CONSTRUCTORES DE REPÚBLICAS 2013
Desde que este blog se puso en funcionamiento en 2007 y no por mérito del mismo, sino de la ciudadanía inteligente y harta de tanta represión social y económica, son muchos los republicanos que por fin salieron del armario, miles sus banderas ondeando allí donde la injusticia campa. Este republicanismo enarbola la ruptura democrática, la libertad, la justicia social, la laicidad, la educación y la sanidad pública, gratuita y de calidad, los derechos humanos y también el derecho de los pueblos a su autodeterminación. Porque la solidaridad se construye desde la comprensión mutua y la lucha conjunta contra el enemigo común.
martes, 11 de abril de 2023
LA VIRGEN ARMÓ LA DE DIOS ES CRISTO
martes, 28 de febrero de 2023
LA BUENA PATRIA
Recientemente me propusieron que formara parte de una mesa para hablar de los andaluces y la lucha antifranquista en Catalunya con motivo del Día de Andalucía. Para mí, si hay un día para conmemorar la patria andaluza, sería el 4 de diciembre, y si hay un mártir de ese día, sería el joven sindicalista de 18 años, Manuel José García Caparrós, asesinado por la Policía Nacional por enarbolar su bandera.
Yo no soy de patrias, ni de banderas, si detrás de ellas no hay una causa justa que defender y, desde ese punto de vista, debo decir que tengo muchas patrias y muchas banderas. No tengo nada en contra de los unipatriotas, siempre que no sean unos fascistas. Y sí, estoy a favor de las emancipaciones, de la autodeterminación de los pueblos, si son causas de libertad. Y en el estado español, aun más si cabe, porque la independencia de unos supondría la independencia de todos, independencia del sistema heredado del franquismo. Sería la palanca capaz de desencallar el continuismo, el único mecanismo de ruptura democrática para librarnos del yugo de la transición y de su monarquía inducida vía dictadura. Y a veces pienso que ese pensamiento es más un deseo que una posible realidad, por un lado porque ahora no hay motor para llevarlo a cabo, y por otro, porque quizá quedaría una España con menos hectáreas pero igual de irreformable. La grande….
Es incomprensible como hay patrias que tienen derecho a existir como estado y patrias que deben luchar por sobrevivir entre hostilidades de todo tipo. Como el Sahara, Palestina, Kurdistán y otros pueblos, que viven entre el exilio y la humillación armada de verse sometidos y/o expulsados de sus tierras. Lo incomprensible no es que se tolere o se potencie estas injusticias geopolíticas por el resto de patrias con estado, que se arrogan el poder de otorgar el certificado de país con bandera e himno oficial homologable. Lo incomprensible es que la mayoría de la ciudadanía de esos estados, olvidando que algunos de ellos tuvieron que luchar por su independencia, lo toleren, pero la memoria es selectiva e interesada. Y de memorias selectivas e interesadas, los que nos dedicamos a exigir derechos para las víctimas del franquismo y la transición sabemos mucho.
El maniqueísmo de patrias buenas y malas en función de lo que dictamine el poder de occidente, cada día más decrépito y decadente, está en nuestros medios de propaganda ininterrumpidamente. Se ha vuelto a observar estos días del primer aniversario de la guerra de Estados Unidos y comparsillas europeos en Ucrania. Hay un estado, un imperio, dicen los más imperialistas del globo, que es muy malo, y un estado patriota muy bueno. Un estado víctima bondadosa que no reniega del nazismo de sus próceres de la patria, que sufre de todo aquello de lo que se acusa a Rusia, de machismo, de racismo, de lgtbiq+fobia, de corrupción, de nacionalismo exacerbado y de personalismo presidencial. El emperador va desnudo señores y señoras, pero no nos atrevemos a decirlo en voz alta, a contracorriente del discurso único, el oficial, aunque lo pensemos. Así hace unos días la Sexta publicaba una encuesta que se resumía en que más de un 60 por ciento de españoles se identificaban con el omnipresente Zelenski, que un 70 por ciento valoraba positivamente el apoyo de Sánchez a Ucrania y que una mayoría veía a Ucrania como vencedora. La maquinaria funciona.
La Europa de las libertades y los derechos, que vive de renta de la etiqueta que se autoimpuso, decidió que pobres de nosotros no estábamos capacitados para ver una cadena de televisión rusa porque contaminaría nuestras mentes. Los que intentamos cultivar el librepensamiento y el criterio propio, después de analizar todo tipo de información, no tenemos derecho a ver RT, pero si a ver toda la propaganda de los grupos de opinión, de racionamiento de ideas salidas de los almacenes de sus líneas editoriales neoliberales. Creo que se llama censura lo que estamos viviendo. En esta Europa tan ejemplar hay un periodista del que pocos se acuerdan que se llama Pablo González, que también está de triste aniversario, cumple un año en una cárcel de Polonia, ese país dechado de libertades, que curiosamente tiene frontera con Ucrania y carta libre para vulnerar derechos humanos.
Y volviendo al principio, hoy, Día de Andalucía para la oficialidad, me gustaría recordar a todos los andaluces y andaluzas antifascistas, que dejaron su vida luchando por la libertad en su tierra, en Catalunya y en tantas otras tierras, que también fueron suyas. Recordar a las personas nacidas en Andalucía que murieron en los campos franceses, en los campos de exterminio nazis, los que murieron en tristes exilios en todo el mundo. Y como cualquier otro día, recordar a todos los antifascistas del mundo, que se levantaron y se levantan contra la opresión y la tiranía, más allá de la ciudadanía que le otorgue un estado u otro. Como dijo Blas Infante a los andaluces “Levantaos, pedid, tierra y libertad” y yo añado y sanidad y educación y vivienda, … porque los derechos y la justicia hacen patria. Esas patrias sin fronteras que toda la humanidad necesita más allá de la patria que se lleve en la cabeza o en el corazón.
María José Bernete
miércoles, 3 de agosto de 2022
TEORÍA DE LA POSIBILIDAD
Me gustaría saber en que momento se ha pasado de corear “nada es imposible” al pragmatismo político sin pestañear. Cuándo hemos renunciado a los máximos para mendigar los mínimos. No hablo de en qué minuto de la historia, ese podríamos establecerlo en pactos con Mefisto por sillas envenenadas. Pactos con quien se cobra el alma de proyectos, que supuestamente salieron de la indignación de la calle. Pactos donde solo se desgasta quien se puso la pinza en la nariz para que los de siempre sigan rentabilizando el esfuerzo ajeno. Pactos con aquellos que se desgañitan pregonando ¡eso es imposible! hasta que las estrategias de sus siglas y por arte de sus intereses lo hicieron posible sin vergüenza alguna. Principios finalistas. Dónde ha quedado aquello de la política es el arte de hacer lo imposible posible en beneficio del vulnerable, no del rédito de partidos que siguen apuntalando la transición, la corrupción y la corona. Cuándo nos rendimos sin darnos a penas cuenta de que ampliábamos con alegría las inmensas tragaderas, que a base de presionarnos sin descanso, hemos desarrollado. Cómo podemos salir a defender sin sonrojo de nuestra coherencia pequeñas concesiones, que casi siempre vienen acompañadas de una letra microscópica, que casi nunca acabamos leyendo, esa que demuestra que hecha la ley hecha la trampa.
¿Cómo nos han domesticado hasta este punto y por qué lo estamos aceptando con tanta pasividad? ¿Por agotamiento, desencanto, miedo, o por todo junto? Son las preguntas que me hago cada día y la respuesta me descorazona, a pesar de no haber sobrepasado mi autoimpuesta utópica última línea roja. El límite de abrazar el pragmatismo posibilista como solución política a los problemas que nos crean cada día. Todo esto en uno de los momentos históricos más críticos de los últimos tiempos, no tanto por la concatenación de acontecimientos nefastos que nos asolan, que también, si no por la falta de respuesta ciudadana a tanto cínico despropósito. Ese es el verdadero problema, la ausencia de cabreo del personal o que la indignación del que se siente pisoteado se disipe en un abrir y cerrar de ojos. Si delegamos sumisos el cumplimiento de nuestras reivindicaciones únicamente en las urnas y asumimos la decepción de ver desaparecer la ilusión de luchar por lo justo fuera de los colegios electorales, todo seguirá igual. Si lo votado sirve para acabar engrasando la máquina bipartidista, que no ha desaparecido por muchas siglas que hayan entrado en el parlamento, parte de la culpa es nuestra por omisión de acción. Igual mis reflexiones son fruto de mi pesimismo, o no sé valorar lo conseguido, o tengo falta de realismo político, quizá esté desfasada y no entienda que ahora la izquierda es así. Igual es que a la incipiente vejez soy cada vez más una inconformista disidente de alineación con toda sigla por indisciplina congénita. Quizá me falte sentido del humor para apreciar el circo de intercambio de cromos en nombre del mejor menos que nada, aunque ese menos ponga puertas a la protesta, tan necesaria para no estancarnos en la complacencia del menos da una piedra. Olvidando que el valor de una piedra depende de las manos que la sostengan y el manual de usuario, véase argumentario, que la acompañe. Lástima que hayamos acatado aquello de dos piedras con tanta resignación.
