CONSTRUCTORES DE REPÚBLICAS 2013


Desde que este blog se puso en funcionamiento en 2007 y no por mérito del mismo, sino de la ciudadanía inteligente y harta de tanta represión social y económica, son muchos los republicanos que por fin salieron del armario, miles sus banderas ondeando allí donde la injusticia campa. Este republicanismo enarbola la ruptura democrática, la libertad, la justicia social, la laicidad, la educación y la sanidad pública, gratuita y de calidad, los derechos humanos y también el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Porque la solidaridad se construye desde la comprensión mutua y la lucha conjunta contra el enemigo común.

domingo, 16 de noviembre de 2008

"LA BUENA NUEVA" DOS PELÍCULAS DIFERENTES

Quizá esto es lo que se produce cuando se crean muchas expectativas en torno a un film como ha sido el caso de La buena nueva, que tienes que hacer jornada de reflexión para intentar ser objetivo. Los que vayan a las salas pretendiendo ver una película contra uno de los pilares del franquismo, como fue la Iglesia, saldrá un tanto decepcionado, más si es ateo. Ahora bien, los que vayan a ver una película sobre la represión franquista quizá se encontrarán con imágenes nunca vistas en un cine y por las que hemos de felicitar a la directora. Lo lamentable del asunto es que en 2008 no se pueda hacer una película que refleje de verdad lo que pasó en este país, por miedo y respeto a personajes que no se lo merecen, en nombre de la tan traída reconciliación y por el poder anacrónico de ciertos estamentos. En el año 95 Helena Taberna presentó el guión a un productor y éste le preguntó si había pedido permiso a la Iglesia para llevarlo a cabo. Con estos antecedentes es natural que en 2008 el resultado haya sido esta película. Un film basado en la vida de Marino Ayerra, tío de la directora, que al ser llevada al cine ha perdido parte de credibilidad.

La primera película o el aplauso. Todo lo que sea mostrar la represión franquista es digno de elogio. En Navarra, territorio donde el alzamiento supuso el principio y el fin de la guerra, como pasó en otras latitudes, todo fue asesinato. Los muertos que se muestran en la película, cuerpos en las cunetas, tirados por los montes, o en la proximidad del pueblo era la tónica. Los cortes de pelo y el aceite de ricino se aplicaba a las mujeres, que perdían el control del esfínter y eran paseadas para su mayor humillación, he de decir que tan gráficamente como en este film no le he visto nunca. Ver los asesinatos sin omitir detalles es otro punto a favor. Y también lo es que en una de las escenas al intuirse la muerte, el cura rece junto a una futura víctima en euskara. Hay muchas frases del guión que vale la pena resaltar. Esta es la película que hay que ir a ver.

La segunda película o la crítica. Un cura llega a un pueblo de Navarra (con una población tradicionalmente muy religiosa) para sustituir a otro que marcha justo cuando el ruido de sables ya era ensordecedor y después de una estancia en el Vaticano. Era pues conocedor de lo que era el fascismo y cual era la posición de la Iglesia hacia este, la de gratitud por haberle concedido Mussolini la categoría de Estado. Aún así, siguió dentro del seno de una Iglesia que pisaba la palabra de su primer mártir. Un cura que no tiene significación política, loable defensor de vidas, pero al margen de cualquier implicación ideológica. Que antepone ese concepto de vida, de supervivencia, al de dignidad, que aplica el bautismo cuando podía haber fingido que lo hacía, que guarda terribles secretos de confesión por encima de lealtades y estimas personales, que crea una cooperativa donde las viudas de los fusilados cosen uniformes para los asesinos de sus maridos, que es cura antes que persona. El mensaje repetido de la supervivencia por encima de los valores y las ideas es injusto con todos aquellos que no cedieron ni un ápice en sus convicciones y que fueron represaliados por ello. Estamos hablando de un film basado en hechos reales pero no totalmente fiel a éstos, con lo cual se ha perdido una oportunidad para ir más allá. Hay escenas poco creíbles, quizá no imposibles, como el fusilamiento frustrado, la misa en la sima una vez fuera de la parroquia o la huída sin problemas con la que se intuye su futura compañera. Pero lo que descorazona de la película es esa tibieza, ese caminar con pie cauto sobre según que temas, ese poder criticar pero sin crudeza a la Iglesia, salvando el mensaje original de los cristianos que la fundaron, una oda a los evangelios. Aguantar durante más de 3 años confesiones de asesinatos, conviviendo con los poderes fácticos y ayudando, misa de por medio, no convierte a nadie en héroe.

La suave imagen de delación de la monja, el mensaje incompleto del Cardenal Gomá, los curas con fusiles sólo en foto, esas mujeres que agradecidas seguían al cura y le acompañaban en la fe, ese hijo, posiblemente de ateo, haciendo de monaguillo. Te dejan un mal gusto de boca. Y el colofón es esa misa nocturna con esa cámara aérea glorificadora del mensaje cristiano, con un cura vestido con los ropajes de la Iglesia cómplice y asesina.

La imagen que se da de los carlistas, gente fanática y de gran cerrazón que aparecen como personajes de opereta, víctimas de su estupidez, utilizados por el régimen, delatores que no ejecutores, carne de cañón del ejército franquista, les hace parecer menos culpables. Al personaje reprobable de este grupo no se le juzga políticamente sino que volvemos al típico mensaje de que las rencillas personales pasaron por encima de las ideológicas, un superviviente miserable, requeté de Dios, Patria y Rey. Se despoja la historia de carga ideológica para convertirla en un relato de personas al margen de creencias políticas.

Quizá sea muy exigente con Taberna y cargue a su película con la responsabilidad de saldar una deuda cinematográfica, que no es viable ni rentable saldar. Sólo espero poder ver un día, en una sala de cine y en acción, a esa Iglesia mayoritaria del franquismo, a la delatora con saña, a los curas del frente empuñando sus armas, a los que estuvieron en los pelotones de fusilamiento, a los que dieron tiros de gracia, a aquellos que bastón en mano pedían un tiro más para el que yacía en el suelo, a los que torturaban y chantajeaban a los presos. O a esos otros curas, minoría, que valientemente no comulgaron con el franquismo y que acabaron en presidio, a los que de verdad fueron fusilados, por nacionalistas o por rojos. Quizá ese día vivamos en democracia, en un estado laico y seguramente en una República.


1 comentario:

Sandra dijo...
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