las acusaciones  particulares de grupúsculos varios, más propios de los tiempos del nacionalcatolicismo. 

Las grandes sentencias y escritos de la judicatura que afectan a cuestiones de estado, pero también a personas cuyos derechos han sido menoscabados, se han convertido en páginas y páginas de argumentario político y no de argumentos jurídicos. Terrible realidad. A través de sus palabras este estamento se permite marcar agendas políticas, cuando por otro lado no admite ni una triste crítica a su labor, que entienden como coacción a sus excelsas personas. Lo vivido judicialmente en los últimos años,  por supuesto no solo en Catalunya, ha sido un escándalo clamoroso. El olor a naftalina de algunas togas nos recuerdan al franquismo más chusco, devolviendo los nombres de los fascistas españoles a nuestras calles o retirando los nombres de los demócratas republicanos. Perpetuando monumentos monstruosos como el de Sa Feixina, en Mallorca, bajo el argumento de que las piedras no tienen ideología, pero claro, las piedras no aparecen de la nada, las colocan personas con ideas políticas,  en este caso con ideas genocidas. Una justicia que admite a trámite denuncias de grupos fascistas o integristas religiosos sobre cuestiones que se han votado en instituciones públicas, como ayuntamientos o parlamentos autonómicos, en cumplimiento de la ley vigente, para convertirla en papel mojado fallando a favor de los reaccionarios denunciantes. Recordemos como se inició VOX en esto de la política antes de llegar a las instituciones, como acusación particular de todo lo que oliera a rojo y fuera mediático. Y como colofón el informe del Pleno del Consejo General del Poder Judicial sobre el anteproyecto de la ley de Memoria Democrática, que si a nosotros nos parecía corto, a este organismo le parece que se pasa de frenada, dando amparo al franquismo, sus fundaciones y sus comunidades religiosas, en un derrape democrático que nos aboca a la cuneta del tiempo. 

Toda esta deriva, de un estado donde la división de poderes se difuminó por intereses ilegítimos, alegales e incluso ilegales, ha provocado que cualquiera se sienta autorizado a menospreciar a las víctimas del fascismo y a quienes las reivindican desde sus ideas compartidas. Insultar, golpear y censurar con chulería y desvergüenza, siempre que se cojee de la una, grande y libre, sale gratis. Mientras tanto las personas que reclamamos los derechos de las víctimas del franquismo y la transición, las antifascistas, las defensoras de los derechos humanos de todos aquellas personas que los ven vulnerados, nos vemos atadas y bien atadas, porque nuestra presunción de culpabilidad nos acompaña.