Y así asistimos a ver como aquellos partidos calificados de antisistema, de terroristas, de rompeespañas, se han aclimatado al hábitat del juego político nacional. Rebeldes sin rebeldía, que venden a sus parroquias sus logros ufanos por haber arañado superficialmente al monstruo. Un bicho insaciable que les permite presumir lo justo para que puedan seguir legitimando que el estado español es democrático.
Hemos asumido que lo imposible no será posible si no le interesa a la guardia pretoriana de la estructura de detritus pétreos del reino de España. Y así nos pastorean, con más o menos garrota, desde un tiempo al que no alcanza nuestra debilitada memoria. El camino que nos marcan es el del precipicio de su ambición y si no reaccionamos acabaremos vencidos, una vez más, bajo una lápida de triste epitafio: Aquí yacen los que renunciaron a lo imposible.
lunes, 18 de julio de 2022
¡CIRCULEN! AQUÍ NO PASA NADA.
Es este un reino, de mucho cuento, en el que no dejan de sucederse hechos delictivos y luctuosos a toda máquina de triturar derechos, sin consecuencia alguna. En cualquier otro lugar tanto acontecer de sísmica vergüenza haría temblar sus cimientos, hasta en aquellos que son objeto de la sorna de racistas y xenófobos, esos que se congratulan de su historia de colonización y muerte, los patriotas de la solución rojigualda como principio y final. Pero Spain is different, ya lo dijo en 1960 Fraga, un fascista que ha pasado a la historia como buen demócrata, como tantos otros fascistas, pura marca España.
Cada día se producen varias noticias terremoto con epicentro en la corrupción nacional ante la percepción general de normalidad, gracias a la desinformación de los medios de comunicación, que mantienen narcotizada a las masas en la calma chicha de sus sofás. Noticias que podrían generar artículos de profundidad capaces de hacer tambalear la decadente y carcomida estructura democrática del estado español, si fueran difundidos en pie de igualdad con las noticias a favor de obra del sistema. En el falso estado aconfesional español los milagros solo existen para los que siempre se sentaron con puro y copa en los sillones del casino. Aquí ya ni notamos las ondas de choque de la doctrina del shock a la que estamos sometidos. Los felices infelices son mecidos por las olas de mentira y tergiversación, acunados por los cantos de sirena de los altavoces mediáticos. Da igual lo que se destape, da igual la gravedad del asunto, todo tiene bastarda justificación, que los salve del hundimiento. Sin pecar de inocente optimista diría que tiempo atrás las noticias que nos asaltan hoy hubieran escandalizado bastante más al personal, igual hasta se hubiera salido a la calle para algo más que tomar una cerveza en una terraza. Quizá solo sirviera para paliar los daños estéticos del desastre, pero al menos salvaría la cara de la inexistente ética actual.
Si tiramos de la hemeroteca de estos últimos meses podemos constatar que el nivel de inmundicia, inversamente proporcional al nivel de los embalses vaciados por los ladrones de las hidroeléctricas, podría haber ahogado a todos los estamentos del estado, si no tuvieran una capacidad heredada, desde más allá de la dictadura, para flotar sobre cualquier densidad. Aquí la escandalera se ha convertido en un factor episódico, carne de tira cómica crítica, en un calcetín agujereado de tanto darle la vuelta. El estado español podría protagonizar un anuncio institucional de papel de cocina absorbente bajo el eslogan lo resiste todo, sin, por una vez, faltar a la verdad.
Todo esto bajo el signo del gobierno más progresista de la historia comandado por los que permitieron, que en lo sustancial, nada cambiara durante cuarenta años. Un gobierno que sigue apuntalando un sistema mortalmente enfermo, prolongando nuestra agonía. Mientras la película “Prebendas, mentiras y cintas de audio” busca colocarse en la lista de las más taquilleras sin lograrlo, se ha dejado tirados a los saharauis, se ha vuelto a matar en la frontera entre congratulaciones presidenciales, se ha organizado una cumbre de tambores de guerra mancillando al Gernika, se ha incrementado el gasto militar en medio de una inflación galopante, mientras se incrementan los beneficios de quienes nos estrangulan impunemente. Impunidad de bancos, de empresas energéticas, de empresarios de comisión y pelotazo, de jueces facilitadores y prevaricadores, de policías que trabajan reciclando la basura de los de arriba convirtiendo la democracia en un vertedero donde enterrar a los de abajo, incluso a aquellos que aplauden a quienes les sepultan en la mierda. Mientras tanto el taquillazo del año sigue siendo el drama protagonizado por el bufón de la corte yanqui “Intereses de guerra: ellos la hacen, tú la pagas”, una cínica excusa para justificar la involución y vasallaje de Europa. Pero según la progresía debemos perdonar estos pecados porque la alternativa es un viaje al centro del insaciable agujero negro del fascismo tras una victoria nada lejana de PP y VOX. Diferentes perros con el mismo collar, que el capitalismo neoliberal ha sacado a pasear por una Europa felpudo del patio trasero occidental de Estados Unidos.
Quemados ante el suma y sigue de tanta noticia de extrema gravedad, que no logra cambiar absolutamente nada. Sofocados por la falta de ética y dignidad de las instituciones del estado. Abrasados por la explosión del oscuro sol de la corrupción que lo invade todo. Inflamados ante tantas mentiras que nos escupen a la cara para explicarnos que llueve. Somos muchas y muchos los que corremos el riesgo de arder involuntariamente por combustión espontánea. Solo espero que nuestro fuego sea capaz de encender la mecha mojada por un estado indecente, que arrasa con libertades y derechos entre amenazas, golpes y multas. Y mientras los termómetros atmosféricos suben por culpa del cabreo de un planeta tan maltratado como sus moradores, el líder sindical de cabecera del socio mayoritario del gobierno nos invita a disfrutar del verano, se le olvidó añadir aquellos que puedan. En la fábula del capital nos quieren hormigas a su servicio al tiempo que cigarras despreocupadas a su conveniencia, cigarras que, de seguir cantando las trovas mentirosas del amo, morirán a las puertas del invierno sin alcanzar palacio alguno.
lunes, 28 de febrero de 2022
POLÍTICA DE GUERRA
Vemos todos los conflictos con nuestros ojos occidentales y muchas veces la imagen que queda impregnada en nuestras retinas no logramos procesarla debidamente. Lógicamente no voy a decir que yo sea clarividente en mi intento de obtener conclusiones, ni que mi opinión sea la acertada porque ni tengo toda la información, ni todo el contexto y no puedo dejar de ser subjetiva por mucho que me esfuerce en hacer un análisis crítico y ecuánime. Mi propio contexto histórico me posiciona, pero no tanto en un bando u otro sino en la manera de observar los acontecimientos.
jueves, 10 de junio de 2021
CONCORDIA 78
La palabra de moda ahora es concordia. Es la que ha decidido que triunfará para la historia quien redacta los argumentarios del partido socialista y la palabra que esparcen a los cuatro vientos sus voceros a sueldo, en metálico o en especies, consejeros de lo público y lo privado. Los que vamos teniendo una edad ya sabemos de que otro sustantivo histórico es sinónimo concordia. Se trata de la archiconocida reconciliación con la que curiosamente comparte a su vez los sinónimos acuerdo y arreglo. El acuerdo de unos pocos traicionando a muchos para arreglar la máquina que pinta la línea del continuismo en el tradicional rojigualda marca España.
O nos toman por desmemoriados o por idiotas, que seguro que también. Los experientes en la materia sabemos que significa reconciliación, un pacto en el que en la más orgullosa tradición del reino español, otrora dictadura, hay un vencedor que redacta las capitulaciones y un vencido que hace ver que firma el acuerdo en igualdad de condiciones, aunque a la práctica renuncie a todas sus demandas o las deposite en el cajón del tiempo.
Y es que el día de la marmota español es una rueda de hámster donde nos marean para provocar la alucinación colectiva de que el mal mayor es el bien absoluto. Para convencernos de que claudicar es honroso cuando el fin lo justifica, porque en realidad no es claudicación sino la vía correcta que, los que se tienen por representantes de los perdedores, han elegido de motu propio por el bien común. Qué sabremos pobres de nosotros lo que nos conviene. Donde dijeron digo dicen Diego mientras se hacen fotos con los poderes fácticos, invisibilizando la represión e ignorando que a veces confrontar es lo sensato. Pero cuál es el fin, pues eso, poner punto y final a los sueños de libertad con los cantos de sirena del seny, del ahora toca sacar adelante el país, justo en el momento en que todo podía suceder, salvando a los salvapatrias ajenas y abandonando el rupturismo portador de repúblicas.
Ahora tenemos un gobierno oficial de Pere Aragonés en coalición con Junts, un gobierno en la sombra con luz, taquígrafos y bendiciones mediáticas de Illa y un gobierno en el exilio que va cosechando éxitos que al llegar a los Pirineos chocan con el ahora no toca, que tanto se criticó antaño y con razón. Trino.
El lenguaje es importante, el lenguaje corporal en algunas circunstancias quizá aun lo es más. Con la clase política que toca sillón nos pasa como a los indios americanos en las películas del oeste, que mientras fumaban la pipa de la paz les iban metiendo en reservas, prueba del nueve de que el hombre blanco hablaba con lengua bífida. Es hiriente que te monten un discurso de concierto mientras sus gestos te desconciertan con su soberbia tras sus maneras de curas melifluos, su condescendencia desde su posición de privilegio de estado, que transparenta su grosera satisfacción ante la que creen jugada maestra para zafarse de la espada de Damocles de Europa. Porque el PSOE, artífice de la venta del milagro de la Transición, sigue explotando la misma vía. Concordia 2021.
Todos los tópicos repetidos y todos los errores que tras ellos se esconden van apareciendo y lo más triste es que parece funcionarles. Hoy decía Iceta en TV3 que los indultos llegarían antes de agosto, justo cuando todo el mundo esté pensando en playa, piscina o terraza y no en procesos de ninguna índole, pura casualidad es también que coincida agosto con el fin de la moratoria de los desahucios. El verano sirve para un roto y un descosido, también fue en agosto cuando el PSOE modificó la supuestamente intocable Constitución para vendernos al Capital. Iceta ha hablado de otro hit de la transición, ha nombrado aquello de cerrar heridas, en falso como en la peor tradición PSOE. Cerrar heridas mientras sangran y supuran, con miles de afectados en primera persona y todo un colectivo de agraviados de centenares de miles de personas, que entienden que de contemplar la vía del diálogo debe ser en igualdad de condiciones y sin renunciar a nada antes de sentarte en una mesa, que ya sabemos de que pata cojea.
Es muy triste que los que han denunciado hasta la saciedad la transición, como parte del discurso emancipador hacia la república, caigan en el grave error de repetir aquello que tanto han criticado desde una superioridad moral, que ahora rueda despeñándose hacia el precipicio del vasallaje. Entonces fue una ley de amnistía que blindó la impunidad de la dictadura y que sigue barrándonos el paso a los que reclamamos verdad, justicia y reparación para sus víctimas. Hoy son unos indultos que no hacen justicia ni a los presos, ni a los miles de represaliados. Resulta duro decirlo pero desde la prisión no se puede negociar el destino de una gran parte de la ciudadanía a la que no se le puede pedir que olvide sus ideales y tanta humillación. Mirar hacia delante por un supuesto progreso fruto de la reconciliación no trajo nada bueno antes, ni después, las heridas solo deben cerrarse cuando han sanado y no a golpe de hilo censurador y aguja de amnesia.
Y aquí nos quedamos quienes vimos una oportunidad en el Procés, cuando funcionaba de abajo a arriba consiguiendo mover e ilusionar transversalmente a millones bajo la consigna del antifascismo, el progreso y los derechos humanos. Nos quedamos con la misma cara de perplejidad y tristeza, de indignación y pesar de quienes en su día sufrieron la traición de la transición en sus carnes y vieron sus esperanzas republicanas sepultadas en las mismas cunetas aun hoy sin abrir judicialmente. Quienes siempre hemos defendido la vía rupturista no podemos con más trágalas por mucho disfraz de concordia que le pongan, porque hemos constatado por activa y por pasiva que el Reino de España es irreformable a mejor, ya que nada bueno puede tener su origen en un golpe de estado sangriento contra la legalidad democrática.
Y ahora no nos queda ni amnistía, ni libertad, eso sí, estatuto de autonomía tutelado, mientras el fascismo campa a su libre albedrío porque las calles siguen siendo suyas, a nuestro pesar, al grito de una y no cincuenta y una, que traducido a su imperial español sería una, grande y libre.
martes, 8 de junio de 2021
¿QUIÉN JUZGA AL JUEZ?
El poder judicial en los últimos tiempos ha adquirido tal protagonismo que llega a suplantar al legislativo y al ejecutivo sin que salten todas las alarmas. Pasar de una democracia débil a una tutela de la Justicia, tantas veces injusta, es una muestra más de la enfermedad terminal, que está socavando el estado de derecho. La ciudadanía no puede escoger al cuerpo judicial, eso lo hacen los tribunales examinadores. Visto el comportamiento de muchos de sus miembros da por pensar que en el temario no existen capítulos referentes a la ética del derecho y al respeto de los derechos humanos. También parece que olvidaron hacer psicotécnicos para protegernos del ego superlativo de personas que en cualquier momento pueden tener nuestro futuro en sus manos. Porque todas estamos expuestas a sentarnos cualquier día en el banquillo de los acusados por ser antifascistas.
Los representantes políticos escogidos por los partidos a los que hemos votado han utilizado en demasiadas ocasiones para sus fines a los funcionarios públicos togados. Desde su cobardía política han puesto como escudo a la Justicia y la han utilizado como arma arrojadiza cuando se veían incapaces de hacer aquello por lo que se les paga, dar soluciones políticas a problemas políticos. Desde su soberbia y pensando solo en acceder o mantener el poder, la clase política no intuyó que la cúpula del estamento judicial se sentiría tan cómoda en su nuevo papel, que asumiría el destino del Reino como algo natural. Pero esta no era Salomón, resultó que el instrumento para solucionar la ineptitud y los cálculos electorales de los del bipartidismo, tenía su propia hoja de ruta. Porque sí, las señoras y señores funcionarios, cuyos salarios pagamos con nuestros impuestos, tienen ideas políticas, éticas y religiosas, lo que es normal, el problema viene cuando estas interfieren en su labor, interpretando la ley a través del filtro de su pensamiento. El funcionariado no es inocuo. Así la ley puede verse forzada y tergiversada para dictar sentencias tintadas de un color que casualmente suele mimetizarse con el pantone del ala derecha del Congreso de los Diputados.
La judicatura forma parte de la élite y no tan solo del funcionariado, de la élite del estado y de la sociedad, se sabe élite y sabe que sus veredictos tienen consecuencias más allá de lo particular y que pueden marcar a personas, colectivos, pueblos y naciones. Y eso es mucho poder. Deshacer el daño que puede ocasionar una sentencia es imposible en la mayoría de los casos, la huella que deja es una marca de por vida, la prevaricación provoca sufrimiento, erosiona la democracia y abona la impunidad. Y nadie juzga al juez.
En los últimos años hemos visto como las sentencias injustas se han ido sucediendo exponencialmente con total impunidad. La misma injusticia que desde la transición solo afectaba a algunas personas bajo el epígrafe terrorismo, anarquismo o antisistema. Esto parecía no molestar a los demócratas de izquierdas que solo depositaban su voto en una urna cada cuatro años o salían a la calle cuando lo pedían los sindicatos amarillos, porque todo eso no solo les quedaba lejos, si no que creían que se merecían ese trato porque el relato oficial se imponía. Y la situación de indefensión se fue extendiendo y lo que afectaba solo a unos pocos, luego fue a más y a más. Después vino la ley mordaza con su fiesta de la multa. Y las detenciones arbitrarias y las condenas surrealistas salpicaron a muchas de esas personas que durante años habían cumplido con su obligación de votar a la “izquierda” y manifestarse bajo alguna sigla bendecida por sus partidos.
Ahora la semilla del miedo crece y nos cuestionamos el hacer o decir cosas que hace un tiempo dábamos por sentado que formaban parte de nuestros derechos democráticos y constitucionales y que por lo tanto no deberían tener ninguna consecuencia ni policial, ni judicial. La pérdida de la inocencia nos ha llevado a la autocensura y al acatamiento en la mayoría de las ocasiones de una norma que nos castra como ciudadanía. Y cuando el fascismo crece a marchas forzadas y la vara de medir de la justicia no es la misma para todos, nos encontramos cautivos y desarmados, otra vez. Solo hay que ir a la hemeroteca y ver cuantas agresiones fascistas, algunas hasta con resultado de muerte, no han llegado a recibir condenas ajustadas a los delitos cometidos, si es que han recibido condena alguna. Cuantas veces la justicia ha pervertido el delito de odio a su antojo y para sus fines. Cuantas veces antifascistas bajo diferentes banderas o sin ninguna, defendiendo derechos como el trabajo, la vivienda, la salud, las pensiones, la educación, el feminismo, la libertad de expresión y los derechos humanos han sido víctimas de las fuerzas policiales, de fiscales y jueces aprovechando su posición de poder sobre la vulnerabilidad de una ciudadanía cuya palabra parece no tener ningún valor. Y si grave es la palabra última de un juez que nos puede quitar la libertad, no lo es menos que algunos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tengan un sui generis sentido de lo que es el servicio público; basado en una ideología ultra de patria folklore, que han constatado que encaja perfectamente en nuestro tensado arco democrático, convirtiéndolos en violadores de los derechos humanos sin consecuencia alguna. Y grave es también que la figura del fiscal acabe siendo más beligerante en algunos casos que la de las acusaciones particulares de grupúsculos varios, más propios de los tiempos del nacionalcatolicismo.
Las grandes sentencias y escritos de la judicatura que afectan a cuestiones de estado, pero también a personas cuyos derechos han sido menoscabados, se han convertido en páginas y páginas de argumentario político y no de argumentos jurídicos. Terrible realidad. A través de sus palabras este estamento se permite marcar agendas políticas, cuando por otro lado no admite ni una triste crítica a su labor, que entienden como coacción a sus excelsas personas. Lo vivido judicialmente en los últimos años, por supuesto no solo en Catalunya, ha sido un escándalo clamoroso. El olor a naftalina de algunas togas nos recuerdan al franquismo más chusco, devolviendo los nombres de los fascistas españoles a nuestras calles o retirando los nombres de los demócratas republicanos. Perpetuando monumentos monstruosos como el de Sa Feixina, en Mallorca, bajo el argumento de que las piedras no tienen ideología, pero claro, las piedras no aparecen de la nada, las colocan personas con ideas políticas, en este caso con ideas genocidas. Una justicia que admite a trámite denuncias de grupos fascistas o integristas religiosos sobre cuestiones que se han votado en instituciones públicas, como ayuntamientos o parlamentos autonómicos, en cumplimiento de la ley vigente, para convertirla en papel mojado fallando a favor de los reaccionarios denunciantes. Recordemos como se inició VOX en esto de la política antes de llegar a las instituciones, como acusación particular de todo lo que oliera a rojo y fuera mediático. Y como colofón el informe del Pleno del Consejo General del Poder Judicial sobre el anteproyecto de la ley de Memoria Democrática, que si a nosotros nos parecía corto, a este organismo le parece que se pasa de frenada, dando amparo al franquismo, sus fundaciones y sus comunidades religiosas, en un derrape democrático que nos aboca a la cuneta del tiempo.
Toda esta deriva, de un estado donde la división de poderes se difuminó por intereses ilegítimos, alegales e incluso ilegales, ha provocado que cualquiera se sienta autorizado a menospreciar a las víctimas del fascismo y a quienes las reivindican desde sus ideas compartidas. Insultar, golpear y censurar con chulería y desvergüenza, siempre que se cojee de la una, grande y libre, sale gratis. Mientras tanto las personas que reclamamos los derechos de las víctimas del franquismo y la transición, las antifascistas, las defensoras de los derechos humanos de todos aquellas personas que los ven vulnerados, nos vemos atadas y bien atadas, porque nuestra presunción de culpabilidad nos acompaña.
miércoles, 14 de abril de 2021
¿CONMEMORAR O CELEBRAR REPÚBLICAS?
Las que tuvimos la suerte de vivir el llamado Procés desde su ilusionante ascenso a la montaña de la ruptura democrática hasta la cima de octubre de 2017. Las que soñamos con la valentía de la clase política y del pueblo para construir la república catalana. Las que con ese clamor quisimos asentar los cimientos para que las repúblicas de la entelequia España erupcionaran y arrasaran con su lava un estado sin derecho, que el franquismo ligó a la corona que nos legó. Las que contemplamos el descenso en forma de intervención de nuestras instituciones, de la ocupación de la Generalitat, de prisión, exilio, juicios, imputaciones, de palos y multas, de humillación y de genuflexión. Las que salimos al hervidero de unas calles tomadas por la transversalidad solidaria sin ser más del 50 por ciento, para volver siendo más del 50 por ciento a nuestras casas a confinarnos más allá del imperativo coronavirus, desmotivados, con la justicia vengándose incluso con quienes se han negado a si mismos. Las que hemos vivido todos estos años hemos visto que la represión funciona, divide, nos empequeñece, nos resigna y nos individualiza volviéndonos conservadores y egoístas. Hemos contemplado que aquí la democracia es solo un papel que lo aguanta todo y que solo es efectiva en su monopolio de la violencia cuando tiene que reprimir a los que quieren devolverle su significado.
Y por qué en el aniversario de la República empiezo hablando del Procés, pues como ejemplo de que debe ser el pueblo el que elija a sus representantes para sus revoluciones, pero también el que no debe dejar la batuta a quienes tras desobedecer se vuelvan obedientes acatando el imperativo del estado, porque ese es el final del camino para cualquier reivindicación prohibida por el sistema. Porque la República tiene un precio y debemos preguntarnos si estamos dispuestos a pagarlo.
Un día de abril de hace 90 años se proclamó la II República y también la República Catalana. La gente que salió a la calle de manera espontánea y pacífica a celebrar que el rey cogió su maleta con destino a su exilio fascista, estuvo a la altura del reto que significaba el nuevo período de conquistas sociales. Esa misma gente supo dar la cara cuando los conspiradores armados se levantaron contra la voluntad popular poniendo todo, hasta sus vidas, al servicio de la defensa de la legalidad republicana. Damos por supuesto desde nuestros sillones que era lo que tocaba en aquel momento, pero hemos de preguntarnos que hubiéramos hecho de haber estado allí, si nos hubiera tocado comprometernos, defendernos y poner en riesgo lo que más amamos. Siento ser negativa pero creo que la guerra hubiera acabado antes de empezar. Y no me vale el argumento de que en aquel entonces poco tenían que perder como si ahora no hubiera un proletariado explotado, aunque sin conciencia de clase, cada día más precarizado y excluido. Y no me vale el argumento del aburguesamiento tampoco, porque la pequeña burguesía progresista peleó por la República y pagó un precio por ello. Delante de mi pantalla tengo que confesar, que hoy por hoy, tiempo de mordazas represivas, yo sola no daría un paso hacia una república efectiva, tampoco con un entusiasta grupo reducido, ni tan siquiera con una masa que no fuera sacrificada, incansable, perseverante, incombustible, solidaria y monolítica en la batalla contra el Régimen del 78. Es muy triste ver adalides de causas nobles desaparecer tras los muros de las prisiones; ver invisibilizadas acciones, reivindicaciones y batallas por tantas conquistas que tenemos por delante por falta de altavoces; señaladas y criminalizadas tantas luchas justas y dignas por unos medios de comunicación infectos y serviles; estigmatizadas ideologías como en tiempos que jamás nos abandonaron, mientras el fascismo crece porque ha sido bendecido por el sistema como una opción más del arco democrático con el que nos disparan sus flechas envenenadas de la banalización del mal.
Ahora solo una pequeña minoría sigue estando al pie del cañón de causas que construyen democracia asumiendo todas las consecuencias ante un estado vengativo que amordaza y sanciona. Sigo siendo defensora de la idea de que la mecha del cambio la prende un grupo reducido, pero también de que si no hay un grupo mayor que custodie el recorrido de la llama hasta la detonación de las barreras impuestas a nuestros derechos, lo único que nos queda es la sensación de revolución sofocada como contenedor apagado. Fuegos artificiales hemos tenido en los últimos tiempos pero una vez se acaba el espectáculo de luz y color volvemos a nuestros móviles, nuestras pantallas planas y a las series que nos dicen como va a ser nuestro futuro. No nos flagelamos de más porque nos decimos que por lo menos tenemos conciencia de lo que va mal e incluso una idea formada de lo que se debería hacer, eso sí, para pelearnos de nuevo con los que compartimos más de lo que nos separa. Y así vamos pasando los días hasta la derrota final, si no ponemos remedio.
La máxima cuanto peor mejor como espoleta para la regeneración democrática en el estado español es contraproducente, porque cuando llega lo malo lo hace para quedarse, gobierne quien gobierne. Y más triste es que cuando gobierna lo que ahora llaman izquierda, según los depreciados baremos actuales, su indecencia hace que nuestra frustración alcance cotas estratosféricas. El PSOE ha sido un submarino del Régimen torpedeando la línea de flotación de la izquierda. No hay partido más defensor de la transición y de su constitución, de su ejército, su corona y su Iglesia, y nunca viven mejor estas subvencionadas instituciones que cuando gobierna el PSOE. Pervertidas sus históricas siglas no se sabe qué fue primero, si el nuevo PSOE o la transición, en cualquier caso, sus orígenes están contaminados de olvido indecente, mentira, injusticia y venta al mejor postor. Son la coartada de la transición y ésta su coartada en el crimen imperfecto de nuestra democracia, y el organigrama actual coronado por el jefe de los ejércitos es en esencia la justificación de su existencia, de ahí su defensa sin cuartel de la monarquía. Y se aferran a ese período para ellos glorioso, el del continuismo del franquismo en los estamentos del estado, torturadores y asesinos incluidos, premiados y condecorados. Y escupen a la cara de los socialistas fundadores de un partido centenario.
Cuando los que han quedado etiquetados como 15M acusaban y denunciaban al partido socialista del bipartidismo, éste, ladino le respondía que se presentara a las elecciones para llegar a las instituciones, se lo decía como el escorpión a la rana. Eso los sacó de las plazas y los llevó a los ministerios y a cambio de firmar unos acuerdos que no se han respetado, el PSOE ha convertido en extrema izquierda a los socialdemócratas para poder seguir llamándose ellos izquierda. Lo que es incomprensible es que haya gente de izquierda que siga incluyendo al PSOE en su club y llamen extrema derecha a partidos de centro derecha que están más a la izquierda que el actual PSOE. Así los que en un inicio no querían banderas republicanas en sus mítines y luego las abrazaron como signo identitario, se han visto formando parte de la corte de la transición, que protege a la monarquía como principio de la supervivencia de su statu quo. Víctimas de la trampa del más vale algo que nada, puestos en la picota, le dan una pátina de progresía a un PSOE que ni es de izquierdas, ni republicano, ni progresista en lo social y que por supuesto no está por la verdad, la justicia y la reparación más allá de ir a poner flores bicolores a expresidentes de la República.
Quizá me está quedando un texto bastante deprimente para un abril de conmemoración pero la verdad es que lo que veo desde mi ventana es auge del fascismo, represión del estado, injusticia, pobreza invisibilizada, cortesanos y vasallos, ejército franquista, Iglesia inquisidora y ladrona, masas adormecidas, autocensura, miedo, medios de propaganda neoliberal y franquistas, capitalismo despiadado, buitres de todo tipo y muchas más tristezas que no alcanzo con la vista. Alguien diría que este panorama es el mejor para el advenimiento de una república que nos salve de tanta miseria, pero para eso tendríamos que tener el valor de deshacernos de las mordazas y de pagar el precio que conlleva tan loable objetivo.
Para que no me tachen de derrotista decir que es cierto que no hay manifestación que apreciemos en la que no ondee una bandera tricolor, devolviendo a la vida sus colores más allá de estudios académicos, históricos o políticos. Retomando un significado que siempre han querido enterrar tan profundo como a los que las enarbolaron un 14 de abril de 1931 y permanecen en las cunetas de esta gran fosa llamada Reino de España. Hoy en día la república burguesa de 1931 sería considerada tan revolucionaria como lo fue para los que conspiraron contra ella, porque sus asesinos son los que todavía rigen nuestros destinos. A este paso la pregunta es si estamos dispuestos a romper con el Régimen o si nos veremos celebrando centenarios en la clandestinidad.
Por todas las repúblicas sembradas que esperan germinar en una primavera de derechos y libertades.
martes, 23 de febrero de 2021
REFLEXIONES DE UNA "ROJA DE MIERDA".
Estos días de manifestaciones en las calles de Catalunya por la libertad de Pablo Hasél estalló la rabia, que con tanto esmero han sembrado quienes roban el futuro a una juventud que no tiene nada que perder. Unas manifestaciones que van mucho más allá de la defensa del rapero, algo tan evidente que por eso deben tapar con el manto de miopía de los medios, enseñando cadáveres de contenedores como si fuera un genocidio de plástico por el que rasgarnos las vestiduras de demócratas. Una lista de caídos por su basura, la legislada, aprobada y por sus promesas de derogación, que se pasan por la trituradora del sistema. Indecentes titulares de violencia, aplicada a objetos mientras las personas objeto de ésta siguen siendo invisibilizadas y criminalizadas como siempre. La mordaza sigue ahogando sus voces.
Ese despertar de gritos en las calles en medio de una pandemia vírica y de fascismo era lo que pretendía Hasél cuando decidió ir a prisión como preso político de firme militancia. Solo espero que como otros despertares que hemos vivido no sean flor de un día. Espero por él que su sacrificio y la campaña de desprestigio que está viviendo, en el todo se vale de la mediocre prensa vasalla del Reino de España, no se traduzca en el fundido a negro en el que se convierte la vida de quien entra en la cárcel. Laberinto de instituciones penitenciarias donde impera la ley del silencio sobre lo que allí acontece. La campaña de acoso y derribo llega a todo lo que huele a antifascismo y estos días también Alfon se ha tenido que defender de las sucias acusaciones publicadas en la portada de ABC de delitos que no ha cometido. Difamar en titulares es gratis, tan solo y con suerte la persona vilipendiada obtendrá una rectificación en un lugar recóndito del diario, que no leerá nadie.
Y en esas calles donde se vacían ojos con balas de foam, se abren cabezas, se utiliza la porra con rabia al gravísimo grito de rojos de mierda en perfecto castellano por parte de la policía del estado español afincada en Catalunya, sigue ardiendo la hoguera de la indignación de los que no pueden estudiar, ni trabajar, ni emanciparse, ni ser sujeto activo y determinante en el juego amañado de la plena democracia española de Sánchez. Un espejismo que el PSOE de Suresnes, ese que renegó del marxismo y disfrazado de izquierda se comió sus siglas para regurgitarlas cubiertas de liberalismo y desvergüenza, de cloacas negras y pestilentes con contador de muertos, de corrupción, de mentira y vulneración de derechos humanos. Un espejismo que sus socios de gobierno, los que venían de corear en manifestaciones lo de PSOE y PP la misma mierda es, querían asaltar cielos, romper candados forjados en dictadura, los republicanos que van a los actos reales, lo hacen bueno mientras son apuñalados por la espalda. Esa es la democracia plena de quienes incumplen sus promesas electorales, sus pactos de gobierno y lo que haga falta con la mirada puesta en el poder absoluto como en los añorados tiempos de González. Ese consejero de lo privado que vestido de pana nos vendió el humo de la socialdemocracia española, gaseados de amnesia histórica para hacernos olvidar de donde veníamos y borrar las huellas que debíamos seguir para crecer como sociedad democrática. De aquellos humos esta densa niebla imantada que no hay quien atraviese ni con la brújula de la verdad, la justicia y la reparación.
Después de unas elecciones catalanas en que los votos independentistas suman más del 50 por ciento irrumpe en el escenario un nuevo actor al que nadie ha votado, un peligro democrático que demuestra que a los que no han ganado no les hace falta hacerlo en las urnas porque son poder fáctico que se impone como estado policial. Esa es la madurez democrática de este país donde los políticos presidenciables salen a la palestra a lavar la cara a unas fuerzas policiales desmandadas, apoyando actitudes chantajistas totalmente inadmisibles como la amenaza de ingobernabilidad de un cuerpo policial, el señalamiento de fuerzas políticas antifascistas, golpeando a sus cargos electos. Lo hacen en rueda de prensa y acorralando a manifestantes en una orgía de golpes, en una lluvia de patadas, puñetazos e insultos que nunca brindan a quienes hacen apología del fascismo, a la ultraderecha o a los negacionistas de alto standing. Y luego viene la fiscalía y lo afina y la magistratura gira la llave. Y así se cierra el ciclo en el que los antifascistas acaban acusados, multados, encarcelados y los fascistas salen satisfechos de los juzgados brazo en alto. Y la Generalitat de Catalunya forma parte del juego de esa democracia plena, llena de grietas por las que nos perdemos en su laberinto de injusticia y represión. Lo hace siendo parte de la acusación que hunde la vida de inocentes que se manifestaron por la emancipación de esta histórica institución. Cobardía oculta tras el acatamiento por imperativo legal como excusa para salvar su honor.
Y es denigrante que más allá de tristes representaciones como ausentarse o no aplaudir en ciertos actos en fechas que conmemoran sus victorias, nuestras derrotas, orquestados por quienes taparon el estrangulamiento del atado y bien atado con tramposo lazo de pseudodemocracia monárquica constitucional, nada cambie en este estado sino para empeorar. Hemos pasado de la doctrina del shock a la del electroshock o como le dicen ahora terapia electroconvulsiva para que no convulsione la actual situación insostenible de crisis total y explote. Nos la aplican a modo de lobotomía para someternos a la estática de su falta de estética, picana democrática.
Estos días se vuelve a hablar en los foros de las concienciadas del síndrome de Sherwood como algo novedoso, tácticas ya conocidas, solo hay que ir a la hemeroteca para ver que ya está casi todo inventado. Que se lo expliquen a quienes en el 78 no se resignaban a Pactos de Moncloa y constituciones monárquicas españolas y se revelaban manifestándose en las Ramblas y aledaños, algunos tiroteados y muertos. Para eso sirven los medios, para descontextualizar la realidad bajo nuevos viejos epígrafes como terrorismo callejero y violencia extrema que tanto venden, hasta TV3 en una crónica a pie de calle tilda a los manifestantes de jóvenes hostiles. Gravedad de máxima urgencia sin UCI que la atienda.
Mientras la noticia eran contenedores ardiendo y escaparates de lujo quebrados, en la que el presidente de comerciantes de una calle de lujo bautizó con toda su desvergüenza como noche de los cristales rotos, en una banalización hiriente del nazismo. Mientras el Mayor de los mossos con síndrome de Estocolmo sentado en la furgoneta del Dragón 1, que no sabemos cuan Rapide es, supervisaba una Brigada Móvil que pudo provocar una masacre. Mientras el Conseller d’interior en prime time soltaba que las personas que se manifestaban en un 90 por ciento no sabían porque lo hacían. Mientras tanto seguimos en el efecto túnel sin vislumbrar el final, que no puede ser otro que la ruptura democrática que nos libre del yugo y de las flechas envenenadas de un estado que solo sabe imponerse por la fuerza.
Y hasta aquí las reflexiones de una antifascista a la que los mossos le podrían haber gritado el pasado sábado roja de mierda, el mismo grito que se oía en dictadura, distinto uniforme mismo lenguaje, sin que salten todas las alarmas. Tan roja como lo fueron quienes los que con su sudor y sus lágrimas me hicieron librepensadora y tan libre como se puede ser en este estado de asfixiante cinismo, en este nuestro reino de detrito.
viernes, 12 de febrero de 2021
INDEFENSIÓN ELECTORAL
Durante el estado de alarma del 2020 tuvimos la deprimente imagen de militares informando a los súbdit@s del Reino de España con terminología cuartelaria sobre el coronavirus como si fuéramos sus huestes televisivas. Que si guerra, que si batalla, que si éramos soldados, que si todos los días son lunes. Pero claro, en este estado heredero del Lazarillo de Tormes, resultó que la valiente cúpula del ejército fue la primera en vacunarse, saltándose el orden y el lema del todo por la patria, todo, pero la vida otro día. Y los días pasan y llegan las elecciones en Catalunya y ya es sabido que los designios de esta por ahora autonomía, nada autónoma, los rigen magistrados, que también nos dan lecciones desde sus tribunales en un asalto continuo a la democracia y a nuestra salud. Estado militar, estado policial, estado judicial con olor a tiempos que no pasan. Estado torcido y tergiversado por un patriotismo vacuo que venden como humo, orgullo de bandera que esconde los intereses de los que calculadora en mano deciden nuestro futuro. Hacedores de sumisos y bien alimentados pescadores con carné que nos lanzan sus anzuelos y que pescan en unos ríos revueltos de confusión. Creadores de golems que sientan en nuestros parlamentos.
Llega la llamada a las urnas en plena crisis pandémica y el Govern decide con buen criterio retrasarlas, otra cosa es que falle en como hacerlo, pero eso también es el pan de cada día, y otra vez deciden las togas. Así nos encontramos a unos días de los comicios en los que se les llenará la boca de democracia, incluso más a quienes menos la respetan, porque se sirven de ella como de un pañuelo de papel donde sonarse sus franquistas mocos. Aquí, que en los últimos cuatro años, por no ir más lejos, hemos asistido a situaciones que Kafka no hubiera imaginado, al esperpento que hubiera sorprendido a Valle Inclán, a la depredadora miseria política que Maquiavelo hubiera convertido en una versión ibérica de su Príncipe, aquí Rey. Y es que aquí ya estamos tristemente acostumbrad@s a la imposición por imperativo legal dejándonos cautiv@s y desarmad@s y humillad@s.
Y como no me falta moral, como a mucha gente a la que aun se le revuelve el estómago con el espectáculo nauseabundo en que se ha convertido la decadente democracia española, voto, pero lo hago por correo. Será por aquello de que llevo en el ADN lo que lucharon otras y otros para que se pueda votar. En esta convocatoria electoral en que el desánimo y el cansancio es evidente voto a pesar de que mi opción en el más que improbable escenario de victoria contundente sería inhabilitada por legislativo y judicial. Y es que aquí la raíz del problema sigue siendo la misma desde 1939. Justamente por eso, como militante antifascista, tengo que hacer frente desde todos los frentes al fascismo, que habita en los partidos que hacen de la Constitución su sayo. Hay que hacerlo para evitar que escupan su veneno a costa de nuestros bolsillos en un Parlament, que ya fue clausurado por sus abuelos, y no queda otra que depositar nuestro granito de arena en la urna para construir el muro que por fin no los deje pasar. Lo que no se puede hacer es blanquear el fascismo, aplaudir al PP porque en un debate critica a VOX por sus propios intereses electorales, ni justificar que las fuerzas policiales peguen a destajo al antifascismo que protesta por la presencia de la ultraderecha en sus calles porque también tiene derecho a expresarse. Ser tolerante con el intolerante es el declive de los derechos humanos.
Y esto pasa mientras Pablo Hasél puede ingresar en prisión por cantar verdades como puños, la Junta Electoral prohíbe una manifestación a su favor y permite una de Jusapol aplicando el ordeno y mando, convirtiendo el período electoral en una especie de estado de sitio donde este ente hace y deshace a su absoluto antojo. Una Junta que tutela elecciones, quita presidentes, cercena derechos fundamentales, en fin, ley por encima de la ley. Tristes pandemias.
El coronavirus ha venido a ser la prueba del nueve de la ineficiencia de un estado fallido convertido en una opereta burda de uniformes, coronas y personajes de segunda. Así nos encontraremos el día 14 a personas de comprobado riesgo como soldados mandados al frente para defender la democracia, armados de mascarilla y epi para la hora de la contienda electoral en que contagiados, a los que no se les puede vulnerar su derecho constitucional a votar, irán a conculcar el derecho a la vida de sus conciudadan@s. Parece ser que el derecho a seguir respirando sin respirador no está por encima de cualquier constitución y máxime de una nacida de la tutela de una dictadura, que subyace bajo la piel de toro, ruedo de represión y vulneración de derechos y libertades.
A mi me ha tocado ser segunda suplente en una Mesa y tras hacer las alegaciones oportunas para no estar de cuerpo presente en la “fiesta de la democracia”, que dice el Govern que va a traer una triste resaca vírica de 14.000 infectados, lotería nacional, me ha tocado la negativa. Aquí un inciso para explicar que cuando vas a entregar la alegación no pasa por registro alguno, con lo que no tienes ningún documento que demuestre que la has presentado, la respuesta del funcionario es que no se estila. El mismo funcionario que se dedica a desanimar al personal para persuadir de no alegar, con bastante éxito por cierto. Y cuando recibes la resolución viene sin la justificación debida y con huecos en blanco que son como neones anunciando defecto de forma. Pero es que la Junta Electoral está por encima de todo y de tod@s.
No he alegado por cobardía, que sería totalmente legítimo, porque que muere gente es evidente, cada día nos dan las cifras de bajas como si esto fuera la guerra de Vietnam. Pero ya nos hemos acostumbrado, no ponemos en valor que detrás de la estadística había vidas que seguramente tenían mucho por recibir y también que dar. Por no haber ya no hay ni arcoiris, ni aplausos de los que nunca he sido fan, quizá porque siendo mujer lo de la palmadita en la espalda como premio me parece muy gratuíto y incluso insultante.
Hay casos de injusticia terrible que han recibido negativas contra las que no cabe recurso más que por vía contencioso administrativa. Personas de alto riesgo y cuidadoras de estas personas que se verán obligadas a convertirse, parafraseando al ex Jemad, en soldados de reemplazo, forzadas a colocarse en la trinchera parapetados tras una mesa y cuya insumisión les supondría someterse a consejo de guerra con riesgo de prisión y multa. Y si enferman o mueren no serán baja de guerra porque ni tan siquiera podrán demostrar que ha sido por jugar, a su pesar, en la ruleta rusa de la democracia española. Ni tan siquiera serán consideradas daños colaterales.
Este 14 de febrero seguramente será una historia de desamor más, pero no por ello dejaremos de luchar por el amor universal que es la justicia social, más allá de las urnas, en cada minuto de nuestra vida, esa que nos gustaría preservar.
jueves, 20 de agosto de 2020
EL REINO DE ESPAÑA AGONIZA
Bajo la piel joven y tersa, con la que se reconoce el Reino de España en el espejo de la Transición, hierve una infección purulenta y no habrá espejito mágico capaz de evitar la visión del brote de sus pústulas de corrupción. No se tratará de una cuestión estética que se arregle con una pomada de prensa servil, porque quien haya tenido una fístula sabrá que duele mucho y que no se cura hasta que se abre, se limpia y se estirpa el tejido afectado y aún así no te salvas del riesgo de que aparezca de nuevo. Las fístulas que hay que sajar en el estado español son muchas y graves, lo triste es que aunque ya llevamos tiempo sufriéndolas el sistema nos dice que todavía no están maduras para ser tratadas quirúrgicamente y mientras tanto la podredumbre va excavando cavernas de aniquilación de derechos que nos comen por dentro.
Todo esto viene a colación de los esfuerzos de quienes colocando paños calientes sobre los abscesos quieren evitar que estos se abran dejando a la vista el viscoso hedor del período, calificado por los que mueven los hilos como el más glorioso de su España, del reinado del Golfo Pérsico. El reinado de todos aquellos que han detentado el poder político y económico durante la etapa más incuestionable de la historia, ese hito que vino de la ley a la ley, esa ley que ha servido para que la justicia la interprete desde el inmovilismo del todo siga igual por imperativo legal. Ese lapsus histórico de prestigio, reputación y estatus que se han dado entre todos ellos en su oasis democrático de la transición, un espejismo en nuestro desierto de impunidad. Paños calientes como el alegato de inocencia del rey emérito firmado por todos aquellos que temen que su posición y su crédito tambaleé con la caída del monarca y la desestabilización de la corona. Cosas que pasan cuando la procesión de la enfermedad va por dentro, la fiebre avisa pero quien toma la temperatura ha trucado el termómetro para evitar que nos demos cuenta de la sepsis mortal que se nos viene encima, diciéndonos que los síntomas que padecemos son cosa de los rigores del verano, porque hay que ver el calor que hace este año.
Y la medicina para estos males no deja de ser un efecto placebo que tras un prospecto lleno de buenas intenciones vende una píldora rojigualda de exaltación de las bondades de la patria con mucho excipiente. Prospectos como la Constitución que nos otorgamos, dicen que entre todos, que garantiza una serie de derechos sobre el papel higiénico del 78 con los que se limpian sus partes los que abandonan a su suerte a los que sufren cada día la discriminación, la injusticia, el abuso y la desigualdad. Hay más de una fórmula magistral y más de una norma escrita, pero la mayoría ni curan, ni mitigan el dolor.
Y llegando a la norma, esa que dice una cosa y se interpreta como otra, para controlar que los volcanes de bacterias no entren en erupción bajo la epidermis del estado, decir que se convierte en una norma perversa cuando la aplauden o aceptan quienes venden un código ético, pero compran la falta de moral que implica acatar la ejecución de ésta. Urge un cordón sanitario de honradez y honestidad. Necesitamos con urgencia grandes dosis de antibiótico elaborado y testado por el íntegro laboratorio de los derechos humanos, ingentes dosis de defensas de las libertades y la vacuna definitiva contra el fascismo para poder salvarnos.
Somos pacientes de un estado que se vanagloria de ser adalid de progreso pero tras esa cortina estampada de folklore democrático agonizan nuestros derechos y libertades. Solo hace falta rascar la superficie para ver como en el balneario español y muy español aumentan las agresiones machistas, a personas LGTBI, a personas racializadas, como crece la represión contra antifascistas, republicanas, independentistas, defensores de derechos humanos, desahuciadas sociales, contra la pobreza. No hay camilla capaz de soportar el peso de un Reino tan enfermo. Solo las repúblicas transparentes basadas en el valor de lo público sin listados de quien vive, quien malvive y quien muere, nos sanarán.
domingo, 9 de agosto de 2020
SANIDAD, MENTIRAS Y CINTAS DE CORONAS
Veo poco la televisión, no es una frase tópica para dármelas de intelectual elitista, es que aunque soy hipotensa tengo miedo de tener una subida de tensión estratosférica y estando la sanidad pública como está hay que cuidarse mucho. Me explico, solo suelo ver los informativos y básicamente de cadenas públicas y desde que salimos del confinamiento, con el verano como periodo vacacional por excelencia en el horizonte, parece que en vez de una emergencia sanitaria tenemos una emergencia de ocio.
Para mi es lamentable, que más allá de la estadística convertida en marcador de evento deportivo entre las distintas comunidades, ocupen más minutos las terrazas que los centros de atención primaria, las reclamaciones de discotecas y otros locales de divertimento de masas nocturnas (parafraseando al obispo de Alcalá) más que los hospitales, los restaurantes y hoteles sin turistas hijos de la Gran Bretaña más que la situación de los profesionales de la sanidad. Y antes de que se me echen a la yugular los de lo primero es comer, les diré que perdonen mi ignorancia, pero quizá para comer antes hay que vivir y que sin salud o mueres o malvives. Y espera, que creo que sin salud tampoco puedes trabajar, eso si tienes la suerte de tener un trabajo aunque sea en un centro de explotación permanente.
Es vergonzoso y una radiografía del Reino de España que en plena pandemia, (porque ya dicen que estamos en la segunda ola de este maremoto llamado coronavirus, y las mareas y mareos que nos quedan) ver la programación estival, como si los problemas que nos asolan se hubieran ido de vacaciones. Es sintomático que en vez de informar a la población con programas divulgativos con profesionales solventes, que nos hagan un retrato realista de cómo está la situación, aunque sea un duro golpe, se nos bombardee con programas de amplio espectro lleno de tertulianos clonados repitiendo lo que han leído por ahí y dándoselas de gurús de la ciencia ponderando en la caja de la manipulación. Y llegados hasta aquí hasta eso podría perdonarse porque al fin y al cabo con certeza poco se sabe del virus, pero lo que es imperdonable es que no se nos informe de la desoladora realidad de la sanidad pública.
Nos venden hasta el hastío fotos de playas masificadas, botellones, plazas de toros hasta la bandera rojigualda, DJ’s con vocación de dragón afónico, los deportes, el sol y el calor tan impropios del estío, como si fuera un verano cualquiera. Y nos tratan como a disminuidos de entendederas y nos infantilizan con una información que no nos respeta y que nos cubre de tiritas porque se ve que no somos capaces de soportar la verdad sobre la crisis sanitaria que padecemos, aunque puede ser que quien no pueda soportarla, o no pueda permitírsela, es quien nos la oculta. Una situación que por otra parte no nos asola desde marzo, ya nos viene restando vida desde hace años. Ahora le ponemos un arcoiris y repetimos como mantra todo va a salir bien cerrando con fuerza los párpados esperando que al abrirlos vivamos en sanilandia.
La sanidad pública lleva lustros enferma y como buena paciente crónica, mujer y de clase trabajadora se ha acostumbrado a sufrir en silencio y a parchear sus carencias para no ser tildada de hipocondríaca menopáusica por el estado machista. Pero ya no puede más y tras complicársele el diagnóstico por las dolencias acumuladas, no atajadas negligentemente a tiempo, agoniza ante la mirada indiferente de quien tiene el tratamiento en sus manos para salvarla. Y todo esto con el cinismo de pregonar su ejemplo de sacrificio, laboriosidad y solvencia con una palmadita en la espalda, pero recompensando y gratificando sobradamente a la sanidad privada, cuyo beneficio también sale de la costilla trabajadora. Una privada que tiene comiendo de su mano y de su pesebre a quienes toman decisiones en las diferentes administraciones en detrimento de nuestros derechos.
No puedo hablar por todas las áreas sanitarias porque sería muy osado por mi parte, pero sí de las que conozco como usuaria y puedo decir que la situación es catastrófica y que no se me acuse de hacer apología del cataclismo y la distopía de la salud. Ya era intolerable esperar entre de una semana a quince días para ser atendido en la atención primaria, más para el servicio de ginecología, un mes para una ecografía o tener que oír que ya habían hecho el cupo trimestral o semestral o anual de ciertas pruebas. Eso mientras te deseaban suerte para ver si te llamaban, casi siempre más tarde que temprano, de algún hospital o centro de salud alejado de tu domicilio, todo esto con los dedos cruzados para que cuando lo hicieran la dolencia hubiera remitido y no te llegara la notificación al camposanto. Esperar meses para una operación de cataratas, años para una prótesis o dejar morir a personas por no asumir el gasto de un medicamento que les hubiera salvado la vida. Y no sigo para no deprimirme porque si ya antes no podíamos aspirar a la gratuidad de las gafas o de todos los servicios de odontología por la falta de deontología de la clase política profesional, ahora no nos dejan ni soñarlo.
A quien no le ha pasado alguna vez ir a la consulta médica y sentirse como psiquiatra ante diván cuando el que tiene que escucharte y prescribirte te explica que está al límite, que no somos conscientes de lo mal que está todo o lo ves tan estresado o tan pasota por desencanto que sales con depresión o compadeciéndolo. Y eso los que tienen cierta antigüedad, si te encuentras con jóvenes con contratos basura de horas y con remuneraciones obscenas te dan ganas de adoptarlos. Aunque también hay veces en las que sales como el protagonista de un día de furia si te encuentras a quien paga su mala calidad laboral contigo, que has llegado con las fuerzas justas hasta su puerta esperando soluciones y empatía.
Breves ejemplos recientes y contrastados. Persona con dolor en hombro durante dos meses a la que hacen radiografía al cabo de un mes y que espera el resultado casi tres semanas, de momento. Paciente con cáncer que debe ser operado y al que le están prolongando la quimioterapia meses a espera de quirófano. Paciente de cáncer con metástasis, que ha superado tratamiento y operaciones, con sintomatología a ser tenida en cuenta le programan prueba a tres meses vista. Y podría seguir hasta aburrirnos y llorar.
Y mientras tanto aquí podemos ir a la tercera guerra mundial por nuestro derecho a tomar una cerveza en la calle sin mascarilla rodeado de más congéneres, pero no estamos dispuestos a mover un dedo por las vidas de quienes queremos, por nuestra dignidad y por nuestro bien más preciado, la salud, por defender la sanidad pública, universal, gratuita y de calidad a la que tenemos derecho. Ni tan siquiera nos planteamos dedicar cinco minutos a poner una queja por el cauce reglamentario no vaya a ser incompatible con el deporte nacional que es levantar los brazos al cielo durante un minuto clamando soluciones y blasfemar por la desgracia de servicio recibido, como si se tratara de una performance con público complaciente, a veces simplemente abochornado con el espectáculo. Como pensar entonces en salir a la calle pancarta en mano, consigna y grito a reivindicar vida.
Quizá esto pase porque hay quien tiene la suerte de tener una salud de hierro y se siente inmortal, o todo lo contrario, porque tiene la desgracia de tener una salud tan deplorable que no tiene fuerzas ni para abrir la boca para protestar o porque hay quien prefiere esconder la cabeza como tránsfuga de la realidad y lamentarse cuando la enfermedad llame a su puerta, la cuestión es, sea por lo que sea, que la sanidad se nos rompe en pedazos. Y habrá que levantar la aguja del disco del hit tenemos una de las mejores sanidades del mundo, que ya se nos ha rayado. Ahora la situación no es esa y lo peor de todo es que me veo en la triste tesitura, en comparación con otras realidades, de dar gracias por tener lo que tenemos, pero sería una necia irresponsable si me conformara con eso. No defender y no luchar por nuestra sanidad pública nos haría cómplices de crimen de lesa humanidad porque como ha dicho recientemente la consejera de sanidad del País Vasco: va a morir gente.
martes, 4 de agosto de 2020
EL VIAJE DEL REY
El rey se ha ido de viaje y se ha levantado una polvareda como si miles de elefantes alarmados huyeran despavoridos. Pero los paquidermos pueden estar tranquilos porque el destino del retiro del monarca parece ser más caribeño y jocoso. Y hasta estos animales de gran memoria saben que llamar a este retiro exilio es mucho llamar.
Y no sé a que viene tanto revuelo si al fin y al cabo el rey poco paraba en casa con su ajetreada vida social subvencionada por lo que nos había ido sisando mientras nos distraía con sus números siempre adornados con los polvos de la mágica transición. Así que en que cambia esto las cosas, si la justicia ante la cual es irresponsable no iba a juzgarlo. Además dicen que dijo que volvería en caso de necesidad judicial, magra garantía la palabrita de campechano. Aunque también dijo que la justicia era igual para todos en una de sus intervenciones navideñas en el club de la comedia nacional.
En que cambia la situación con respecto a la semana pasada si Juan Carlos no renuncia a ser rey emérito, si su hijo sigue alabando la figura de su padre en un comunicado público, si el gobierno cierra filas como guardia pretoriana de la monarquía presentando a Felipe VI como adalid de la transparencia, si la justicia silba mirando al horizonte. Poco importan los tuits con la opinión de los socios de gobierno, esos que dicen ser republicanos, que dicen que no sabían nada de la operación de rescate Bribón, pero que al final acabarán sustentando la monarquía.
Juan Carlos debió ser bautizado como Eufemiano Borbón ya que en la carta a su hijo le escribe que ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada, te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España. Así que tenemos que la corrupción, el robo y el disfrute de lo robado por parte de toda la familia real, vacaciones y lunas de miel, son ciertos acontecimientos de su vida privada que por supuesto no tienen nada que ver con su cargo vitalicio de rey. Ese que le ha dado derecho a meter mano a diestro y siniestro a plena luz del día, impunemente, mientras se reía de nosotros con sus reales primos de Arabia en sus juergas de las mil y una comisiones, mientras sus súbditos, a mi pesar, permanecían a oscuras gracias a la corte de babosas bipartidistas. Y atención al "en estos momentos", tan extraños sin la coletilla del tan señalados, que suena a los envases vacíos de antaño, retornables.
De todas formas el gran eufemismo es llamar exilio a estas vacaciones, que no son más que una operación de maquillaje para salvar a la monarquía y al soldado Felipe. Y que su majestad tenga un retiro dorado en una república, para más cachondeo, haya sido cocinado por la Casa Real y el Gobierno dice muy poco de esta democracia que permite al emérito que disfrute de lo robado poniendo en vez de solución al problema, tierra y mar entre el rey de primera y el de segunda división jugando al despiste. Solo espero que la ciudadanía con criterio sepa que se le está ayudando para que no nos rinda cuentas o lo que os lo mismo que se le está dando auxilio para eludir una improbable acción de la justicia y eso creo que debe andar tipificado en algún código. Esta es la ejemplaridad y la transparencia que nos quieren vender viajando a gran velocidad por el tobogán hacia la cloaca perfecta que es este Reino de mierda.
Lo único que podría consolar al respetable público de este entremés es que la obra que siga a este preludio de humor negro lleve por título Repúblicas y que sea de tal calidad, que nos haga levantar de nuestros asientos con entusiasmo para trabajar con ahínco por lo público y salvarnos de tanta miseria moral y material.




